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Las empresas no son ricas, los ricos son los dueños de estas

La reforma tributaria va en la dirección correcta al disminuir la carga impositiva a las empresas.

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septiembre 10 de 2018
2018-09-10 09:00 p.m.
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Una reforma tributaria más a la vuelta de la esquina. ¿Por qué cada gobierno de turno comienza por una nueva reforma, si se supone que la anterior era estructural? Tres razones principalmente. La primera es que una reforma es la que se propone en el Congreso y otra muy distinta la que puede salir de allí. En efecto, lo que termina aprobado por el Congreso disminuye el recaudo potencial, en parte por el lobby de industrias que no quieren verse afectadas por la nueva reforma.

Segundo, porque el gasto o el ingreso del gobierno aumenta o disminuye, respectivamente, y se hace necesario cubrir el nuevo déficit. Esto pasó, por ejemplo, cuando los ingresos disminuyeron drásticamente por la caída inesperada de los precios del petróleo. Y tercero, distintos gobiernos pueden tener diferentes puntos de vista sobre qué debe gravarse y qué no. Las reformas en la década del 2000 incrementaron los impuestos a las empresas, mientras las últimas han tratado de desmontarlos. El propósito de esta columna es concentrarse en este último debate.

Comienzo con la explicación de aquella frase que uso para el título de este texto: las empresas no son ricas, los ricos son los dueños de estas. Las compañías son agentes del mercado que adquieren insumos como la mano de obra y el capital y los transforman en bienes o servicios que venden a otros agentes del mercado. Claro, existen organizaciones con mayor patrimonio (capital), así como hay unas con más empleados que otras, pero esto no es riqueza. Después de vender sus bienes y servicios, las empresas generan utilidades que pueden ser reinvertidas o ser distribuidas a sus dueños. Si son reinvertidas, estas aumentarán el patrimonio que luego será usado para aumentar la producción. Y si son distribuidas, aumentarán la riqueza de los dueños de la compañía. Así que los ricos en realidad son los dueños de las firmas.

Afirmar que las empresas son ricas y usarlo como argumento para gravarlas es un gran error. Veamos. Los impuestos a las empresas pueden ser a los insumos, a la producción o a las utilidades. Cuando se grava el patrimonio o la mano de obra se están aumentando sus costos de operación, incluso si este no genera utilidades. Y esto puede conllevar a una menor inversión, a contratar menos trabajadores o a ocuparlos informalmente; así que todos pierden. Si se grava la producción, conocido como IVA, la compañía le trasladará estos costos a los compradores, ricos y pobres, y sería el más regresivo de los impuestos.

Por último, el impuesto a la renta, el cual grava sus utilidades, es el menos dañino de todos, pero afecta a todos los dueños de una empresa por igual. Me explico. Puede haber dueños menos ricos que otros, pero todos se gravarían por igual. En aras de la redistribución, se deberían gravar a tasas más altas aquellos dueños más ricos. Esto se lograría reemplazando el impuesto a la renta de las empresas por tasas más altas de impuesto a la renta de las personas más ricas.

Además, los impuestos a las compañías no conllevan necesariamente a una mejor distribución de la riqueza, estos tributos también pueden afectar de manera importante la inversión en una nación a través de la competencia que existe entre países por dicha inversión. Cuando una firma debe decidir en qué país ubicarse, una variable importante para tener en cuenta es la tasa de tributación a la que estarán sujetos. Es por esto que la reducción de los impuestos a las compañías ha sido una receta exitosa de crecimiento de algunos Estados, como Irlanda, mientras hemos visto cómo varias organizaciones han decidido salir de Colombia en los últimos años.

Pero si los tributos a las empresas son tan ineficientes, ¿por qué no desmontarlos totalmente? La razón por la que todos los países les cobran alguna tasa a las empresas es que su evasión es más difícil. Así que es un recaudo mucho más fácil de realizar que el impuesto a la renta de las personas. El mundo ideal sería aquel donde las compañías no tuvieran carga impositiva y toda la redistribución se lograra con impuestos a las personas naturales. Pero en nuestro mundo de lobby, paraísos fiscales y evasión, los gravámenes a las empresas son rentas más seguras para el gobierno de turno. Creo que esta reforma tributaria va en la dirección correcta al disminuir la carga impositiva a las empresas, la pregunta relevante ahora es ¿cómo sustituir esas rentas?

Andrés Zambrano
​Profesor Asociado, Facultad de Economía, Universidad de los Andes.

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