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Marco A. Llinás Vargas

A desenredar la confusión

Marco A. Llinás Vargas
POR:
Marco A. Llinás Vargas
agosto 04 de 2014
2014-08-04 11:44 p.m.
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Hace unos días le decía a una periodista de este mismo diario que los medios eran, en parte, responsables de la confusión que existía en el país sobre el tema de política industrial. Estos siguen asociando el tema con una política para la industria manufacturera y, generalmente, lo traen a colación en relación al declive que ha tenido el sector manufacturero como proporción del PIB. Más aún, asocian al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT) como el único responsable de esta política, poniendo al Ministro del ramo a salir en numerosas oportunidades a responder por la “política industrial” del país, cuando nada puede estar más alejado de la realidad.

Ahora bien, esta confusión es, en parte, entendible. El nombre no ayuda. Mientras en inglés el concepto de industria tiene una connotación mucho más amplia, abarcando cualquier sector de la economía, en español, éste se asocia generalmente con el sector manufacturero.

A este nombre desafortunado se le suma la multiplicidad de nombres alternativos que en el contexto nacional e internacional se le viene dando a este tipo de políticas. Política Industrial Moderna, Políticas de Desarrollo Productivo, Política Industrial para Economías Abiertas, y Estrategias de Especialización Inteligente, son solo algunos de ellos. A esta prolijidad de nombres se ha aunado el Consejo Privado de Competitividad, quien la ha venido denominando Política de Cambio Estructural.

Sin embargo, no podemos seguir descontextualizados de las discusiones internacionales en la materia. Mientras en Colombia permanecemos enredados en estos temas conceptuales –que no son exclusivamente semánticos–, la literatura de desarrollo económico y numerosos organismos multilaterales hacen grandes avances tanto desde el punto de vista teórico, como desde la recopilación de aprendizajes y mejores prácticas para la implementación de este tipo de políticas. Para la muestra están los recientes trabajos que sobre el tema han lanzado –o están por lanzar– organismos tales como la UNCTAD y la OIT (http://unctad.org/en/Pages/MeetingDetails.aspx?meetingid=578), el Banco Mundial y la OECD (http://www.oecd.org/sti/inno/making-innovation-policy-work.htm), el BID (http://www.amazon.com/Rethinking-Productive-Development-Institutions-Transformation/dp/1137405597) e incluso el Fondo Monetario Internacional (http://www.imf.org/external/np/pp/eng/2014/030514.pdf).

Si bien puede haber diferencias en los rótulos, la discusión internacional converge en torno a que estas políticas apuntan a la diversificación y sofisticación de los aparatos productivos, como mecanismo para alcanzar altos crecimientos de largo plazo. En este sentido, una Política Industrial Moderna no es exclusiva al sector manufacturero y podría abarcar cualquier sector de la economía, incluyendo el sector de servicios y el agropecuario.

Por tanto, no es una política cuya responsabilidad recae sobre los hombros del MinCIT –y no es con un Ministerio de Industria que se resuelve el tema en Colombia–, sino que es una política de Gobierno (ojalá de Estado), que necesita de un liderazgo y coordinación al más alto nivel presidencial para poder articular los diferentes ministerios y agencias públicas que permitan la solución de distorsiones y cuellos de botella que limitan el proceso de diversificación y sofisticación.

Para comenzar a desenredar tal confusión, un comité dentro del Sistema Nacional de Competitividad e Innovación, compuesto por técnicos de diferentes ministerios y agencias públicas, al igual que por representantes del sector privado, hemos venido trabajando en unos primeros lineamientos de lo que sería una “Política de Desarrollo Productivo basada en la Innovación” que se incluiría en las Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, en línea con el estado del arte de la discusión a nivel internacional.

Sin embargo, desenredar la discusión no sólo dependerá de la labor de este comité. Es clave que el resto de actores de la sociedad –incluyendo los medios–tengan una mayor claridad sobre el tema y se eleve así el nivel de la discusión en el país.

Marco A. Llinás V.
Vicepresidente Consejo Privado de Competitividad

 


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