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María Sol Navia V.
columnista

Demandas del mundo actual

A nivel regional y nacional se están aprovechando de las ventajas de la tecnología, la información y las comunicaciones para hacer trampa.

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
enero 10 de 2017
2017-01-10 07:55 p.m.
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El mundo al que nos enfrentamos en este nuevo año es totalmente diferente, no porque haya cambiado de forma abrupta al pasar el calendario, sino porque hemos vivido unos procesos de transformación agudos, algunos acelerados y otros en ciclos sucesivos, que nos colocan ante escenarios nuevos y frecuentemente volátiles, y sobre los cuales no todos los actores de primer orden tienen una comprensión integral.

Quizá las mayores variaciones que hemos vivido están relacionadas con la tecnología y las comunicaciones, las cuales trajeron repercusiones profundas en la forma de hacer las cosas, las estructuras empresariales, los procesos de producción y las condiciones tradicionales de trabajo. Las comunicaciones cambiaron para siempre la forma de interrelacionarnos: la rapidez, cantidad y profundidad de la información que se mueve a través de diversos canales ha facilitado la internacionalización de la economía y el comercio, la deslocalización de las empresas con sus consecuencias en las condiciones laborales y la competitividad empresarial.

Pero también han tenido grandes implicaciones en el mundo político y gubernamental, en la consecución y el ejercicio del poder, en la volatilidad de este y en el acceso a los órganos de decisión.

Por otra parte, gracias a los progresos en educación –tanto en cobertura como calidad en los países en general–, a pesar de persistir graves deficiencias en ese campo en muchas regiones, existe una mayor movilidad social, se ha incrementado la clase media, se ha reducido la pobreza y se han generado nuevos grupos de participación y de poder.

Con la transparencia y accesibilidad en las comunicaciones, la información fluye en minutos o segundos de un lugar a otro del mundo con efectos inesperados, algunas veces positivos, pero también en ocasiones negativos, dado que toda esta información no siempre es veraz o exacta.

El mundo no es el mismo y por tanto las demandas profesionales tampoco lo son. Los requisitos laborales, los perfiles técnicos, las competencias requeridas para el desempeño de los cargos públicos y para el desarrollo empresarial se han ajustado y seguirán haciéndolo de forma progresiva. De la misma manera, las exigencias éticas son mucho mayores: en la responsabilidad en el manejo de la información y de los contenidos, en el ejercicio profesional y los comportamientos en el mundo empresarial y en el político, en la educación y la formación de estudiantes y trabajadores integrales.

Desafortunadamente lo que estamos viendo a nivel regional y nacional es el aprovechamiento de las ventajas de la tecnología, la información y las comunicaciones para la trampa, la apropiación ilícita de los recursos públicos y de las empresas, el deseo desmedido de enriquecimiento y no fruto del trabajo duro y constante, el incremento del fraude, la mentira y el engaño, tanto en el manejo del Estado como en las campañas políticas y las prácticas empresariales.

Ejemplos sobran, y todos los días los organismos de control y la Justicia nos presentan un nuevo caso, pero parece que estas denuncias no intimidaran, bien sea porque la Justicia esta desprestigiada y por tanto no es temida, bien sea porque los beneficios inmensos justifican tomar el riesgo, pero sobre todo porque tenemos una grave falencia de principios.

¿Cómo vamos a salir de esta encrucijada? ¿No sería conveniente que junto con una profundización en las áreas técnicas y científicas se exigiera formación humanística? ¿No estaremos pecando cuando buscamos solo la productividad y competitividad y olvidamos la esencia del ser humano? Este debería ser tema de reflexión para quienes orientan la educación.

María Sol Navia V.
Exministra de Trabajo

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