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Sergio Calderón Acevedo

Cañones o mantequilla

Lo que no ha sido debidamente cuestionado por la opinión pública es el jugosísimo aumento de los gastos en ‘Defensa’.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
agosto 28 de 2017
2017-08-27 07:06 p.m.
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El presidente republicano Dwight Eisenhower (1953- 1961) conoció mejor que cualquiera de sus homólogos el cruel costo de la guerra. Él fue el comandante de las fuerzas aliadas que derrotaron al criminal régimen nazi en 1945 y al imperio japonés, al cual le arrojaron dos bombas atómicas en menos de una semana.

Recién posesionado, Eisenhower pronunció el famoso discurso ‘Oportunidad para la paz’ (también conocido como el ‘Discurso de la cruz de hierro’). En él afirmó que “cada arma fabricada, cada fragata lanzada al agua, cada cohete disparado, significan, en su último sentido, un robo a aquellos que mueren de hambre sin recibir alimentos, aquellos que tienen frío y no son abrigados. El mundo en armas no gasta únicamente dinero: gasta el sudor de los obreros, el genio de los científicos, las esperanzas de los niños. El costo de un bombardero es el de una moderna escuela, de ladrillos, en más de 30 ciudades”.

Eisenhower entendió que al morir el genocida Stalin, al mundo se le abría la oportunidad de redireccionar el gasto para eliminar la pobreza, mejorar la salud, invertir en infraestructura física y proveer a la juventud con educación gratuita de alta calidad. El resultado fue el periodo de mayor crecimiento económico de EE. UU., etapa que fue frenada por sus sucesores, quienes alimentaron la hoguera de la Guerra Fría con mayor gasto militar.

El dilema entre la mayor asignación de recursos públicos a la guerra o a la paz, se conoce como el de ‘cañones o mantequilla’ (guns or butter), y se refiere a la prioridad que diferentes gobiernos dan a su gasto: uno productivo que permita más bienestar, empleos y crecimiento, o uno que sirva para comprar armamento, pagar a un numeroso ejército y lograr una supremacía territorial y política.

Conocido el proyecto de presupuesto general de la Nación para el 2018, queda al descubierto la orientación de la presente administración. Alegando que la austeridad se impone, muestran de fachada una reducción marginal del gasto, pero sin decir que esa disminución parte de una muy generosa adición hecha hace unos meses para llenar unos potecitos de mermelada.

Lo que allí se ve, y que no ha sido debidamente cuestionado por la opinión pública, es el jugosísimo aumento de los gastos en ‘Defensa’: la friolera de 8,2 por ciento de incremento para las Fuerzas Armadas, que en silencio presenciaron la capitulación ante las Farc, pese al rotundo no en las urnas en octubre. Con ello podrán seguir comprando camionetas, camperos y motos, relucientes uniformes y juguetes bélicos para pelear las guerras también perdidas del narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando y la más perdida de todas: ante la delincuencia común en las ciudades. Ah, y para salir relucientes en Soldados 1.0.

Mientras tanto, por cada peso que se gaste en el mencionado sector, se estará destinando unos 12 centavos en vivienda, 6 centavos en el sector agricultura, y apenas un centavo (sumado) en ciencia y en deporte. También se estará gastando 1,6 pesos en servir la deuda pública, que fue triplicada por el gobierno, que nos deja, como se lo propuso, un nuevo país.

Dijo el filósofo alemán Ludwig Andreas Feuerbach, en 1863, “Der Mensch ist, was er ißt” (el hombre es lo que come). Podríamos, en el caso de las finanzas públicas, decir que un país es aquello en lo que gastan sus políticos y supuestos administradores públicos.

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