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Ricardo Villaveces P.
columnista

Todavía estamos a tiempo

Debemos aceptar, además, que somos los colombianos los que permitimos que se produjera este deterioro en la Rama Judicial.

Ricardo Villaveces P.
POR:
Ricardo Villaveces P.
agosto 21 de 2017
2017-08-21 08:22 p.m.
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Tres expresidentes de la Corte Suprema de Justicia, el fiscal a cargo de los temas de corrupción y varios senadores acusados de corruptos es algo que lo deja a uno aterrado. Por lo positivo, es esperanzador que se estén dando estas y otras revelaciones, y, usando esa trillada frase, se requiere ahora es ‘que caiga todo el peso de la ley’ sobre estas personas y las muchas que estarán faltando.

Ante la ausencia de los ‘notables’ de otras épocas, habrá que oír a los juristas y constitucionalistas acerca de cuáles son los caminos por seguir para salir de este atolladero. La respuesta más obvia, y ya se oyen planteamientos en este sentido, es la de proponer una constituyente. El problema, como bien se sabe, es que esta fórmula se conoce cómo empieza, pero nunca cómo termina, y el remedio puede llegar a ser peor que la enfermedad. La gravedad, sin embargo, lleva a que este método tampoco se pueda descartar.

Debemos aceptar, además, que somos los colombianos los que permitimos que se produjera este deterioro en la Rama Judicial. Sin duda, son muchos los jueces honestos y abnegados que cumplen con su deber, pero cada vez son más las manzanas podridas que ponen a tambalear la confianza en las instituciones, y es, por acción o por omisión, como hemos permitido que esto ocurra.

No tenemos, sin embargo, el monopolio de la estupidez, y fueron errores similares de la clase dirigente de Venezuela, su incapacidad para actuar colectivamente y la pasividad de otros lo que ha llevado al país vecino al borde del abismo en que se encuentra. Serían risibles las pataletas de opereta de Maduro si no tuvieran funestas consecuencias no solo para los venezolanos, sino para los colombianos. Y, como si eso fuera poco, el loco mayor se está encargando de atornillar a Maduro en su puesto, con las bravuconadas y amenazas de una eventual intervención militar.

El caso de Trump no solo es patológico, sino que está despertando demonios que ya se creían enterrados. Tener que hablar de riesgos de confrontaciones nucleares, como si estuviéramos en la época de la Guerra Fría, es insólito. O del caos en la Casa Blanca después de seis meses de gobierno, como se vio en el episodio Scaramucci. Más preocupante aún, el suceso de la última semana, al negarse a rechazar las acciones y planteamientos de los ‘supremacistas blancos’. Ver los videos de las protestas con antorchas en Virginia trae a la mente las marchas nazis en la Alemania de comienzos de los años treinta. La sociedad norteamericana se ha destacado por la fortaleza de sus instituciones, y esperamos que superen este triste capítulo de la era Trump; pero lo cierto es que están llegando a eso por culpa de los propios americanos.

Colombia está a tiempo para corregir el rumbo y recuperar su sistema judicial, pero hay que convertir esto en un propósito nacional que esté por encima de las vanidades y los intereses de quienes creemos en un sistema democrático.

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