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Análisis

Agua para la Colombia del futuro

La conservación de los ecosistemas de alta montaña y la gestión adecuada de los conflictos son algunos de los retos que debe afrontar el país.

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julio 26 de 2018
2018-07-26 08:38 p.m.
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El páramo de Sumapaz, el más grande del mundo, queda a solo un par de horas de Bogotá. Allí en la zona de amortiguación del Parque Nacional Natural que protege este ecosistema, habita una comunidad campesina organizada alrededor de la conservación de su territorio y del agua que abastece la región central del país. En el Sumapaz es posible ver la interacción entre la gente y la naturaleza y la necesidad de esa relación para el bien de ambos.

La regulación del 70 por ciento del agua del país depende de los ecosistemas de los páramos (IAvH2015), su protección requiere de políticas públicas participativas que satisfagan las necesidades de las personas, a la vez que asegura la conservación de las fuentes hídricas.

Este año, el Segundo Reporte Voluntario de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que presentará Colombia ante las Naciones Unidas se enfoca en el desarrollo de sociedades sostenibles y resilientes, y gira en torno a 5 de los 17 ODS. Uno de los ejes conductores del reporte es el ODS 6: asegurar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y saneamiento para todos.

Sobre ello, el reporte señala avances importantes, como, por ejemplo, que el país logró entre el 2009 y el 2017 coberturas de agua y alcantarillado del 92,4 y 88,2 por ciento, respectivamente, con lo cual 6,9 millones de colombianos accedieron a agua potable y 7,5 millones al servicio de saneamiento, sin duda ,un gran logro.

Sin embargo, como bien se menciona en el reporte, el reto sigue siendo lograr no solo incrementar la productividad de cada metro cúbico de agua utilizada, sino reducir las brechas de acceso en zonas urbanas y rurales. Si bien los temas de cobertura son fundamentales, lo son también los relacionados con la conservación de los ecosistemas estratégicos como el páramo de Sumapaz, de los cuales depende la provisión y la regulación hídrica, o sea ‘el agua antes del tubo’.

La conservación de los ecosistemas de alta montaña que protegen el agua y la gestión adecuada de los conflictos socioambientales son algunos de los retos que debe afrontar el país para alcanzar a las metas propuestas en la Agenda 2030. Y no son desafíos pequeños, por ejemplo, el 58 por ciento de las unidades de producción agropecuarias (UPA) que tienen cultivos no cuentan con ningún sistema de riego, de acuerdo con el Censo Nacional Agropecuario (CNA). Esto las hace altamente dependientes del agua que toman directamente de los ecosistemas y también de las condiciones climáticas. Cerca de 500 municipios del país –casi el 50 por ciento de los de Colombia– son altamente dependientes de la lluvia para el crecimiento de los cultivos.

Al contrastar estos datos del CNA con los resultados de la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático, encontramos que en 151 municipios del país donde las UPA no tienen sistemas de riego y dependen principalmente de la lluvia para sus actividades agrícolas, se esperan reducciones de la precipitación de hasta el 64 por ciento en las próximas décadas. Mensaje que refuerzan el 56 por ciento de los entrevistados de la encuesta de percepción sobre cambio climático, quienes dicen que sus dificultades tienen que ver principalmente con la escasez del agua en sus territorios.

Para no dejar a nadie atrás, como lo proponen los principios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se requiere de soluciones innovadoras que implican no solo que los beneficios del desarrollo abarquen a los menos favorecidos, sino que las soluciones se construyan con ellos. Las últimas semanas hemos sido testigos de la discusión que se dio en el Senado sobre la ley de páramos y las diversas posiciones que desató entre ambientalistas y no ambientalistas.

Sea cual sea la legislación o la política que se desarrolle para su gestión, es fundamental que la misma promueva mecanismos de trabajo conjunto con la gente, tanto en la definición de sus planes de manejo y ordenamiento, como en su implementación.

Aplicar este tipo de enfoques en los páramos de Colombia, donde confluyen un sin número de estrategias de conservación y gestión territorial, como las áreas protegidas, resguardos indígenas, zonas de reserva campesina, reservas de la sociedad civil, entre otros, sería un excelente ejemplo sobre cómo mover hacia adelante la agenda de los ODS, de forma integral; avanzaría el país no solo en sus metas relacionadas con la gestión del agua (ODS6), sino con aquellas que tienen que ver con los ecosistemas terrestres, el cambio climático y el fortalecimiento de las instituciones.

La construcción conjunta de las soluciones para lograr un país sostenible es el primer paso para prevenir los conflictos socioambientales, que dieron origen a muchas de las formas de violencia que tenemos ahora; reconocer el valor de las buenas prácticas tradicionales, y tender puentes de trabajo con la institucionalidad ayuda a cerrar las brechas y a avanzar en un modelo de conservación más amplio e incluyente, que complementaría la tarea titánica que tienen las áreas protegidas del país: conservar la biodiversidad para la Colombia del futuro.

Jimena Puyana
Coordinador del área de Ambiente y desarrollo sostenible del PNUD.

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