1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Mauricio Cabrera Galvis
columnista

Sin coalición no hay paraíso

Una razón para hacer la alianza desde ahora es que es muy difícil construirla en los pocos días que quedan entre la primera y la segunda vuelta.

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
enero 15 de 2018
2018-01-15 08:18 p.m.
http://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7861ade3cd.png

¿Por qué es necesario que la multitud de candidatos presidenciales traten de conformar coaliciones para ir unidos a la primera vuelta y no esperar a la segunda, cuando, forzosamente, todos tendrán que decidirse por uno de los dos finalistas? Aunque, en un país tan polarizado entre progresistas y conservadores, entre el ‘Sí’ y el ‘No’, debería ser posible esperar a que en la primera vuelta se eligiera un candidato de cada lado y, por simple inercia, se conformaran coaliciones en torno a esos dos, hay poderosas razones para dudar de esa posibilidad y justificar la necesidad de hacer las coaliciones desde ahora.

Ante todo, si se mantienen las divisiones es posible llegar a un escenario en el que, a pesar de la polarización del país, no haya en la segunda vuelta un candidato progresista y uno de la derecha, sino que los dos finalistas sean del mismo bando. Segunda, que ninguno de los candidatos tiene garantizado que solo pueda pasar a la segunda vuelta.
Es cierto que dos de ellos tienen más probabilidad de lograrlo –Fajardo, por estar de primero en las encuestas, y Vargas, por la maquinaria que ha construido–, y por eso son los más reacios a buscar coaliciones. Todos los demás son conscientes que por separado no tienen los votos suficientes para pasar al balotaje, pero no han logrado ponerse de acuerdo.

En el flanco derecho, Martha Lucía y Duque quieren la unión –Ordóñez no cuenta–, pero cada uno quiere ser la cabeza y que el otro acepte la Vicepresidencia. Además, ninguno de los dos tiene el pleno respaldo de sus partidos: a Duque no lo quieren los más radicales del Centro Democrático, y Martha Lucía no se inscribió por el conservatismo. No es fácil la solución, pero al final se unirán, porque el instinto de supervivencia de la derecha es más fuerte que esos obstáculos.

En el campo progresista la situación es más complicada. De la Calle, Clara López y Petro han hecho públicos llamados a una consulta interpartidista en marzo, planteando ambos que en aras de la unión están dispuestos a ceder en sus pretensiones de ser el candidato. A nombre de los verdes, Mockus también ha propuesto la coalición. Sin embargo, hasta hoy la negativa de Fajardo no ha permitido que se llegue a un acuerdo.

La otra razón para hacer la coalición desde ahora es que es muy difícil construirla en los pocos días que quedan entre la primera y la segunda vuelta. Mockus reconoció su equivocación: “En el 2010 cometimos el error de no haber hecho o no haber preparado las alianzas para la segunda vuelta”. No solo por la evidente limitación de tiempo, sino porque es difícil sanar las inevitables heridas que quedan de una campaña en la que se están peleando los votos de una misma franja.

La experiencia de Chile debe servir de lección a los progresistas. Allá en la primera vuelta, los candidatos de centro izquierda obtuvieron el 56 por ciento de los votos, pero no fueron capaces de unirse y en la segunda vuelta solo sacaron el 45 por ciento, de manera que su división permitió el triunfo de la derecha.

No podemos arriesgarnos a que por no hacer la coalición progresista nos pase lo mismo en Colombia, y entonces se frene el proceso de paz y se aplacen los cambios económicos y sociales que necesita el país.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado