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Editorial / El ejemplo de un vecino

La visita de Alan García a Bogotá es la ocasión para recordar que Perú está surgiendo como un caso n

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 23 de 2011
2011-03-23 01:12 a.m.

El encuentro programado para hoy entre los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Perú, Alan García, va más allá de la tradicional cita protocolaria entre mandatarios. De un lado, porque quienes se reúnen son, a la vez, los jefes de Estado de mayor y peor calificación en América Latina con 77 y 27 por ciento de aprobación a su desempeño, respectivamente. Del otro, porque se trata de un par de economías que deben tenerse la una a la otra como referente. Y es que ambas naciones comparten mucho más que una frontera común o el hecho de tener costas en el Pacífico. Así lo demuestra su identidad a la hora de adoptar medidas orientadas a aumentar su inserción internacional, que incluyen la firma de tratados de libre comercio o el interés en los mercados del sudeste asiático. También lo comprueban las posturas de Bogotá y Lima ante hechos como la resolución de las Naciones Unidas que permitió los ataques en Libia. Pero aparte de esos temas, hay un interés genuino en hacer alianzas duraderas y desarrollar vínculos empresariales fructíferos. Eso es lo que ocurre con el propósito de concretar una área de integración profunda que debería traducirse en mayores facilidades para el transito de capitales y mercancías. En efecto, a pesar de las obvias diferencias entre las dos naciones, es mucho lo que puede aprender uno del otro. En particular, Colombia debería mirar a su vecino del sur con el fin de entender las decisiones adoptadas que han hecho posible que el crecimiento sea el más alto de la región en lo que va del siglo. Quien dude esa afirmación no tiene más que remitirse a lo ocurrido el año pasado cuando el aumento en el Producto Interno Bruto del Perú llegó a 8,8 por ciento, mientras que en enero dicha cifra fue superior al 10 por ciento. Esa dinámica ha permitido que el desempleo descienda hasta niveles inferiores al 8 por ciento, mientras que la inflación sigue moderada, apenas por encima del 2 por ciento. Tan notable desempeño ha permitido que una economía que tiene un tamaño que equivale a unas dos terceras partes del de la colombiana les garantice a sus habitantes un nivel de vida cada vez mejor. Debido a ello, las tasas de pobreza han descendido, a pesar de que no es fácil que el auge citado les llegue a las pequeñas poblaciones indígenas y mestizas que habitan en lo alto de los Andes o en las profundidades de la Amazonia. Tal como van las cosas, lo más probable es que en el 2011, cuando el crecimiento debería ser superior al 7 por ciento, el ingreso promedio en Perú supere al de Colombia. Lo ocurrido es el resultado de muchos factores. Dentro de los elementos destacables están las decisiones tomadas por Lima a la hora de abrir la economía, de permitir la dolarización parcial del sistema financiero o la de tomar posturas audaces a la hora de contener la apreciación excesiva del sol. También está la política de promover ciertas cadenas de valor en las exportaciones, como ha sido el caso de la del algodón, que ha impulsado a su vez a la industria textil y de confecciones. Mención especial merece la que en Colombia se llamaría como la locomotora minera. Gracias a ricos yacimientos de oro, cobre, zinc, plomo o hierro, existe un auge que ha servido para la generación de empleo y el aumento en los ingresos fiscales, mientras la salud del comercio exterior se fortalece. Ese despegue, como es de imaginar, no ha estado exento de polémicas. Diferentes sectores de la opinión han señalado problemas, al igual que preocupaciones de corte ambiental, pero la impresión que se tiene es que las autoridades han podido manejar con relativo orden las solicitudes de compañías que desean explotar los promisorios depósitos identificados hasta ahora. Tales avances no quieren decir que todo sea perfecto. Allá, al igual que aquí, las desigualdades son evidentes, en tanto que el narcotráfico es una preocupación importante. Al mismo tiempo, hay algún grado de incertidumbre política ante la cercanía de las elecciones presidenciales en un país que es especialmente ácido a la hora de calificar a sus gobernantes. Pero a pesar de ello, la verdad es que Perú está surgiendo como un caso notable y Colombia debería cultivar una alianza que, a todas luces, le conviene.

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