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María Carolina Lorduy
Análisis

Mejor refundemos el campo

Resulta absurdo que sigamos haciendo lo mismo para obtener un resultado distinto.

María Carolina Lorduy
POR:
María Carolina Lorduy
julio 24 de 2018
2018-07-24 08:53 p.m.
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La carta revelada la semana pasada en la que le proponen a alias ‘Guacho’ refundar las Farc, sumada al anuncio hecho por algunos integrantes de esa agrupación –antes subversiva y hoy incorporada a la vida ‘democrática’– de no ocupar su curul en el Congreso, –paradójicamente, por aquello de que sus 10 curules se las regalamos los colombianos–, han puesto de nuevo en jaque la implementación del tortuoso proceso y manoseado acuerdo de paz.

No es para menos, así la famosa carta no sea más que la ‘aspiración’ bolivariana de otro contaminado por la megalomanía de todo el que quiere fundar algo, y así lo de Santrich y Márquez sea solo una pataleta –otra– de quienes, encima de todo, ahora quieren que se les trate como ciudadanos privilegiados (¡tremenda concha, señores, por favor!); todas estas cositas, selladas con la arrogancia con que personas cercanas al gobierno de Duque han dejado claro que “ahora la cosa es a otro precio”, terminan generando cierta sensación de que como vamos, vamos mal.

Reiteradamente he dicho que creo que el presidente Duque ha entendido que el mandato de muchos de los que votamos por él no es el de ponerle torpedos al proceso de paz, sino más bien unas buenas muletas, mientras aprende a caminar sola. Sus mensajes, y hasta su expresión facial y corporal muestran a un hombre conciliador, ecuánime, centrado y concentrado en sus tareas. No le ayudan, sin embargo, los pendencieros de siempre, aquellos a los que les gusta la confrontación, la pelea, la revancha. A ellos, un mensaje: jamás, oigan bien, jamás sus hijos les agradecerán el que su ‘valentía’ y ‘osadía’ les haya servido para dejarles por herencia un campo minado, literal o figuradamente. Pero, de pronto, sí les reconocerían haber tenido la humildad de bajar la guardia, guardar los rifles y dedicarse a construir un país un poquito mejor.

A ellos les propongo, que en vez de permitir que unos desquiciados se dediquen a “refundar las Farc”, y en lugar de aplaudir que los señores de las Farc no vayan a ocupar sus curules –¡que las ocupen, que se la jueguen en el arco de la oposición!–, se ocupen de repensar cómo darle a la población rural, la que más ha llevado del bulto en esta guerra, sus merecidas ‘curules’ en el ágora nacional.

Repensar, porque resulta absurdo que sigamos haciendo lo mismo para obtener un resultado distinto. La política agrícola y sus instrumentos de fomento –salvo el fatídico experimento del Agro Ingreso Seguro–, no ha tenido ninguna modificación, avance o reformulación sustancial en los últimos años. Eso, a pesar del comprobado fracaso de lo que hoy existe. Queremos convertirnos, por arte de magia, en grandes exportadores de productos del campo, como México, Perú y Chile, pero haciendo lo mismo que, probadamente, no ha funcionado. Queremos ser como estos países, pero sin hacer los cambios, y sí, también sacrificios –alguna rentas aquí, otros subsidios ineficientes allá- que ellos han hecho–. Tal vez refundando el campo, le quitemos las ganas –y la posibilidad– a ‘ Gentil Duarte’, de encontrar terreno fértil para su macabro proyecto.

Por ejemplo, nadie se ha ocupado del mayor problema del campo actualmente: el relevo generacional que debería estar ocurriendo, y que no se ha dado porque los más jóvenes no quieren quedarse en el campo, les parece un trabajo empírico que los denigra, los deja ignorantes y confinados en la pobreza. Y los mayores no quieren, ni pueden, irse y tampoco pueden o quieren, con toda razón– aprender de nuevo para insertarse en la modernidad, esa que no es más que competir o morir. Los jóvenes del campo aman el campo, pero no se quieren quedar ahí, no quieren seguir siendo los parias de la sociedad, desean lo mismo que los jóvenes de la ciudad. Entonces, si el campo es nuestra despensa, nuestra mayor fuente de riqueza y sus provisiones un componente fundamental hasta de la soberanía nacional, ¿por qué no buscamos la forma de que esos jóvenes accedan a lo mismo? No regalándoselo, pero si dándoles las mismas oportunidades que tienen los de la ciudad, empezando por la del acceso a su dignidad. Y la dignidad empieza a forjarse y a crecer cuando un joven descubre que es capaz de estudiar, de aprender y aplicar lo aprendido y, con ello, tener un ingreso decente.

A la Ministra de Educación entrante –y a su colega de Agricultura– se les tiene la primera y más importante tarea, la sine qua non: incorporar de manera inmediata en el pénsum de las escuelas rurales cátedras de agronomía, manejo de recursos naturales, zootecnia y fundamentos de administración de empresas rurales y mercadotecnia. Por ahí empieza todo. Y sigue, claro, un sinfín de reformas que hay que introducir de manera urgente.

Con John Colmenares –agricultor con quien tuve el privilegio de cruzarme en la vida, magnífica combinación de alma campesina y visión empresarial– entregamos esta semana al equipo de empalme del gobierno un documento con ideas materializables, para ver si nuestra generación, o al menos la de nuestros hijos, alcanza a ver el nuevo campo; ese que proponemos refundar.

Coletilla: a propósito de refundar, cada vez que abro un buscador en internet, de inmediato me salta una cookie en la que un supuesto (o real, no sé) ‘exagente de la CIA’ anuncia una debacle económica en Colombia, seguida del “fin de Colombia”, para luego ofrecer, en exclusiva, y en oferta, “solo por hoy”, el secreto para salvarse del apocalipsis. ¿Ninguna autoridad va a hacer algo al respecto? O, ¿es que el mensaje solo me sale a mí?

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