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Ricardo Rojas Parra
Columnista

Educación

El 26 de septiembre, el Banco Mundial publicó su reporte de desarrollo mundial para el 2018, el primero dedicado a la educación.

Ricardo Rojas Parra
POR:
Ricardo Rojas Parra
octubre 24 de 2017
2017-10-24 09:31 p.m.
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El 26 de septiembre, el Banco Mundial publicó su reporte de desarrollo mundial para el 2018, el primero dedicado a la educación. Los mensajes principales de este informe recuerdan que cobertura no significa lo mismo que aprendizaje, que tener la primera sin la segunda equivale a una oportunidad desperdiciada y a una gran injusticia social, y que, a pesar de lo anterior, incluso países de ingresos bajos y medios tienen amplio campo de acción para solucionar este problema.

Los principales insumos utilizados para este diagnóstico son los resultados de las pruebas Pisa, el nivel de competencias lectoras y el nivel educativo general en los países contemplados en este reporte. Además, estudios específicos realizados en cada Estado complementan esta información. En particular, para Colombia, se usaron investigaciones de los profesores Felipe Barrera Osorio, de la Universidad de Harvard, Raquel Bernal y Ximena Peña, de la Universidad de los Andes, entre otros.

La publicación de este documento es importante porque brinda mucho más contexto y sustancia a los reportajes usuales, ya trillados, de los resultados nacionales en esta prueba internacional de ‘calidad académica’. El que Colombia figure por debajo del promedio de la Ocde en las pruebas Pisa, es una noticia que se ha repetido en múltiples ocasiones y no trae nada nuevo a la discusión. Sin embargo, en este reporte, un análisis más juicioso y nutrido de los datos ayuda a dilucidar puntos focales para el desarrollo de política pública en nuestro país.

La adición de insumos al proceso escolar, en particular nuevas tecnologías, debe enfocarse en complementar la labor docente en vez de sustituirla. Es decir, suministrar equipos no tiene impacto positivo en la educación si no se integra de manera adecuada con el diseño curricular, como ya ha sucedido con esfuerzos previos en el país. Por otro lado, subsidiar o contribuir a la escolarización femenina ha tenido efectos positivos en la reducción de embarazo adolescente.

Finalmente, en términos del factor fundamental para el cierre de brechas y aumento de las oportunidades a futuro, es pertinente mejorar las habilidades en lectura crítica. Esto hace referencia a dos elementos particulares: mejores aptitudes en lectura crítica aumenta la probabilidad de ingresar a cargos de ‘cuello blanco’, que están asociados con mayor crecimiento y estabilidad laboral, y posibilitan una mayor capacidad de aprovechamiento de la educación/capacitación para el trabajo, sea autónoma o provista por el empleador.

Colombia, como otras de su generación, es una nación joven, marcada por un contexto difícilmente comparable con otras economías. Por esto, y por la delicada naturaleza del mundo educativo, es importante recordar que los resultados de las mediciones y pruebas estandarizadas son herramientas que dejan ver solo una pequeña parte de la realidad y no plasman un estado general del sector, pero son una ventana de oportunidades de crecimiento y mejoría. Parafraseando el trabajo del profesor Daniel Koretz, de la Universidad de Harvard, reducir una realidad educativa a un estándar numérico es irresponsable por parte de quienes interpretan y reportan los resultados de las pruebas, así como de los diseñan políticas públicas con base en ellos.

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