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Los clásicos

Santiago Araoz-Fraser
POR:
Santiago Araoz-Fraser
enero 18 de 2012
2012-01-18 12:02 a.m.

 

Según Samuelson, la economía estudia la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios, es decir, es una ciencia social porque su objetivo es el hombre que cada vez más depende de la naturaleza y el medio ambiente. Esta disciplina tiene un bagaje sólido, pero no perfecto de conocimientos, teorías y saberes; muchos de ellos probados y comprobados como la ‘teoría de los precios’, que es una de las bases fundamentales de la microeconomía. Y otros, en debate y perfeccionamiento como es normal y corriente en los procesos que avanzan gracias al rigor científico.

En ese contexto se encuentran algunos teorizantes cuya influencia llega hasta nuestros días y está gravitando sobre el manejo que se está dando al mayor accidente macroeconómico y social contemporáneo: la crisis del 2008 que se prolonga en el mundo globalizado.

Algunos de los más notables se conocen como los clásicos. Tres economistas británicos que en su época le dieron el marco teórico y del desarrollo empresarial al imperio británico.

El más notable fue Adam Smith, escocés (1723-1790), autor de Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, cuyo aporte es la importancia de la mano invisible, es decir, que la libertad económica y empresarial es lo mejor para lograr la más alta racionalidad en el uso de los factores productivos, lo que conduce al trabajo especializado como fuente de riqueza mediante el uso pleno de la competencia como principio general.

Sus críticos consideran que sus aportes le dan poca importancia a lo social.

David Ricardo (1772-1823), iniciador de la teorización sobre el mercado internacional, mediante el uso de las ventajas comparativas, concepción básica para la globalización como tendencia dominante mundial, actualizada con la teoría de las ventajas competitivas, desarrollada en la Universidad de Harvard. Para sus críticos el incremento del mercado internacional fortalece a los poderosos.

El tercero de los grandes fue Thomas Robert Malthus (1766-1834), autor del Ensayo sobre el principio de la población, iniciador de la demografía, con visión pesimista, pues concluyó que el futuro sería la hambruna, que fue desmentido básicamente por los avances tecnológicos como lo entendió el austriaco Schumpeter.

La herencia de los clásicos ha sido influyente a favor y en contra de sus planteamientos, ya que hay una tendencia que los retoma y actualiza. Son los neoclásicos con origen en Austria con von Mises y von Hayeck, y con gobernantes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher y con el respaldo académico de universidades como la de Chicago.

Sus aportes para las políticas estatales prácticamente son universales en cuanto a la reducción del Estado y la responsabilidad fiscal. Pero para muchos analistas serios esa herencia intelectual también es responsable de la crisis más profunda y larga desde 1930.

Por lo tanto, un gran reto académico es generar modelos, políticas, proyectos y propuestas que aprovechen la tendencia dominante, pero que logren fusionarla con los necesarios correctivos en lo social. Todo para lograr un desarrollo con estratégica participación incluyente.

Santiago Araoz-Fraser

Investigador

santiago_araoz@hotmail.com

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