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Análisis

Inmigración en Colombia: pongámosle atención

La situación que está enfrentando Venezuela puede causar que la inmigración hacia Colombia aumente.

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mayo 08 de 2017
2017-05-04 10:43 p.m.
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La inmigración es un tema que ha ocupado titulares de prensa recientemente, ya sea por el aumento en el número de emigrantes sirios a Europa, o por la mención en contra de esta en las campañas de Trump, Le Pen y brexit. En Colombia, ninguna campaña reciente ha tenido como tema principal la inmigración, pero este es un asunto relevante para analizar, sobre todo porque es bueno resaltar sus beneficios.

Para empezar, los datos dan una idea para entender por qué en la política colombiana la inmigración no ha sido un tema relevante: mientras que los inmigrantes representaron 14,5 por ciento de la población en Estados Unidos en el 2015, en Colombia la cifra fue menor a 0,3 por ciento. De hecho, este número no ha cambiado mucho desde 1990.
Interesantemente, la composición de los inmigrantes sigue siendo muy parecida desde hace 27 años: aproximadamente 35 por ciento son venezolanos, un poco menos de 15 por ciento estadounidenses, 10 por ciento ecuatorianos, seguidos por españoles y peruanos. Es de resaltar que en países que se consideran cerrados como Japón, y naciones con conflictos peores que los sufridos en Colombia, como Sudán, la inmigración tiene un peso mayor: 1,6 y 2,6 por ciento (Naciones Unidas 2015 y Banco Mundial 2017).

Un econometrista me haría caer en cuenta que la baja inmigración en Colombia puede ser causa y consecuencia del poco interés que este tema despierta: si no es un asunto relevante en una campaña presidencial, entonces tampoco lo va a ser en el plan de gobierno del presidente de turno, y, por lo tanto, no se van a generar políticas para incentivar o desincentivar la inmigración. Cierto, pero precisamente por el poco interés que la inmigración despierta en Colombia es que se debe analizar.

La inmigración genera costos, innegablemente: desplaza trabajadores nacionales del mercado laboral y a usuarios del sistema de seguridad social, entre otros. Pero también tiene beneficios directos e indirectos. Entre los primeros están el hecho de que un inmigrante legal va a pagar impuestos y, por ende, va a contribuir al sistema de seguridad social. De hecho, si el inmigrante es joven y calificado, su contribución neta puede ser muy positiva. Adicionalmente, un inmigrante puede contribuir a aumentar la población económicamente activa. En Colombia esto no es una preocupación todavía, pero en la medida en que la expectativa de vida de los colombianos siga aumentando, de la mano de una disminución de la tasa de natalidad, esto puede volverse un tema de preocupación como lo es en Alemania, Japón, y hasta en China. En Estados Unidos esto no es una preocupación, en gran parte, debido a la inmigración.

Indirectamente, la inmigración genera grandes beneficios: una sociedad en la que hay mayor inmigración puede ser una sociedad más abierta a cambios sociales y más preparada para cambios económicos. No en vano, los fundadores de Apple tuvieron padres inmigrantes (el padre de Steve Jobs era de Siria y el de Steve Wozniak, de Polonia-), y Sergey Brin, uno de los fundadores de Google, nació en Unión Soviética.
Adicionalmente, según datos de Naciones Unidas, en el 2015 la participación de la inmigración en los países desarrollados fue mayor que en los no desarrollados (16,5 por ciento vs. 10,5 por ciento), y en los naciones menos desarrolladas este porcentaje es menor: 2,1 por ciento (Naciones Unidas 2015 y Banco Mundial 2017). Una vez más, el econometrista me criticaría por tratar de concluir una causalidad, pero por lo menos los datos sugieren que la riqueza de un país y qué tantos inmigrantes tiene van de la mano.

Una razón adicional por la cual la inmigración puede ser beneficiosa es que puede ayudar a disminuir la desigualdad mundial. Usando datos del Banco Mundial, Colombia es el país más desigual de América Latina, con un coeficiente Gini de 0,535 (El coeficiente Gini es un indicador que va de 0 a 1. A mayor valor, mayor la desigualdad). Si consideráramos al mundo como una única economía, donde cada habitante tiene un ingreso igual al PIB per cápita de su país de residencia, tendríamos una economía con un coeficiente Gini de 0,625. Es decir, el mundo es una economía más desigual que el país más desigual del hemisferio. Si nos interesa la desigualdad en una economía, la desigualdad entre países debería tener un foco de atención mayor y la inmigración puede ser una forma de afrontar este problema.

La situación que está enfrentando Venezuela puede causar que la inmigración hacia Colombia aumente. Esto puede generar costos para el país, pero podría ser una fuente de oportunidades aún mayor. Para aprovecharla, debemos empezar por analizar si las políticas migratorias vigentes son suficientes.

David Pérez-Reyna
Profesor asistente, F. de Economía, Universidad de los Andes.

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