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Editorial / A aprender la lección

Ante la declaratoria de inexequibilidad del Estado de Emergencia hay que responder con rapidez y pre

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 31 de 2011
2011-03-31 03:52 a.m.

Pocos en el seno del Gobierno –por no decir nadie– esperaban la determinación tomada en la noche del martes por la Corte Constitucional. Como es bien conocido, el alto tribunal declaró inexequible el Decreto 20 de 2011, con base en el cual se expidieron una serie de disposiciones bajo una segunda utilización de la figura del Estado de Emergencia que contempla la Constitución, usado en este caso para atender la tragedia invernal.

Debido a esa determinación, quedaron sin piso una docena de decretos, que se suman a los tres que fueron invalidados por haber sido expedidos en forma extemporánea. Lo sucedido le complica la vida al Ejecutivo, pues lo deja sin una serie de herramientas para responderle a la población, precisamente cuando las lluvias arrecian de nuevo. Y aunque siempre es posible ir al Congreso, como lo demostró la radicación, ayer mismo, de un proyecto de ley de adición presupuestal, es ilusorio pensar que el Capitolio está dispuesto a meterle el diente a un abanico tan amplio –y al mismo tiempo tan polémico– de iniciativas.
No obstante, antes de entrar a evaluar el impacto de lo sucedido, cabe una consideración importante. Sin desconocer que las buenas relaciones entre los poderes públicos han regresado, es indudable que la Corte se encargó de enviarle un mensaje de independencia a la administración. 
Y no sólo eso. También le recordó que tiene que hacer bien su trabajo. Por ejemplo, el que parte de los decretos de la primera tanda hayan naufragado debido a haber sido expedidos fuera del tiempo límite es un error de principiante injustificable. Algo parecido se podría decir de la sustentación de la segunda emergencia, ya que el hecho de que el magistrado que tenía a su cargo la ponencia haya cambiado su concepto, para votar junto con el resto de la sala en pleno, demuestra que los argumentos que le dieron sus colegas fueron contundentes. Todo ello sugiere que el exceso de confianza le jugó una mala pasada al Gobierno.
Hecha esa reflexión, no vale la pena llorar sobre la leche derramada, sino aprender la lección y trabajar con lo que se tiene. De tal manera, hay que rescatar que una de las porciones más importantes de lo realizado continúa a salvo. Dicho de otra manera, nueve decretos expedidos en diciembre que van desde la venta de acciones de Ecopetrol hasta la ampliación del impuesto al patrimonio, pasando por la reasignación de las regalías, siguen vigentes. En tal sentido, y a menos que la Corte disponga lo contrario, las fuentes de recursos siguen siendo las mismas. 
No ocurre lo mismo, lamentablemente, con las inversiones programadas. Tal como están las cosas, la ironía es que hay dinero suficiente, pero no existe la manera de gastarlo. Debido a ello, es fundamental que los congresistas le den luz verde a la adición por 5,7 billones, que llegó acompañada de un mensaje de urgencia. El único inconveniente potencial es que con las elecciones municipales y regionales que están a la vuelta de la esquina, más de un parlamentario caiga en la tentación de pedir partidas específicas o entorpecer la marcha de la iniciativa con el fin de presionar a la Casa de Nariño.
Por otro lado, es lamentable que hayan naufragado iniciativas como las de fusionar a cinco corporaciones autónomas regionales y poner en cintura a las demás. Aunque los escollos jurídicos de lo decretado eran altos a la hora de convencer a la Corte, los políticos son casi infranqueables, pues la mayoría de dichas entidades se han convertido en fortines burocráticos casi inexpugnables. En otros casos, puede ser que con adiciones al proyecto de Ley del Plan de Desarrollo se logre compensar en parte lo sucedido, pero en este es imposible dar la batalla, al menos por ahora.
Mientras el Ejecutivo logra enmendar la plana que acaba de recibir borroneada, es necesario que le preste atención a otro tema. Tal como lo habían advertido diversos observadores, el gran cuello de botella a la hora de atender a los damnificados o prepararse para la nueva temporada tiene que ver con la capacidad de ejecución de las entidades encargadas. En algunos casos, la corrupción ha asomado su cara, pero en la mayoría el problema es de ineficacia y desidia, lo cual plantea interrogantes serios que siguen pendientes de resolución tras el descalabro del martes.

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