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Análisis

¿Podrá el acuerdo de paz impulsar la producción de alimentos?

El fin del conflicto con las Farc abre zonas de cultivo que auguran un incremento en la producción de alimentos.

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septiembre 13 de 2017
2017-09-13 08:46 p.m.
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El acuerdo de paz con la guerrilla finaliza cincuenta años de conflicto y abre zonas de cultivo que auguran un incremento en la producción de alimentos. Podrán haber grandes oportunidades para impulsar el desarrollo agrícola. Organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo, se aprestan a apoyar esta iniciativa, puesto que para el 2050, la población mundial se acercará a los nueve mil millones.

Colombia tiene potencial para incrementar la producción de alimentos y convertirse en granero del mundo: 22,1 millones de hectáreas cultivables frente a solo 5,1 cultivadas; recursos hídricos y biodiversidad que figuran entre los mayores del mundo, y una población de 12 millones que vive de la agricultura.

Sin embargo, deberán superarse enormes desafíos: la productividad agrícola del país es pésima; casi 25 por ciento de la población rural vive en situación de extrema pobreza y subsiste de los alimentos que cultiva; abundan los cultivadores sin títulos de propiedad; las carreteras que comunican los centros urbanos con zonas rurales son precarias o inexistentes; los centros de acopio y sistemas de irrigación son escasos, y la presencia del Estado en gran parte del país es mínima. Mientras persistan tales condiciones, no debe sorprender que la inseguridad, la violencia y las luchas políticas, medioambientales y laborales sigan ensombreciendo el acontecer en zonas rurales.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (Ocde, 2011), la investigación agraria es clave para incrementar la producción agrícola y la productividad. Esto explica por qué Brasil es ahora líder mundial en exportación de carne vacuna y avícola, desplazando a productores como Estados Unidos y Australia, y por qué las uvas chilenas y los arándanos peruanos se venden en supermercados estadounidenses y europeos.

La investigación agraria en economías avanzadas comúnmente representa el 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Brasil le asigna al rubro apenas 1 por ciento del PIB, y Colombia, del 2002 al 2012, le adjudicó un exiguo 0,6% (Junguito et al., 2014).

Aparte de café, flores, banano y aceite de palma, pocos productos del agro colombiano fluyen al mercado global. El éxito alcanzado por estos productos se debe a la investigación agrícola, la asistencia a cultivadores, el mejoramiento del suelo, el esfuerzo de protección contra plagas y las gestiones de empresas privadas y entes públicos por implementar nuevos modelos de agro negocios.

El organismo nacional que auspicia la investigación agraria es Corpoica. En los años 80, mediante una investigación genética, logró adaptar plantas de marañón a los suelos del Vichada. Un exfuncionario de Corpoica adquirió tierra en la región, sembró marañón de alta calidad y suministró plantones a cultivadores vecinos. Pero a la hora de cosechar, carecían de mercado; la mayor parte del marañón se perdió.

Una investigación-acción, realizada en el 2016 con cultivadores de marañón en Vichada, dirigida por la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes en conjunto con Corpoica, promete desarrollar lineamientos que impulsen la producción agrícola en regiones alejadas de los centros urbanos. El Modelo de Agro negocios Sostenibles (MAS) busca mejorar las destrezas agrícolas de pequeños cultivadores, promover una visión enfocada en el mercado, capacitarlos para elaborar modelos empresariales que impulsen el valor agregado de los productos y familiarizar a los cultivadores con las cadenas de suministro.

Paralelamente, los consultores del MAS realizaron un breve estudio de mercado.
Animaron a los cultivadores para que asistieran a la feria internacional de alimentos, celebrada en Bogotá, en la cual exhibieron productos de marañón de valor agregado.
Reunieron a transportistas, entes públicos y universidades presentes en Vichada para construir una cadena de suministro local. Además, organizaron una rueda de negocios en Puerto Carreño, a la que asistieron representantes de una importante empresa de alimentos y una cadena de restaurantes; los asistentes visitaron los cultivos y los procesadores artesanales de marañón y constataron su alta calidad. Pronto, estas y otras empresas hicieron llegar sus pedidos. La producción de marañón de Vichada se elevó de 15 toneladas en el 2015 a 25 en el 2017, y el precio de la almendra procesada subió en 40 por ciento.

Incrementar la producción agrícola de pequeños cultivadores supone más que proporcionarles un programa de extensión. Los cultivadores deberán obtener títulos de propiedad, desarrollar una visión orientada hacia el mercado, aprender a desarrollar modelos de negocios e incorporarse a cadenas de suministro.

El acuerdo de paz ha traído al país apoyo internacional para la construcción de infraestructura rural y el Gobierno está adjudicando tierras a pequeños cultivadores. Pero evitar que los beneficiarios de estas medidas fracasen, significa que los programas de extensión agraria deberán entrenar a los cultivadores en la implementación de prácticas agroindustriales y el acceso a cadenas de valor.

Henry Gómez Samper*
Profesor, Facultad de Administración, Universidad de los Andes
*Escrito en colaboración con Bart van Hoof, profesor Asociado, Facultad de Administración, Universidad de los Andes.

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