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Editorial / Más pecado que género

El informe de evaluación de Agro Ingreso Seguro sugiere que son necesarios correctivos de fondo en u

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 24 de 2011
2011-03-24 03:22 a.m.

Todavía resuenan en la opinión los ecos de un informe dado a conocer por El Tiempo a comienzos de la presente semana, según el cual una prestigiosa firma evaluadora pone en tela de juicio los resultados del programa Agro Ingreso Seguro (AIS) en los años pasados. La publicación generó las más diversas reacciones, ya que no se necesita ser un experto en el tema para darse cuenta de que este no sólo tiene trasfondos técnicos sino políticos, teniendo en cuenta el escándalo de finales del 2009 en el que salieron salpicados los ex ministros Andrés Felipe Arias y Andrés Fernández, cuando se conocieron los abusos orquestados por algunos beneficiarios. También la justicia ha terciado en el asunto, pues así lo dejó en claro la reciente determinación de la Fiscalía General de abrirle un proceso penal a una docena y media de implicados en el asunto.

No obstante, en esta ocasión el enfoque del reporte aludido es diferente y está dirigido a mirar cuál ha sido el efecto de los fondos públicos invertidos. Como es conocido, AIS fue establecido mediante una ley del 2007, con un presupuesto cercano al medio billón de pesos anuales. Los objetivos centrales del esquema eran dos: de un lado, apoyar a los agricultores que podían verse impactados por la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos; y, del otro, impulsar la competitividad de un sector que enfrenta múltiples desafíos. En ambos casos, los principios fundamentales fueron la mejora en la productividad y la equidad en la asignación de los recursos.

Con el paso de los meses, quedó en evidencia que la primera meta había sido aplazada. La razón fue que el TLC firmado entre Bogotá y Washington entró en un limbo del que todavía no ha salido, pues sigue pendiente de su eventual ratificación en el Congreso norteamericano. A pesar de ello, la estrategia no fue recortada y se concentró en la competitividad, para lo cual fueron apropiados recursos superiores a los 1,8 billones de pesos entre el 2007 y el 2010.

Semejante suma es importante, bajo cualquier parámetro. Pocas veces en la historia de las actividades del campo se había adelantado en Colombia un proyecto tan ambicioso, tanto en términos de usuarios potenciales como de dinero girado. Bajo esa perspectiva, lo ideal era hacer exámenes periódicos, algo que fue previsto por la ley que dio origen a AIS y habló de evaluaciones cada dos años. Una primera fue contratada en el 2008 y estuvo orientada a definir una metodología, así como el punto de partida para futuras revisiones.

Por tal motivo, el estudio del 2010, cuya copia ya reposa en el Ministerio de Agricultura, es particularmente útil, no tanto porque les sirva de munición a quienes quisieran ver decisiones en el campo penal o disciplinario, sino porque es fundamental para introducir correctivos y enmendar la plana. Debido a ello, es un error poner en tela de juicio las calidades de lo que, al fin y al cabo, es un informe técnico que pretende ser constructivo. La importancia radica en no cometer las mismas faltas, por lo cual hay una gran expectativa en torno a los cambios que anunciará el Gobierno a comienzos de abril, cuando debería presentarle a la opinión un AIS remozado.

Pero, antes de esa ocasión, vale la pena recordar desde ahora que los resultados no son buenos. Para comenzar, fue imposible calcular 26 indicadores de gestión originalmente propuestos, pues por la falta de información apenas se pudo llegar a 5. Ese vacío deja al descubierto una capacidad débil de gestión, con lo cual se hizo difícil realizar las labores de control y supervisión sobre los recursos entregados, al igual que medir el cumplimiento de las metas establecidas. Como si lo anterior fuera poco, tuvo lugar una concentración de dineros en los grandes productores, aparte de demora en los desembolsos. 

Sin embargo, lo más preocupante es la afirmación de que los efectos de AIS “fueron marginales”, particularmente en el caso de los pequeños agricultores. En otras palabras, no hubo mejoras en la productividad y, como si eso no fuera suficiente, tampoco aplicación de los criterios de equidad y competitividad. Debido a ello, son necesarios correctivos de fondo en un esquema que bien usado puede servir de mucho, pero que, hasta ahora, parecería dejar a los colombianos con el pecado de los gastos considerables y sin el género de los avances en materia agrícola.

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