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Mauricio Reina

Qué hay detrás del 4,3 por ciento

El crecimiento colombiano precisa varios ajustes. Por un lado, el sector agropecuario requiere un re

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
marzo 25 de 2011
2011-03-25 01:13 a.m.
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El que la economía colombiana haya crecido 4,3 por ciento el año pasado debe producir satisfacción. La cifra supera ligeramente lo que había proyectado la mayoría de los analistas y constituye una buena recuperación tras el magro crecimiento de 1,5 por ciento del 2009. Sin embargo, hay elementos que generan preocupación. El primero es que nos estamos quedando atrás de algunos vecinos. El crecimiento promedio de América Latina rondó el 6 por ciento el año pasado, gracias a que Perú, Brasil y Argentina crecieron más de 7 por ciento, mientras que Chile y México también superaron a Colombia con un dinamismo de más de 5 por ciento. El segundo elemento que preocupa es el comportamiento sectorial. El año pasado el sector más dinámico de la economía fue la minería, que creció 11 por ciento, consolidando así una tendencia de más de un lustro. Aunque es satisfactorio que la locomotora minera goce de buena salud, la amenaza de una enfermedad holandesa está más vigente que nunca. Y es que si bien la industria creció 4,9 por ciento, en esa cifra hay un rebote estadístico generado por la contracción de 4 por ciento que el sector había tenido en el 2009. Entre tanto, preocupa que la locomotora de la construcción aún no despegue, tras registrar un crecimiento de sólo 1,9 por ciento el año pasado. Las preocupaciones sobre la enfermedad holandesa se profundizan al analizar los aportes del sector externo al crecimiento. De acuerdo con las cifras reveladas ayer, las exportaciones colombianas crecieron apenas 2,2 por ciento en el 2010, mientras las importaciones aumentaron 14,7 por ciento. Eso quiere decir que la economía mundial no nos proporcionó crecimiento, sino que nos lo quitó, lo que contrasta con lo que está sucediendo con otros países suramericanos. De hecho, las últimas cifras comparables muestran que las exportaciones de Perú, Chile, México y Brasil están creciendo cinco veces más rápido que las colombianas (léase bien… ¡cinco veces!). El rezago de las exportaciones colombianas no sólo tiene que ver con las presiones revaluacionistas generadas por el auge minero. Los vecinos están montados en la ola de los buenos precios agrícolas internacionales, mientras nosotros la dejamos pasar. Así lo muestra el patético desempeño de nuestro sector agropecuario, que tuvo un crecimiento de cero el año pasado. Como no faltará el que argumente que todo fue culpa del invierno, hay que recordar que la producción agropecuaria lleva mucho tiempo creciendo menos que el resto de la economía. Eso prueba que el modelo de desarrollo agropecuario ha fracasado a pesar de las buenas circunstancias que lo rodean. Aunque en los últimos años el presupuesto público para el sector se ha multiplicado por cinco y la demanda mundial está disparada, el estancamiento es total. Esto demuestra que el crecimiento colombiano precisa varios ajustes. Por un lado, el sector agropecuario requiere un revolcón que lo aleje del proteccionismo y lo acerque a las fuerzas del mercado internacional. Por otro lado, el pulimiento de los rieles de las locomotoras de la construcción y la infraestructura está tardando más de la cuenta. Finalmente, todos hacemos barra para que el Congreso termine de pasar en este semestre los proyectos de ley de la regla fiscal, la sostenibilidad fiscal y la reforma a las regalías, que ayudarían a conjurar la enfermedad holandesa que nos sube pierna arriba.

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