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Miguel Gómez Martínez
columnista

Desindustrialización prematura

A pesar del potencial agrícola y minero, hemos sido incapaces de generar las condiciones de productividad que nos permitan ser competitivos.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
julio 17 de 2018
2018-07-17 08:51 p.m.
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El modelo lineal de Colin Clark y Jean Fourastié supone que las economías, en su proceso de desarrollo, evolucionan de contar con un sector primario (agricultura y minería) predominante a una fase en la que la industria (sector secundario) es el principal proveedor de empleo y generador de valor agregado. La última etapa es aquella en la que el ramo de servicios es el que más empleo e ingreso contribuye. El desarrollo corresponde, además, a fases donde, a medida que se produce esta evolución, las naciones menos desarrolladas van asumiendo la función de proveedores de bienes primarios e industriales que ya no son producidos por economías avanzadas que están focalizadas en servicios, cada vez, de mayor valor agregado.

Pero este modelo tradicional hoy merece un análisis diferente. Si utilizamos la metodología de Colin Clark, Colombia sería un país desarrollado. Su sector de servicios es, de lejos, el más importante de la economía. Con las cifras del PIB publicadas por el Dane al primer trimestre del 2018, el sector primario (agropecuario más minería) representa el 12 por ciento de la producción. El sector secundario (manufactura, construcción más energía y agua) equivalen al 22 por ciento del producto total, y el sector terciario (actividades de servicios) son el 58 por ciento. El saldo equivalente al 8 por ciento está constituido por los impuestos y subsidios.

La agricultura y la industria sumadas solo representan una tercera parte de la producción nacional. El peso de estos dos sectores ha venido erosionándose hace años, sin que hagamos nada por detener esa tendencia. Luego de la crisis financiera internacional del 2008, varios países afectados por el sacudón abrieron debates interesantes sobre el efecto que había tenido en su economía la producción de intangibles. Ingleses y estadounidenses se dieron cuenta de lo vulnerables que eran sus economías, dependientes de los servicios.

La idea de que producir bienes es importante para la estabilidad macroeconómica se hizo muy popular. Se lanzaron campañas para estimular el consumo de productos nacionales y se tomaron medidas para reactivar los sectores productivos que estaban desapareciendo debido a la competencia de China. El discurso de Trump va en esta línea de recuperar espacio para la producción local de bienes, llegando, incluso, a la adopción de medidas proteccionistas en ciertos sectores y corriendo el riesgo de iniciar una guerra comercial.

El importante economista de la Universidad de Harvard, Dani Rodrik, acuñó el término ‘desindustrialización prematura’ para referirse al caso de países como Colombia que, sin haber llegado a un nivel avanzado de desarrollo, han visto desaparecer muchas de sus industrias. En nuestro caso, la ausencia de un sistema tributario competitivo, la mala infraestructura, los problemas de calidad de la mano de obra y el deficiente proceso de adopción de nuevas tecnologías explican, en gran medida, la decadencia de los sectores primarios y secundarios de la economía. A pesar del potencial agrícola y minero, de nuestra envidiable posición geográfica y de tantos otros atributos favorables, hemos sido incapaces de generar las condiciones de productividad que nos permitan ser competitivos a nivel internacional.

Coletilla: muy buenos nombramientos del gabinete de Iván Duque. Esto empieza bien, con un equipo de gente seria, técnica y honesta.

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