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Ricardo Ávila
brújula

Un problema en Medellín

El comunicado oficial destaca que en abril del 2018 la población ocupada en Colombia llegó al punto más alto desde cuando se llevan cifras mensuales.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 29 de 2018
2018-05-29 07:56 p.m.
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El comunicado oficial destaca que en abril del 2018 la población ocupada en Colombia llegó al punto más alto desde cuando se llevan cifras mensuales. No obstante, ese total calculado por el Dane en 22’671.000 personas, no da siquiera para un tímido aplauso, pues el incremento frente al año pasado escasamente llega a los dos mil individuos, con lo cual la cifra muestra un estancamiento.

Lejos de una celebración, aquí suena un campanazo de alerta. El motivo es que el número de desocupados subió 6,9 por ciento hasta 2,36 millones. De no ser porque la cantidad de inactivos también ascendió –lo cual impidió que la oferta laboral se expandiera más–, el panorama habría sido todavía peor.

En consecuencia, vuelven a encenderse las luces de alerta, pues una tasa de desempleo del 9,5 por ciento a nivel nacional no da para hacer ferias y fiestas. El guarismo es flojo y refleja las dificultades que experimenta un economía cuyo crecimiento reciente se mantiene por el carril lento.

Tal vez lo único rescatable es que la foto en las 13 áreas metropolitanas más grandes siguió igual, en lo cual Bogotá tiene una cuota de responsabilidad. Por primera vez en un largo tiempo, el Distrito Capital comenzó a crear más plazas de las que había destruido hasta hace poco. Aunque es muy temprano para decirlo, hay quienes creen que la situación en la metrópoli tocó fondo.

No ocurre así, lamentablemente, en Medellín. En el trimestre móvil que va de febrero a abril, el índice de desocupación subió en 1,8 puntos porcentuales entre un año y otro. La tasa del 12,6 por ciento es la octava más elevada entre las 23 urbes de mayor tamaño, y cada vez se aleja más del promedio.

Factores como la mala realidad de la industría o el clima recesivo en el sector edificador pueden explicar el deterioro. Pero más allá de las razones, es evidente que aquí hay un dolor de cabeza que merece ser examinado por las autoridades a nivel local y nacional. Ojalá que la temporada electoral no interfiera.

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