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Simón Gaviria

El futuro del crédito

Simón Gaviria
POR:
Simón Gaviria
junio 15 de 2011
2011-06-15 12:01 a.m.
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Los menos favorecidos en Colombia no ahorran porque las cuentas de ahorro sean costosas, sino porque no tienen plata.

Esta reflexión sería obvia para muchos, pero es ignorada cuando se diseñan políticas públicas de crédito para ellos.

Para la mayoría de los casos tiene sentido que en estratos 1 y 2, a la hora de recibir ingresos, los gasten inmediatamente en bienes durables. La compra de la nevera ayuda a hacer el mercado para el mes y no día a día, que es más costoso. Adquirir la moto permite expandir las posibilidades laborales y disminuir los tiempos de desplazamiento. Por eso, muchas veces se confunde la no capacidad de ahorro con la imposibilidad de asumir un crédito.

En los últimos años hemos visto un gran entusiasmo y consenso en torno a la bancarización, que las personas posean cuentas bancarias. Se cree que si las tienen, van a ahorrar más y poder tener crédito.

El último informe de la Asobancaria sobre la bancarización muestra un aumento del 2006 al 2010 del número de adultos con cuentas bancarias de 12,6 a 17,4 millones, un incremento del 38,1%.

El texto también revela que en el mismo periodo sólo el 30,8% de los propietarios de cuentas lograron algún tipo de crédito. Puede que se masifique la bancarización, pero la conclusión es que eso no necesariamente aumenta el crédito disponible para los pobres, pues sólo el 3,9% de su totalidad son microcréditos.

El problema de fondo es que Colombia es un país altamente informal.

El Dane estima que el 57% de los ocupados y el 59% de las microempresas son informales, y, aunque estos tengan cuentas bancarias, certificar sus ingresos sigue siendo un problema.

Los modelos actuales de percepción de riesgo van a llevar a que nunca se masifique el crédito de los informales. Si queremos hacerlo tenemos que cambiar la película, empezar a mirar gastos y no ingresos.

Aunque no podamos certificar los ingresos por la informalidad de la persona, si esta lleva un ritmo de gastos avalado, garantizaría que podría asumir una cuota mensual de un crédito. Por ejemplo, un individuo, que de forma certificada gasta mensualmente 2 millones de pesos en los últimos doce meses, podría acceder a un crédito con una cuota mensual de 500 mil pesos.

El reto para el Gobierno es promover un sistema comúnmente aceptado y de público conocimiento de certificación de gastos.

En otras palabras, un sistema de pagos masivo que contenga la información referente a la capacidad de gasto del usuario.

Actualmente hay diferentes modelos y varias experiencias internacionales exitosas. Las empresas de celulares están innovando con respecto a las diferentes maneras de pagar a través de celular, y las de giros y remesas también muestran ideas novedosas sobre crédito informal. En un futuro cercano los sistemas integrados de transporte masivo van a ofrecer tarjetas inteligentes, Codensa ha mostrado innovaciones a través de las facturas de servicios públicos para otorgar crédito.

Independientemente de cuál de estas modalidades se imponga, para el Gobierno debe ser prioritario impulsar los sistemas de pagos y garantizar una plataforma abierta del intercambio de la información.

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