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Rodolfo Segovia S.
columnista

Manos simbólicas

Somos derechos de la mano, porque somos izquierdos del cerebro.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
agosto 24 de 2017
2017-08-24 08:20 p.m.
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Casi todas las culturas, desde el principio de los tiempos, han adoptado las manos como símbolos. Y casi en todas predomina la derecha sobre la izquierda. La razón inicial parece ser fisiológica y genética: “Somos derechos de la mano, porque somos izquierdos del cerebro”, que al desarrollarse para hablar llevó a la destreza, a la superioridad de la diestra, así alrededor del 10 por ciento de los humanos sean naturalmente zurdos y corran, por lo tanto, la suerte de la minorías. Los utensilios se fabrican para ser usados con la derecha. En las pinturas rupestres, las armas se llevan con la derecha. Los monos, que no hablan, no comparten la asimetría.

Más cerca del presente, las prostitutas hindúes o dasis se dividían entre las de la “mano derecha” para los brahmanes y las de la “mano izquierda”, que no tenían restricciones. En los pueblos del África ecuatorial se cocina y se come con la derecha, y a la mujer que prepare alimentos con la izquierda se le acusa de bruja y de querer envenenar los alimentos. Los romanos apoyaban el codo izquierdo en el diván y sostenían el plato con la izquierda, mientras comían con la derecha. Saludar con la zurda era un insulto.

Desde antes de Mahoma, los pueblos árabes preferían la derecha. El Corán codificó la inclinación. El lado propicio está a la derecha, es el lado de Alá y su Profeta. La izquierda es desfavorable y servil. El derecho es el sur, la tierra húmeda y feliz de Yemen, mientras que el izquierdo es el norte, Siria, asociado con malos augurios. Hasta en las antípodas, entre los maoríes, el lado derecho es la vida, la fuerza, mientras que el izquierdo es la miseria y la muerte. Siniestro viene de siniestra, que llega del latín ‘sinister’, zurdo o funesto.

Y a quién se le ocurre que Jesucristo pueda sentarse en lugar distinto que a la diestra de Dios Padre. Lucifer está siempre a la izquierda en toda representación iconográfica. La derecha es la mano para bendecir, y ser la mano derecha del gobernante es ser su mayor apoyo. La izquierda es lerda. Sirve de complemento, pero no para liderar. Por eso arruina el día el levantarse con el pie izquierdo. Ambidextro es ser hábil con ambas manos, en tanto que su antónimo, ambisiniestro, es ser torpe con ambas.

En la dinámica de la Revolución francesa, el 6 de octubre de 1789, una variopinta multitud forzó el traslado de Luis XVI de Versalles a su palacio parisino de las Tullerías. En el hemiciclo del teatro del palacio continuó reuniéndose la que era ya una Asamblea revolucionaria. A la derecha de la presidencia se sentaron, como por arte de magia, los partidarios moderados de una monarquía constitucional –a la inglesa– y a la izquierda, los radicales de una república sin rey, los contestatarios hasta el día de hoy. Quedó así impreso el sello de concepciones políticas. Ninguna democracia se ha librado de esa distribución espacial.

Se oyen llamados para abolir ese legado de la revolución Francesa. Tales oposiciones, dicen, se han desdibujado: la distribución en hemiciclo de las ideas políticas es obsoleta. Quizá imaginan la distribución de pareceres como la forma del universo en el espacio-tiempo, para que todo el mundo pueda estar en todas partes. Son distorsiones antigeométricas que produce el exceso de paz.

Sin desviaciones ideológicas, como nunca se le ocurrirían al unidireccional don Sancho Jimeno, el héroe de Bocachica en 1697, hay que constatar que, por atavismo cultural, los hindúes, y tantos otros, comen con la mano derecha y lo contrario con la izquierda.

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