‘End the FED’? | Opinión | Portafolio
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‘End the FED’?

La FED y el FMI perdurarán, sin duda, pero sus cimientos han sufrido un remezón y algo se ha aprendi

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 23 de 2011
2011-03-23 12:14 a.m.

Acabar con los bancos centrales y el Fondo Monetario Internacional no es una idea nueva. Ya a finales de los años noventa, en medio de la crisis de Asia, algunas luminarias de la economía como el profesor de MIT, Rüdiger Dornbuschp, expresaban sin reparos que tanto el Fondo Monetario como los bancos centrales eran coculpables de muchas crisis por rescatar a gobiernos y banqueros incompetentes y/o inmorales y que por lo tanto el mundo estaría mejor sin ellos. Fue por esa época que Colombia y otros países sufrieron también crisis y colapso de sus sistemas financieros y los rescates nacionales y multilaterales estuvieron a la orden del día. La lección del profesor Dornbusch fue que la mejor manera de acabar con el ‘riesgo moral’ asociado con estos rescates estatales a los bancos privados o del FMI a los gobiernos era que gobiernos y bancos asumieran las consecuencias y costos de sus errores. Ahora, en la reflexión social poscrisis, estas ideas han vuelto a surgir como se observa con el movimiento End the FED, que ha ganado popularidad en varios escenarios, entre otros, de congresistas, gobernadores y el público norteamericanos. También hay brotes de neomacartismo que culpa de la crisis a la intervención del Estado, entre otros a través de la FED que, parodiando a James Bond, “con licencia para matar”, tiene ‘licencia para imprimir dinero’ y rescatar de la quiebra a bancos voraces e irresponsables, cuyos platos rotos terminan pagando los contribuyentes. La historia se repite: en Estados Unidos la FED instrumentó quizás el mayor rescate bancario de la historia, aunque, contrariando el cliché de too big to fail dejó colapsar al emblemático Lehman Brothers, (Dornbush in memoriam?). En la calle, el desempleo creciente y las afugias de las familias que perdían sus casas, contrastaba con las decenas de millones de dólares anuales de los bonos a ejecutivos, que desafiaban –y siguen desafiando– el pudor público y la lógica capitalista de pagar por los errores y ganar con los aciertos. ¿Quiénes son los culpables de tamaño descalabro? En el banquillo está la política macroeconómica, especialmente la política monetaria y la deficiente supervisión de los bancos, con un cierto sabor de connivencia entre supervisores y supervisados. El debate se ha agitado en Estados Unidos entre republicanos y demócratas, alrededor de la nominación por el presidente Barack Obama del profesor de MIT, Peter Diamond, Premio Nobel de Economía en el 2010, para ocupar una silla en la junta directiva de la Reserva Federal. Los argumentos son variados y sesgados según la coloratura ideológica: notablemente se anota que ser Premio Nobel no garantiza que formule buenas políticas, pues no tiene experiencia; además es tildado de intervencionista, keynesiano, apelativos non sanctos en la oleada neomacartista de los republicanos y de la derecha norteamericana que tilda a Obama de socialista. Si en Estados Unidos llueve, en Europa no escampa. Allí, el Fondo Monetario y el Banco Central Europeo (BCE), con cierto desgano alemán, orquestaron también el gran salvamento de los (ahora en las malas) llamados ‘países periféricos’ de la Unión Europea, Grecia, Portugal, España y otros. Peor aún: con la creación de un gran fondo de rescate, para algunos, continúa incentivándose el riesgo moral. El debate gira alrededor de quién será el nuevo director del Banco Central Europeo, por la salida del francés Jean-Claude Trichet. Las preferencias generales son por el saliente presidente de la Bundesbank, pofesor Axel Weber, no tanto por ser la economía germana líder de la Unión, sino especialmente por su tradición de estabilidad monetaria y su dureza reciente frente a dinero fácil para rescatar a los países de la periferia europea. Lamentablemente Weber parece no estar interesado. En el banquillo están también las políticas comunitarias que permitieron la exuberancia de gasto y endeudamiento de los países ‘periféricos’, cuando todos ellos se habían acogido al famoso ‘Pacto de Estabilidad’ que establece límites para los déficit fiscales. Lo cual apunta a que el problema, también aquí, es de supervisión. Este es un tema estratégico y central de la agenda internacional del G-20, ya que en este mundo globalizado ‘uno lo hace y todos la pagan’, lo cual hace necesario un esquema de regulación y supervisión que responda a los intereses globales y no solamente a los de los países grandes, sus lobbies y sus grupos de presión. Para empezar, el presidente Obama logró capitalizar en el momento oportuno y consiguió pasar la legislación que endurece la regulación bancaria en Estados Unidos e intenta limitar los riesgos que asuman los bancos, a niveles quizás impensables antes de la crisis. Riesgo hay de que la desmonten los republicanos si obtienen las mayorías necesarias. La FED y el FMI perdurarán, sin duda, pero sus cimientos han sufrido un remezón y algo se ha aprendido de las crisis. Ojalá en caliente se logren las reformas y no sea necesaria otra Gran Recesión para regular los excesos de los sistemas financieros y de los gobiernos, y para hacer de la aldea global un lugar más estable y seguro.

 

LUIS GARCÍA ECHEVERRÍA.

Profesor de la Universidad Javeriana

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