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Marco A. Llinás Vargas

Lin y la agenda vertical

Marco A. Llinás Vargas
POR:
Marco A. Llinás Vargas
mayo 23 de 2012
2012-05-23 12:50 a.m.
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Justin Lin, economista Jefe del Banco Mundial, vino hace un par de semanas a Colombia para hablar sobre su marco conceptual para el desarrollo económico, denominado ‘Nueva Economía Estructural’, que no es otra cosa que el fundamento técnico que soporta la agenda vertical (o política industrial moderna) que se viene profundizando dentro de la agenda de competitividad del país.

Como lo argumenta Lin, la economía del desarrollo tuvo durante la segunda mitad del siglo XX dos grandes corrientes. La primera -denominada Enfoque Estructuralista, que comienza alrededor de 1950 y va hasta comienzos de los 80- enfatizaba la existencia de fallas de mercado y la necesidad de que el Gobierno las abordara. De esta corriente surge el famoso -y hoy satanizado- modelo de sustitución de importaciones, que culminó en esfuerzos sectoriales fallidos, corrupción y capturas de rentas por parte de privados.

La segunda corriente -conocida como Consenso de Washington, que comienza a principios de los 80 y tiene como epicentro la existencia de fallas del gobierno- termina acuñando una receta general para todos los países, que consistía en la liberalización del comercio, la desregulación de los mercados y la privatización de empresas estatales.

Esta corriente languidece hacia finales de siglo a medida que la famosa receta termina generando menores niveles de crecimiento que su predecesora.

Entre estas dos grandes corrientes surge un grupo de países -entre los que se destacan los famosos Tigres Asiáticos, China y Vietnam- que no utiliza ninguna de las dos recetas, sino lo que Lin denomina “un enfoque dual”, y que termina mostrando tasas de crecimiento asombrosas.

Este enfoque implica la utilización del mercado como principal mecanismo para la asignación de recursos, al tiempo que existe un gobierno proactivo facilitando el rol del sector privado vía la resolución de fallas de mercado.

De buscar entender el milagro de este último grupo de países surge el marco conceptual que -para diferenciarlo de la primera corriente- Lin denomina “Nueva” Economía Estructural.

Esta inédita corriente busca servir de sombrilla para un acervo importante de trabajos en la misma dirección que han venido realizando un grupo de economistas, entre los que se destacan Dani Rodrik y Ricardo Hausmann, de la Universidad de Harvard.

De acuerdo con esta corriente, el crecimiento sostenido se logra en la medida en que los países se sumerjan en un constante proceso de cambio estructural -o de transformación productiva-. Desafortunadamente, esta transformación no se da de manera espontánea, en particular, debido a la existencia de dos tipos de fallas de mercado que justifican la acción del gobierno para paliarlas. En primer lugar, fallas de apropiación que limitan los incentivos para que pioneros se arriesguen a incursionar en nuevos productos e industrias.

En segundo lugar, fallas de coordinación que hacen inviable un determinado sector si otras inversiones (por ejemplo, la existencia de sectores complementarios, de capital humano pertinente y de infraestructura específica) no se hacen de manera simultánea.

Colombia ya viene trabajando en esta dirección en el marco de su agenda de competitividad. Esfuerzos como el Programa de Transformación Productiva del Ministerio de Comercio, el establecimiento de Innpulsa en Bancóldex, el trabajo sobre apuestas productivas a nivel departamental que se está dando en ciudades como Medellín y Barranquilla, entre otros, son todos elementos en línea con la Nueva Economía Estructural de Lin. Ahora, el reto que tiene el país es profundizar su implementación.

Marco A. Llinás

Vicepresidente Consejo Privado de Competitividad

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