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Editorial / ¿Y la locomotora aérea?

Pocos ponen en duda que un aeropuerto moderno y eficiente es fundamental para la competitividad de l

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
marzo 06 de 2011
2011-03-06 08:38 p.m.

 

En los días más recientes, y de la mano del regreso del invierno, han vuelto también los retrasos en las operaciones del aeropuerto Eldorado, uno de los de mayor tráfico en América Latina. Dependiendo de las condiciones atmosféricas y de la hora del vuelo, los usuarios reportan demoras que a veces pueden ser considerables, sobre todo, cuando al final del día se hace más intensa la actividad y aumenta la congestión de pasajeros y aviones. Esa circunstancia no hace más que deteriorar, todavía más la experiencia que tienen quienes salen y llegan a la capital, ya sea por placer o por negocios, así como por la necesidad de tomar una conexión hacia otro destino.
Y es que la lista de incomodidades es larga. Para comenzar, se encuentra la congestión vehicular que se ven obligados a sufrir quienes tienen a la capital como punto de destino u origen. Las obras de construcción de la tercera fase de TransMilenio han hecho aún más complicada la circulación en Bogotá, con lo cual la ventaja que da la cercanía física al aeropuerto se diluye en los trancones. A lo anterior hay que agregarle los inconvenientes derivados del proyecto de ampliación y completa renovación de las instalaciones actuales, que deberían estar listas en el 2014, dos años más tarde que lo presupuestado inicialmente.
Lamentablemente, todo indica que cuando se terminen las edificaciones la dicha durará poco. El motivo es que la realidad ha desbordado las proyecciones que se hicieron sobre el comportamiento de la demanda. Así lo demostró lo ocurrido en el 2010, cuando el tráfico de pasajeros aumentó 27 por ciento, hasta llegar a 18,9 millones de personas. El principal factor fue el salto en los usuarios nacionales que llegaron a casi 14 millones, 36 por ciento más que en el año precedente. Aunque es muy probable que ahora esas tasas sean más moderadas, es evidente que hay un volumen mucho más alto que el previsto.
Debido a ello, tanto la Aeronáutica Civil como el Ministerio de Transporte deberían comenzar a pensar en futuras expansiones, ojalá aprendiendo las costosas lecciones dejadas por la experiencia actual. Resulta increíble que mientras funcionarios públicos y privados tuvieron encendidas discusiones a través de los medios de comunicación, en otras partes del continente se pudieron adelantar ampliaciones que resultaron más rápidas y baratas, tal como ocurrió en Panamá.
Y ese no es el único tema. Al tiempo que hay incrementos notorios en el número de pasajeros también los hay en la cantidad de aviones que aterrizan y despegan en Eldorado. De tal manera, si en el 2007 la cifra de operaciones anuales ascendió a cerca de 230.000, el año pasado se acercó a las 280.000. Esa subida llegó a límites tales, que hace unas semanas las autoridades decidieron imponer una especie de ‘pico y placa’ para los aviones privados en las horas de la mañana, algo que generó fuertes protestas de los representantes de ese sector.
Pero ellos no son los únicos que se quejan. Quienes conocen del tema señalan que hay un problema serio de eficiencia por parte de los controladores aéreos, que utilizan procedimientos que podrían ser optimizados. A pesar de que las comparaciones son odiosas, una mirada a las estadísticas revela que en el aeropuerto de Ciudad de México, que tiene condiciones muy similares a las de Bogotá –tanto por el número de pistas como por la altura–, la cantidad de operaciones mensuales es superior al menos en 25 por ciento.
Parte de la explicación recae en razones tecnológicas, pero otra proporción tiene que ver con la rigidez impuesta por métodos que vienen de otras épocas, cuando los volúmenes de tráfico eran mucho menores que los actuales. Hasta ahora los intentos de cambio han sido difíciles, pues hay un nivel de sindicalización fuerte en el personal, que en momentos ocasionales ha hecho valer su poder cuando decide aplicar las conocidas ‘operación tortuga’ y ‘operación reglamento’, las cuales coinciden con la discusión de pliegos salariales.
Esa situación abre una serie de inquietudes hacia el futuro. Pocos ponen en duda que un aeropuerto moderno y eficiente es fundamental para la competitividad de la capital y del país. Pero todavía está por verse si el Gobierno actual va a jugársela por una locomotora que vuele bien alto.

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