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Sergio Calderón Acevedo
columnista

Francis Wehri, O. S. B.

El legado del padre Francis, un monje que llegó de las frías estepas de Dakota del Norte hace más de medio siglo, perdurará 

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
agosto 04 de 2017
2017-08-03 09:36 p.m.
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El 30 de julio pasado falleció en Bogotá el reverendo Francis Wehri, O. S. B. , padre benedictino de origen estadounidense y ancestro alemán. Murió a 5.370 kilómetros de Haymarsh Creek, el inhóspito lugar de Dakota del Norte donde nació, en 1935. Su vocación religiosa y de servicio comunitario, y los títulos en filosofía y psicología de la Universidad Saint John’s en Minnesota, lo trajeron a Colombia el viernes, 24 de junio de 1966. Había también estudiado teología y música, y había dirigido el colegio de la abadía benedictina de la Asunción, en Richardton, su estado natal. Con estas credenciales, y la humildad que acompañó toda su vida, el “cura Pacho”, como le decíamos la mayoría de sus afortunados dirigidos, llegó a dirigir el joven Colegio San Carlos, posición que ocupó durante medio siglo, hasta su retiro en el 2015.

Fueron casi cincuenta años de dedicación exclusiva a formar líderes y hombres que, con el ejemplo de Father Francis, sobresalen en la ciencia, el mundo empresarial, la política, la cultura, la música, la educación, los deportes. En fin, en todos los campos de una sociedad que no es la misma que encontraron los monjes benedictinos cuando aterrizaron en la entonces fría Sabana de Bogotá, en 1960.

Father Francis entregó su vida entera al Colegio y a las obras sociales de la comunidad benedictina en Bogotá. El mejor reconocimiento a su labor fue hecho este año por los periodistas Rafael Santos Calderón (exalumno 1972) y Miguel Silva (exalumno 1980), quienes escribieron el libro Eight days a week, un conmovedor y emotivo relato de la vida del Padre y del colegio, que no pueden hasta ahora ser considerados distintos.

De la vida del padre Francis quedan el ejemplo y muchas lecciones. Además de la permanente búsqueda de la excelencia académica, Wehri nos inculcó valores esenciales que guían y acompañan nuestras vidas, y por ello estamos eternamente agradecidos. La férrea disciplina nunca fue incompatible con la pluralidad y la tolerancia. Ni la apariencia física, ni la posición social, ni las banalidades que dominan muchos ámbitos de la vida social, fueron impedimentos para que el colegio cuente entre sus exalumnos a los hijos de los más humildes o de los más poderosos de Colombia.

Tampoco las diferencias ideológicas lograron polarizar las relaciones en los salones de clase. Por el contrario, father Francis siempre estimuló la discusión y el estudio, dentro de un marco de enorme respeto y aceptación. Permitió y fomentó las diferencias con el fin de enriquecer todos los debates para que cada alumno viera a su modo la realidad de un país tan difícil de entender. Pero para ello había que estudiar, investigar, estructurar y saber defender las posiciones.

Pero la mayor lección que nos dejó, fue demostrarnos todos los días la importancia de la oración y del trabajo (ora et labora, el lema del colegio y de la comunidad), para entender que los atajos no existen, que el éxito solo se encuentra antes del trabajo en el diccionario. Que la vida no admite fast tracks ni trampas similares para justificar los medios, aunque es hoy una práctica difundida y tolerada.

El legado del padre Francis, un monje que llegó de las frías estepas de Dakota del Norte hace más de medio siglo, perdurará por su contundencia y su verdad. Gracias father.

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