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Sobre las encuestas

Pensar que las encuestas realizadas en las principales ciudades pueden explicar al país político, es cada vez más complejo, por no decir, absurdo.

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enero 14 de 2018
2018-01-14 04:40 p.m.
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El problema no son las encuestas, y no podemos simplificarlo diciendo que no sirven o que ya no responden como antes. La estadística no ha cambiado, ni la teoría detrás de ella. El problema es que seguimos pensando en utilizar los mismos métodos de siempre para entender realidades nuevas. Nos olvidamos de que la gente y el entorno cambian, y nos empeñamos en tratar de explicarlos siempre de la misma manera.

¿Está usted absolutamente seguro del candidato que va a recibir su voto en las próximas elecciones? ¿Esa seguridad es incluso a prueba de su aspirante? Hay que preguntarlo, porque Mockus ganó la primera vuelta del 2010 con la Ola verde, pero al verlo saltando como adolescente, muchos cambiaron su voto el mismo día en el que se daban esos resultados. Saldrán cadenas y noticias falsas que dirán que su candidato es más malo que el dictador norcoreano –y, en el fondo, quizá lo sea–, incluso, es posible que su aspirante pueda llegar a tener una coalición con la que usted no está de acuerdo, y seguro no es lo mismo votar por Robledo que por Petro.

Simplemente, los sondeos no pueden ser precisos porque no sabemos qué puede pasar mañana, y, por lo tanto, no pueden medirlo. Apenas son un termómetro. Son un medidor de una sociedad cada vez más llena de información -parte de ella basura- en la que la inmediatez es tan importante que pocos se están imaginando lo que van a estar haciendo en marzo próximo, porque lo que vale es el hoy, el año difícil que pasó y las bajas expectativas para el que llega. Es más complejo todavía medir la intención de voto de una sociedad en la que el sufragio es un valor transaccional que puede convertirse en un ‘billetico’ o comida para las familias. Quizá un colombiano cualquiera piense votar por el candidato de opinión del momento, pero frente a las urnas termina pesando más la promesa del líder de la zona, o el bienestar inmediato.

Pensar que las encuestas realizadas en las principales ciudades pueden explicar al país político, es cada vez más complejo, por no decir, absurdo. Las curules heredadas por delitos, así lo demuestran. No es suficiente con que aparezca en las noticias que tal es hijo, tío, primo, hermano de este otro, condenado por una masacre, igual terminará llegando a dormir en el Capitolio, y eso no es culpa de las encuestas. Que Trump haya ganado no es error de los sondeos, que el brexit haya llegado, tampoco es responsabilidad de estos. Es más bien de los medios, por contratarlos para tratar de sacar una chiva; de las encuestadoras, porque no quieren perder el negocio, o de los analistas, porque las inflan como si fueran la verdad revelada del mundo que quieren explicar.

Las encuestas sirven para tomar una foto inesperada. Y en las fotos inesperadas la gente muestra su lado más bonito, pero con la ropa que tiene puesta ese día. Quizá mañana con una camisa de otro color, pueda verse más cachetón, pero eso no importa. Una encuesta es únicamente la foto del hoy, no olvidemos eso.

Juan Diego Becerra
Columnista Portafolio

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