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Mauricio Reina
Columnista

El espejismo de las horas extras

Los cálculos del Minhacienda sugieren adelantar el pago del recargo por horas extras, se traduciría en el despido de 70 mil trabajadores.

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
mayo 11 de 2017
2017-05-11 10:04 p.m.
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La persistencia es una virtud, salvo cuando se trata de persistir en un error. Ese había sido el caso del gobierno, que en cabeza de su anterior Ministra del Trabajo había insistido en promover la ampliación del recargo a la remuneración del trabajo nocturno desde las 8 de la noche, y no desde las 10 de la noche como sucede hoy. La idea había sido lanzada por el presidente Santos en plena campaña para su reelección, en aquellos tiempos aciagos cuando el acoso de las encuestas nubló el buen juicio y gestó despropósitos como este.

Ahora que el proyecto está en su recta final en el Congreso, y que Clara López ha salido del clóset como precandidata presidencial para el 2018, el Gobierno ha recuperado la cordura y está dando marcha atrás en su empeño. El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, ha anunciado que el gobierno ya no respalda más la iniciativa y ha hecho un llamado para que se archive. Aunque algunos observadores se limitan a criticar la evidente inconsistencia de la administración Santos, que primero respaldó el proyecto y ahora lo critica, lo importante es destacar que está tratando de enmendar su error y apoyar su llamado a que se archive.

Digo que es un error, porque las cosas no siempre son lo que parecen. En apariencia, no hay nada más justo y razonable que aumentar la remuneración al trabajo en un país como Colombia, donde persiste una de las distribuciones del ingreso más desiguales del planeta. La propuesta suena tan bien, que, de hecho, ha servido de zanahoria para incautos en dos campañas políticas: la reelección de Santos y la incubadora de la precandidatura de Clara López.

Pero detrás de los pajaritos en el aire se esconde una realidad económica inapelable: para que un aumento de la remuneración al trabajo traiga beneficios efectivos se requiere que esté respaldado por incrementos en la productividad laboral. De lo contrario, estos aumentos taquilleros terminan teniendo efectos contraproducentes, en la medida en que elevan el precio relativo del trabajo frente al capital y llevan a los empresarios a reducir sus nóminas para controlar sus costos.

Si, además, una iniciativa como esta se da en medio de una desaceleración económica como la que estamos viviendo, el impacto negativo sobre el empleo es aún mayor. En este caso concreto, los cálculos del Ministerio de Hacienda sugieren que la propuesta de adelantar desde las 10 p.m. hasta las 8 p.m. el pago del recargo por horas extra, se traduciría en el despido de por lo menos 70 mil trabajadores.

Lamentablemente, así son estos tiempos de populismos reverdecidos: los que proponen ampliar el pago de las horas extras reciben aplausos de la tribuna y cultivan votos, mientras que los que advierten sobre sus efectos nocivos para el empleo son calificados de neoliberales insensibles. Ojalá alguno de estos últimos logre atajar este proyecto antes de que se convierta en ley, y evite así la destrucción de más de 70 mil empleos.

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