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Seis países: sólo uno en vía a la modernidad

La Colombia en pleno proceso de desarrollo es la Zona Central que incluye a Bogotá, Medellín, Cali y

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 27 de 2011
2011-03-27 07:59 p.m.

El elemento más importante de las bases del Plan de Desarrollo, ‘Prosperidad para todos’, ha sido la regionalización del país en “zonas homogéneas en su condición de desarrollo endógeno”.

Ese es su gran mérito, lograr identificar áreas de desarrollo similar que permiten definir con claridad cómo Colombia no es realmente un solo país, sino seis, de los cuales sólo uno se está desarrollando rápidamente y los cinco subpaíses restantes, se están descolgando.

En términos simples, esto quiere decir que los colombianos tienen condiciones de vida muy distintas: desde aquellas que se disfrutan en el primer mundo hasta otras claramente de ese mundo atrasado, sin esperanzas de cambio. La Colombia en pleno proceso de desarrollo es la zona central que incluye a Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga, y las principales ciudades intermedias del país, Pereira, Manizales, Armenia, Ibagué, Tunja, Neiva y Villavicencio.

Esta zona genera el 73% del PIB nacional; tiene el 60% de la población, 27 millones; el ingreso per cápita de sus habitantes, $13,5 millones, es dos o tres veces el de las otras regiones y ha crecido en los últimos años al 4,2% anual. Pero además, este es el país urbano, con el 82% de su población en cabeceras municipales, con la más baja tasa de crecimiento poblacional, 1%, y decreciendo su población rural, -0.4%.

Obviamente, esa Colombia es la menos pobre, únicamente el 17% tienen necesidades básicas insatisfechas y la mejor distribución del ingreso con un índice de Gini del 0,43, sólo equiparable a Uruguay.

Además, es casi totalmente alfabeta, 92%, con amplia cobertura de educación y la mejor capacidad institucional para manejar sus recursos. Es en esta Colombia rica donde se concentra la industria nacional, el comercio y los servicios.

No debe sorprender que le siga en desarrollo la Colombia nororiental, donde están los grandes desarrollos minero-energéticos. Con muy poca población, 2 millones de personas, alcanza un ingreso per cápita de $15 millones al año, superior al de la Colombia central, pero con un crecimiento anual del mismo inferior, 2,5%.

Sin embargo, como es propio de las actividades que desarrolla, es terriblemente desigual con un Gini del 0,64, muy superior al ya altísimo del país, 0,59 y con el doble de la pobreza y la miseria que el país central.

Estas cifras son particularmente importantes porque si este es el modelo de desarrollo que va a seguir Colombia como un todo, será más desigual que el actual, más pobre y miserable.

Riqueza para unos pocos, muchos de los cuales serán grandes empresas extranjeras. Es una señal de alerta muy clara para que no nos quedemos en ser un país minero, sino que con las ganancias de estas actividades se estimule el sector rural, se transformen los ramos industriales y de servicios, todas estas actividades que no arrancan o no se modernizan.

La otra Colombia que merece atención especial es la Colombia caribe, porque especialmente los barranquilleros se sienten desarrollados económicamente; los cartageneros, culturalmente, y los demás, exitosos empresarios del carbón o agricultores, pero principalmente ganaderos modernos y eficientes.

Nada de eso. A Barranquilla la desbancó Bucaramanga y ya dejó de figurar en la Colombia moderna.

Más rural, 28% de su población, tiene un ingreso per cápita, 7,5 millones, que es la mitad de las otras dos Colombias analizadas. Siendo una región más urbana que rural, 73% está en cabeceras, sus niveles de pobreza son vergonzosos, 46%, y su concentración de ingresos, su Gini, 0,53, muy superior a la de la Colombia central. Pero lo más grave de esta Colombia caribe es su capacidad institucional, que es la más baja de todo el país, 42,6. ¡Qué vergüenza!, hasta las zonas más pobres la superan.

La profunda crisis de liderazgo político y la corrupción de sus líderes le han pasado su cuenta de cobro que, sin embargo, la pagan los caribeños más pobres. No obstante, a su inmensa riqueza en biodiversidad le sigue en tristezas la Colombia Pacífica y después la Amazorinoquia. La primera, todavía muy rural, 46% de su población, tiene un ingreso per cápita de $5,6 millones al año, que es la tercera parte de la Colombia moderna, 62,5% de su población es pobre y con pocos ricos, de allí que su Gini sea bajo, 0,43; casi todos son pobres.

Lo más grave, sus escasas capacidades de desarrollo endógeno, son las peores de todo el territorio, 17%. O se le ayuda o nunca saldrá adelante. La Amazorinoquia, tiene el más bajo ingreso per cápita de todas, $4,4 millones, y además su producto está cayendo, -5% anual. Obviamente, es la Colombia rural, porque el país rural es al que peor le sigue yendo.

No son muchas las diferencias con la Colombia Sur, también más rural, 54% de su población, con pocos habitantes, un poco más de 3 millones, pero menos pobres que en las dos anteriores, 41% de población con necesidades básicas insatisfechas y pocos ricos. Interesante señalar que las menores diferencias entre los seis países se dan en cobertura en educación, pero en calidad deben ser inmensas. Tampoco son grandes las distancias en cuanto a la inversión municipal per cápita.

Demasiado baja en todas para lograr transformaciones sustanciales. Lo importante de la descripción de estos seis países es que muestran dos cosas. Primero, el profundo fracaso de la descentralización del país. Algo en que todos los colombianos creemos, promovemos y tratamos de cumplir, porque está claramente consagrada en la Constitución de 1991, pero no ha logrado acortar las distancias entre las distintas Colombias.

Por el contrario, lo que ha sucedido es muy grave: la Colombia central, que está a años luz de la mayoría del país, es en la que se toman las grandes decisiones nacionales. No es sino montarse en avión los lunes y viernes para ver cómo todos los funcionarios, públicos y privados, que viven en regiones, vienen permanentemente a Bogotá, el centro del centro y, obviamente, pasan los fines de semana con los suyos en lo suyo.

Cuando se están trasladando actualmente, $24,7 billones del Presupuesto General de la Nación a los entes territoriales; cuando hay un fondo de compensación de las regalías, que son inmensas y van a ser más, cuando desde hace tiempo se eligen regionalmente sus autoridades, alcaldes y gobernadores, algo muy grave está pasando porque estos mecanismos no están funcionando en la dirección de construir un solo país.

Lo triste es que parece que la conclusión no es solamente obvia, sino que está en la cabeza de todos los analistas: lo primero que se descentralizó fue la corrupción, que además tiene destruido a todo el país.

Daniel Samper pide revisión del nombramiento de alcaldes y gobernadores. Todos los días meten a la cárcel o llaman a juicio a uno de ellos y muchos de los que faltan no es por ser honestos –que los hay, pero son una minoría–, sino porque nadie entiende quéle pasa a la justicia. Pero eso sí, hay unos individuos riquísimos con la plata del Estado, que es nuestra, de nuestros impuestos, que descaradamente se la han robado, cuando no son los distintos tipos de mafias que conviven tranquilamente en la Colombia grande y en cada uno de las seis Colombias.

¿Quién maneja seis países tan disímiles al tiempo, cuando la mayoría de las autoridades locales no buscan sino su propio beneficio? Parece una sin salida, porque recentralizar, con tantas y tan grandes diferencias, puede ser aún peor. Con razón los congresistas le tumbaron esta idea al Gobierno.

Les quitan sus feudos departamentales.

No se dejen señores del Gobierno.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO.

Ex ministra de Agricultura

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