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Rodolfo Segovia S.
columnista

Pataleo de galeón ahogado

En las coordenadas denunciadas por Sea Search, la profundidad es de menos de 300 metros. Las del identificado San José están en cambio a más de 600 metros. O sea, más costa afuera en la plataforma continental.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
marzo 01 de 2018
2018-03-01 08:42 p.m.
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El galeón San José trepida de nuevo por la reciente sentencia del Consejo de Estado. En ella queda claro que la Sea Search Armada tendría derecho a la mitad de lo que no sea Patrimonio Cultural, siempre que se encuentre en las coordenadas denunciadas desde 1982. También significa que las altas cortes, todas, han unificado criterios sobre las especies náufragas. Cosa juzgada.

Breve recuento: en 1980, caza-tesoros obtuvieron de la Dimar permiso para explorar un área bien definida del Caribe colombiano con miras a buscar el tesoro –así se definía entonces– que contenía el galeón San José. Para entonces, avances tecnológicos ya permitían la localización de especies náufragas profundas.

Con investigación de archivo, los buscadores de tesoros sustentaron su solicitud. La trágica historia del barco hundido batallando en 1708 dejó una larga estela de documentos dada la frustración de la Corona española con las cuantiosas pérdidas. Don Sancho Jimeno, el héroe de Bocachica en 1697, fue doliente testigo de esos acontecimientos ocurridos a pocas millas de su amada Cartagena.

Y en 1982, ¡bingo!: los caza- tesoros denunciaron un hallazgo. Mientras se avanzaba para suscribir un contrato de rescate, el gobierno del presidente Betancur llegó a la conclusión de que el San José no era un tesoro, sino ante todo un sitio arqueológico de significación universal. El tratamiento que la Sea Search estaba dando al presunto pecio, evidente en los videos, no era compatible con prácticas científicas aceptadas. La conversaciones se suspendieron.

Lo que siguió es casi un sainete jurídico, aunque con el buen resultado de aclarar conceptos. El talentoso aunque a veces deslenguado representante legal de Sea Search Armada ha sido el actor principal. En 30 años de juicioso ejercicio profesional quota litis ha querellado con tenaz sapiencia en los estrados judiciales. Y las ha ganado todas, hasta conseguir incluso el secuestro de un San José jurídico de tenue existencia real. La providencia se basó en la apreciación de un juez sobre testimonios de influenciables oficiales de la Armada a bordo del barco explorador. El secuestro ha sido levantado.

El discurso de Sea Search pasa ahora por alegar que se violan sus derechos en las zonas aledañas a las coordenadas denunciadas en 1982. Estas comprenderían hasta una milla a la redonda. Su representante legal, aparte de hablar de supuestos actos de corrupción, ha sostenido que quienes hallaron el pecio anunciado hace 15 meses no hicieron más que recibir del Gobierno las coordinadas confidenciales y arrimarse a las zonas aledañas para decir que encontraron un galeón, que está vez sí es el San José, identificado espectacularmente por los cañones de bronce que portaba. La ley de 2013 sobre especies náufragas permite la exploración por cualquier habilitado. Es fácil demostrar que, reinterpretando documentos y allegando otros, al San José lo buscaron más lejos.

En las coordenadas denunciadas por Sea Search, la profundidad es de menos de 300 metros. Las del identificado San José están en cambio a más de 600 metros. O sea, mucho más costa afuera en la suavemente inclinada plataforma continental y casi al borde de la zona abisal. Entre las coordenadas median por lo tanto no una, sino varias millas. Nada que remotamente pueda llamarse aledaño. Cuando la prueba transita de lo legal a lo real, a la geografía desnuda, el denodado jurista de los buscadores de tesoros patalea ahogado como un galeón.

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