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Los pesos y contrapesos del precio de la gasolina

En el mercado petrolero los precios los determina el mercado mismo y para ello hay zonas en el mundo

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
marzo 17 de 2011
2011-03-17 12:21 a.m.

No sorprende el alboroto causado por la decisión de incrementar los precios de los combustibles. Todo parece indicar que las revueltas en el Medio Oriente no se van a detener y la geopolítica del petróleo, con precios de los combustibles afectados por el entorno político, social y hasta religioso de esa zona, se va a traducir en presiones al alza en los precios del crudo. Pese a lo anterior, cambiar la fórmula que determina los precios internos de los combustibles podría ser un grave retroceso en política pública en temas de energía. Veamos algunos conceptos: En el 2006, se planteó la incorporación de capital privado en el proceso de expansión de la Refinería de Cartagena. Eran las épocas previas a la capitalización de Ecopetrol y se necesitaban esos recursos provenientes de fuentes privadas. Sin embargo, ningún inversionista estaba dispuesto a participar en este proyecto si el precio de venta de la gasolina en el mercado nacional resultara inferior al valor al cual ese mismo galón pudiera ser vendido en el mercado internacional. Es lo que se conoce como el ‘costo de oportunidad’, del cual poca gente se acuerda a la hora de los debates. A fin de evitar que el proceso de vinculación de inversionistas a la Refinería de Cartagena colapsara, el Gobierno Nacional expidió una serie de disposiciones según las cuales el ingreso para el refinador no sería inferior al valor que podría obtenerse mediante su venta a otros mercados. Y para el caso de la Refinería de Cartagena, el mercado natural es la Costa del Golfo de los Estados Unidos, donde los combustibles pueden venderse a un precio definido por las fuerzas del mercado en lugar de una Resolución Ministerial Colombiana. De la misma forma, a Ecopetrol no se le podría obligar a vender sus productos al mercado nacional a precios inferiores a sus ingresos de oportunidad. Y este criterio sencillo fue el que permitió poner un porcentaje del capital de la primera empresa del país en manos de todos los colombianos. De lo contrario, cabría preguntarse cuántos accionistas tendría Ecopetrol si existiera la más remota posibilidad de que esta compañía tuviera que ‘subsidiar’ los precios de los combustibles, entendiéndose por subsidio la diferencia entre el precio de oportunidad y los precios locales, y bajo esas mismas condiciones, cuántos accionistas quisieran comprar la acción de la empresa en la Bolsa de Nueva York. Probablemente muy pocos. Más aún, cabe preguntarse también si la nueva operación de colocación de acciones de Ecopetrol entre el público para financiar, entre otras cosas, la reconstrucción del país después del invierno y el ambicioso programa de vías nacionales, tendría éxito si esta regla de juego no hiciera parte del código de conducta frente a los potenciales inversionistas tanto nacionales como extranjeros. Si existe el interés de atraer inversionistas privados, nacionales o extranjeros a emprender proyectos en Colombia en el sector de hidrocarburos o para comprar las acciones de Ecopetrol, es necesario que las reglas de juego estén definidas con claridad, de tal manera que esos inversionistas tengan la seguridad de que no se verán obligados a asumir, por la vía de una disposición interna (léase Resolución del Ministerio de Minas y Energía), obligaciones que no les corresponden. Si esa garantía no se da, simplemente los capitalistas buscarán otros refugios más seguros. Si se llegara a cambiar el actual modelo de precios, el diferencial que resulte entre ingreso o precio de oportunidad y el precio interno, iría con cargo al Presupuesto Nacional. Y en la situación de déficit fiscal por la que atravesamos, y además con una serie de necesidades de inversión pública aún por financiarse, este escenario es insostenible desde el punto de vista social. Los precios de los combustibles en el mundo no se definen sobre la base de unos costos más un margen de comercialización, como quien produce un artículo de consumo masivo. En el mercado petrolero los precios los determina el mercado mismo y para ello hay zonas en el mundo donde se transan estos productos combustibles y los precios que resultan sirven de referencia para otros mercados. Es el caso de la Costa del Golfo de los Estados Unidos, la cual comprende un 49 por ciento de la capacidad de refinación de ese país y cuyos indicadores se aplican a los precios de los combustibles en Colombia. En estos mercados las refinerías compran los crudos a precios internacionales, lo cual se aplica aún en el caso colombiano, así seamos exportadores de petróleo. Es la manera de determinar si una refinería realmente produce un margen positivo de operación o si de lo contrario, genera pérdida como ocurre en muchos casos a nivel internacional, donde no es insólito que un sistema de refinación deba reestructurarse a fin de generar cifras positivas o cerrarse si la competencia es demasiado brava. A nadie se le ocurre hoy en día entregarle el crudo a un refinador a precio de costo de producción, aunque se trate de un país productor de petróleo, con algunas excepciones claro, por que eso genera una situación de ganancias de refinación artificial e insostenible. El otro aspecto tiene que ver con los impuestos. Según la estructura actual de precios de los combustibles, la carga de impuestos es del 28,65 por ciento para la gasolina y 17,6 por ciento en el diésel. En los Estados Unidos, para el 2009, los impuestos representaron el 18 por ciento del precio de la gasolina, mientras que en Europa, el promedio de los cargos por impuestos es del 60 por ciento, y en algunos países como Francia, llegan al 70 por ciento. ¿Por qué las diferencias en temas de impuestos? Porque los Gobiernos Nacionales determinan de manera libre y soberana los impuestos que cobran aprovechando un vehículo eficiente y de fácil recaudo como la venta de combustibles. Por otro lado, un componente alto de impuestos, como en Europa, puede ser una señal de política energética para desestimular su consumo o simplemente reflejar el hecho de que los combustibles modernos son muy costosos de producir, como el diésel de bajo azufre de la Refinería de Barrancabermeja. Por consiguiente, minimizar el impacto ambiental derivado del consumo de los hidrocarburos en el transporte conlleva mejores combustibles que tenemos que pagar los usuarios. Y eso tampoco tiene reversa. Sin embargo, lo que podría tener reversa es una revisión a los precios de los biocombustibles los cuales están encareciendo los precios locales. Por ejemplo, mientras que el 92 por ciento del galón que compramos en las estaciones de servicio corresponde a gasolina con un precio al refinador de 4.500 pesos, el 8 por ciento restante de bioetanol, tiene un valor del orden de 8.100, lo que sugiere la conveniencia de revisar todo el esquema de incentivos a los biocombustibles ante el alto costo que se está transfiriendo a los consumidores de gasolina. Como se ve, el margen de maniobra para cambiar la situación es muy estrecho. Luego, más vale que nos acostumbremos a pagar los combustibles al precio de mercado, porque nadie más lo podrá hacer por nosotros.

LUIS AUGUSTO YEPES.

Consultor privado

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