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Ricardo Villaveces P.
columnista

Claras y estables

Puede haber diferencias de enfoque o prioridades, pero lo que no debe existir, es falta de claridad e inestabilidad en las reglas de juego.

Ricardo Villaveces P.
POR:
Ricardo Villaveces P.
febrero 04 de 2018
2018-02-04 05:56 p.m.
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Por estos días, en los que todos los candidatos mencionan la necesidad de dar importancia al sector agropecuario, y que la mayor parte de sus afirmaciones no pasan de ser lugares comunes y repetición de lo que vienen diciendo todos los aspirantes a la presidencia en las últimas décadas, sería de gran utilidad que antes de hacer planteamientos gaseosos acerca de algo tan relevante, analizaran con cuidado las experiencias de aquellos que ‘contra viento y marea’ han podido hacer empresa en el campo y tienen tantas y tan valiosas experiencias, algunas para replicar y otras para evitar.

Lo que se ha logrado en azúcar y en flores, por ejemplo, es algo que deja un sinnúmero de valiosas enseñanzas. Hay un caso que merece especial mención, y es el de la palma de aceite, en concreto, lo que tiene que ver con Fedepalma, el gremio que ha sido el articulador y motor del sector. Cumple por estos días 55 años de fundado y, sin duda, ha sido un factor determinante en el crecimiento y desarrollo de un cultivo y una agroindustria que se ha establecido en diversas zonas del país, en algunos casos, en condiciones complejas, pero venciendo las dificultades tiene ya más 500.000 hectáreas sembradas y cerca de 6.000 productores que contribuyen de manera importante a satisfacer una demanda interna creciente de aceites, a atender mercados externos y a jugar un papel fundamental en la producción de biocombustibles.

Con ocasión de este aniversario fue posible escuchar al doctor James Fry –uno de los mayores conocedores mundiales de los mercados de productos básicos– haciendo una excelente presentación sobre las perspectivas de la agricultura en los próximos veinticinco años. Las conclusiones de su análisis son claras en cuanto al papel tan destacado a que está llamada Latinoamérica, al ser una de las pocas regiones con posibilidades de ampliar su frontera agrícola en cifras cercanas a las 25 millones de hectáreas, y es bastante evidente que Colombia tiene unas posibilidades inmensas para contribuir a este incremento. La palma tiene un gran margen para el crecimiento, pero también cultivos como el maíz y la soya, entre otros. Estos no son desarrollos que se den de un día para otro y requieren políticas de Estado que fijen las reglas de juego para los proyectos que se pueden desarrollar en este frente.

Por eso es tan importante oír las experiencias de los que han sido exitosos y a los que han tenido experiencias empresariales en países con mejores resultados que Colombia, como es el caso de Brasil, Perú y algunos de Centroamérica. Y aunque son muchos los factores a tener en cuenta, hay algo en que coinciden quienes han tenido estas experiencias y es en la necesidad de tener reglas de juego claras y, sobre todo, estables.

Esto debería ser algo que se grabe en la cabeza de todos los candidatos. Puede haber diferencias de enfoque o de prioridades, pero de lo que no puede haber, si se quiere que Colombia desarrolle su agro, es falta de claridad e inestabilidad en las reglas de juego.

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