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Sergio Calderón Acevedo
columnista

Más lecciones europeas

Aquí, los conglomerados financieros, industriales y comerciales seguirán presenciando estas batallas, mientras duplican sus utilidades.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
junio 19 de 2017
2017-06-19 03:44 p.m.
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A pesar de la abolición de las fronteras políticas entre los países miembros de la Unión Europea, aún hay unos pocos obstáculos a la integración total. En el tema de movilidad, ni siquiera existen cercas, alambrados o barreras físicas. Hay ciudades como Aquisgrán (Aachen, en alemán), la cuna de Carlo Magno, que tiene calles en Alemania, Holanda y Bélgica. Algo similar sucede con Irún, en el País Vasco, y Hendaya, en el lado francés. O en Maastricht. O en Lörach, Basilea y St. Louis. Hay, no obstante, ámbitos en los cuales el avance de la regulación va a pasos más lentos. Pero la resistencia va siendo sometida.

El 15 de junio pasado, entró a regir la medida decretada por el Parlamento Europeo para abolir los cobros por roaming en telefonía celular, a los más de 500 millones de habitantes de los 28 países de la Unión Europea. Otro avance más en el más exitoso proceso de integración económica de la historia. Pero también un hito en el tema de trato justo al consumidor por parte de las empresas que prestan servicios de interés público.

Desde este verano, los paseantes podrán viajar dentro de la UE y llamar a casa o a sus amigos en el país anfitrión, sin tener que sufrir recargos abusivos por parte de las gigantes de las telecomunicaciones: Orange, Vodafone, Deutsche Telekom o Movistar.
Podrán acceder a internet y a sus servicios favoritos como si estuvieran en su lugar de residencia. Con la misma calidad, intensidad y, lo mejor, al mismo precio.

Algo similar ocurre con los servicios que presta la red bancaria en la zona euro (19 Estados). Al existir desde 1999 como unidad de cuenta, y desde el 2001 como medio de pago, las transacciones en euros, como pagos, transferencias, depósitos, débitos, no tienen cobros de ninguna índole. Se estableció la conectividad entre todos los bancos centrales y la banca de cada país, para que el movimiento de dinero no se diferenciara del que normalmente se venía haciendo en moneda local.

Desde hace muchos años Jean-Jacques ha podido cruzar, sin problemas, a España, quedarse allí, si quiere, y se empadrona; puede pagar con su tarjeta débito del BNP en cualquier restaurante o local comercial en Pamplona, sin que le cobren siquiera comisión por el uso del datáfono, y ahora también puede llamar a sus amigos sin recargo, mientras les cuenta sus aventuras en el San Fermín.

El regreso del centro a la política francesa y, el muy seguro triunfo de Angela Merkel (CDU), acompañada por Christian Lindner, del resucitado FDP, en las elecciones en Alemania, el próximo septiembre, apuntalarán este exitoso proceso, para el pesar de los euroescépticos. Los consumidores europeos seguirán disfrutando el amparo de buenos gobiernos.

Mientras tanto, aquí seguiremos hundidos en la división interna, que, a duras penas, da para mantener una frágil unidad territorial. Nuestro parlamento seguirá en la lucha intestina por obtener la porción más generosa de la mermelada. El equipo económico continuará propagando sus falsos positivos en crecimiento, inversión y exportaciones de rosas a las Islas Seychelles. Y el consumo y la inversión, puntales del crecimiento, seguirán cayendo en picada, en una recesión que promete ser peor que la del legado samperista, en 1999.

Y los conglomerados financieros, industriales y comerciales, seguirán presenciando estas batallas, mientras duplican sus utilidades, porque nos cobran roaming hasta por pasar a otro barrio, o comisiones porque nuestro empleador nos paga el salario. A estas, ¿dónde están los superintendentes?

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