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Rosario Córdoba Garcés
Análisis

Debilidad institucional y desconfianza tumban la competitividad

Sin un Estado que genere confianza y un mercado que funcione eficientemente, es improbable que la inversión empresarial impulse la economía nacional

Rosario Córdoba Garcés
POR:
Rosario Córdoba Garcés
septiembre 26 de 2017
2017-09-26 08:48 p.m.
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El Foro Económico Mundial (FEM) lanza hoy su Índice Global de Competitividad 2017-2018, con resultados desalentadores para el país. Colombia ocupa el puesto 66 entre 137 países, marcadamente peor que el año pasado, en el que ocupó la posición 61 entre 138. A nivel latinoamericano, Perú y Uruguay tuvieron un descenso similar, por lo que Colombia sigue en la quinta casilla, por debajo de Chile, Costa Rica, Panamá, y México.

No obstante, la caída en el ranking no necesariamente implica que se estén obteniendo peores resultados que durante los de años anteriores. De hecho, en términos del puntaje, volvimos a sacar una “nota” de 4,3 (en una escala de 1 a 7, según la metodología del FEM). Es decir que cuando se trató de medir el avance propio, se tuvo el mismo resultado por tercer año consecutivo.

Ahora bien, las mediciones de competitividad no solo se fijan en el resultado propio, sino que expone la medida en que una nación avanza más rápidamente que otras economías. Ahí está el problema: mientras que el país se frenó, otros han logrado avances y se han puesto en una mejor posición relativa. Ese es el caso, por ejemplo, de Eslovaquia, Hungría, Omán y Jordania.

LA EXPLICACIÓN DEL DESCENSO


El descenso en el ranking para Colombia resulta de un deterioro generalizado, con pocas excepciones (como se muestra en el gráfico 1). El país mejoró en los pilares de salud y educación primaria (de la posición 90 a la 88), y en educación superior y capacitación (70 a la 66).

Esto ocurrió por una mejor percepción de los empresarios encuestados sobre la calidad de la educación primaria y superior, sobre la formación en ciencias y matemáticas, y sobre el bajo impacto de enfermedades como malaria o VIH en la actividad empresarial.

También mejoró en el pilar de innovación (de la posición 79 a la 73), producto del aumento de la inversión de las empresas en investigación y desarrollo, una noticia positiva, considerando que esta área usualmente ha sido un lunar.

Infortunadamente, estos avances no compensaron el mal desempeño en otros pilares.
Primero, Colombia retrocedió en las condiciones básicas para la competitividad, como las instituciones, que pasaron de la posición 112 a la 117; la infraestructura, de la 84 a la 87, y el ambiente macroeconómico, de la 53 a la 62, situación que se explica por el déficit presupuestal del Gobierno.

Segundo, el país descendió posiciones en la eficiencia del mercado de bienes (100 a la 102), del mercado financiero (25 a la 27) y del mercado laboral (81 a la 88). Este último preocupa por la percepción deteriorada que tienen los empresarios sobre la inflexibilidad de los salarios, la falta de cooperación en las relaciones entre trabajadores y empleados y los efectos de los impuestos y subsidios sobre los incentivos a trabajar.

Finalmente, Colombia descendió en su preparación tecnológica (de la posición 64 a la 65) y en el pilar de sofisticación de los negocios (59 a la 64), en el que los empresarios calificaron pobremente algunas de sus prácticas gerenciales y sus áreas de negocios, en particular la efectividad del marketing.

FALTA DE CONFIANZA EN EL ESTADO Y EN EL MERCADO

Aunque es alentador que Colombia tenga avances en áreas fundamentales para el desarrollo como la educación, la salud y la innovación, los resultados del Índice, al depender en su mayoría de la opinión de los empresarios, dan indicios preocupantes sobre la confianza que tienen en el Estado y el funcionamiento del mercado.

Por una parte, el pilar de instituciones –que intenta medir la calidad de las ramas del poder público– muestra un resultado dramático: la valoración empresarial de las instituciones colombianas solo supera a veinte países en todo el mundo, y está al nivel de naciones como Camerún, Congo o Mongolia.

Los empresarios perciben que la corrupción es el principal problema para hacer negocios (gráfico 2) y su confianza en la labor del Estado disminuyó considerablemente. Esto se refleja en la pésima calificación a la eficiencia del gasto público.

Por otra parte, la valoración sobre la eficiencia de los mercados va en retroceso. En el de bienes, Colombia ocupa una deshonrosa posición 126 en la penetración de las importaciones –consecuencia de la poca apertura al comercio internacional– y los empresarios dieron una mala calificación a la prevalencia de la propiedad extranjera, un signo preocupante para la inversión.

Más aún, los grandes descensos en el pilar de mercado laboral muestran que se percibe un ambiente hostil en contra de la actividad empresarial, en particular por los cambios recientes en la normatividad laboral.

Todos esto es determinante para retomar el crecimiento económico. Sin un Estado que genere confianza y un mercado que funcione eficientemente, es improbable que la inversión empresarial impulse la economía nacional.

El país, y en particular el Gobierno, deben entender la trascendencia de la competitividad para el logro de una paz sostenible. Esto solo se logra actuando.

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