1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Stefano Farné
Análisis

Mercado laboral: ojo al campo

Según los últimos resultados de las encuesta de hogares del Dane, el desempleo ha crecido solo un punto decimal, de 11,7 por ciento en enero del 2017 a 11,8 por ciento en el mismo mes del 2018.

Stefano Farné
POR:
Stefano Farné
marzo 12 de 2018
2018-03-12 08:50 p.m.
http://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc380722a4.png

A pesar de los tranquilizadores mensajes que nos aseguran que la economía colombiana está en recuperación, la situación laboral del país continúa agravándose a un ritmo acelerado. Es verdad que, según los últimos resultados de las encuestas de hogares del Dane, el desempleo ha crecido solo un punto decimal, de 11,7 por ciento en enero de 2017 a 11,8 por ciento en el mismo mes del 2018. Sin embargo, este comportamiento de la tasa de desempleo constituye una prueba más de lo poco adecuado que puede resultar en algunas ocasiones este indicador para el análisis del mercado de trabajo.

Tal vez, lo dramático de la situación se puede resumir en lo siguiente: en Colombia, durante los primeros seis meses del primer gobierno Santos, se generaron poco más de 800 mil nuevos puestos de trabajo en todo el país, en promedio, cada mes. En el último semestre agosto-enero del 2017 vs. agosto-enero 2018, los nuevos empleos fueron apenas 90 mil, promedio mes. Es decir, hace ocho años la generación de puestos de trabajo era casi diez veces la actual.

Volviendo a tiempos más recientes, el mencionado aumento del empleo nacional en el último semestre no ha sido suficiente para enfrentar el crecimiento de la población en edad de trabajar (PET). Como consecuencia, la tasa de ocupación (el número de ocupados divididos por la PET) ha disminuido todos los meses desde agosto del 2017. Es decir, el número de personas que trabajan como proporción de la población que está legalmente facultada para hacerlo, viene disminuyendo desde agosto del año pasado.
Este es mejor indicador de la situación ocupacional de un país que la tasa de desempleo, la cual pierde poder explicativo especialmente cuando muchos de los que pierden su empleo no vuelven a buscar trabajo y se retiran a la inactividad.

Desagregando por dominio geográfico, se encuentra que la ocupación prácticamente no crece en las áreas urbanas y que el reducido número de empleos que se genera en el país cada mes, se origina casi todo en el campo.

A su turno, en las zonas rurales las únicas categorías ocupacionales que crecen son los empleadores y los trabajadores familiares sin remuneración. En especial, los empleadores –es decir las personas que según el Manual de Recolección y Conceptos Básicos del Dane dirigen su propia empresa o ejercen por cuenta propia una profesión u oficio, y que, además, contratan a uno a más empleados- en el último trimestre crecieron a una tasa interanual de 41,3 por ciento–. Frente al aumento tan notorio de los empleadores, resulta curioso que las personas que ellos deberían emplear, i.e. los asalariados del sector privado, por el contrario disminuyeron a una tasa interanual de -6,6 por ciento.

Adicionalmente, la inspección de las cifras del campo presenta otras sorpresas tales que, desde enero del 2018, la tasa de crecimiento de la PET en las zonas rurales exhibe una brusca inversión de tendencia: de decreciente se volvió creciente, como lo muestra el gráfico. Este es un comportamiento demográfico inusitado. De hecho, improvisos y abruptos cambios en la tendencia de la PET son consecuencia de fenómenos demográficos extraordinarios, como una guerra o migraciones masivas.

Los primeros candidatos para explicar este fenómeno, entonces, parecerían ser los venezolanos que, sabemos, todos los días emigran hacia Colombia en búsqueda de un mejor futuro o los desmovilizados tras el acuerdo de paz. Consultas en el Dane nos explicaron que, más bien, los emigrantes venezolanos y los desmovilizados colombianos, se dirigen a vivir en las ciudades. Así que, de verificarse un aumento de la PET, debió registrarse en las zonas urbanas y no en las rurales.

Más bien se nos reveló que se había detectado un incremento de la fecundidad en Colombia, es decir, del coeficiente entre el número de nacimientos en un determinado periodo y las mujeres en edad fértil. Ahora bien, si esto es cierto, ¿Qué habrá hecho que, hace aproximadamente una década, el mismo mes del año, un buen número de colombianas de todas las edades residentes en el campo (solo en el campo) hayan decidido concebir un hijo?

La cosa se hace aún más curiosa si se consideran los efectos sobre el empleo nacional de este inesperado comportamiento de la PET. De hecho, si esta población hubiera mantenido su tendencia decreciente, así como viene mostrando hace tiempo, en el país habrían casi 40 mil empleos menos y la tasa de crecimiento interanual de la ocupación nacional en enero último no habría sido de 0,5 por ciento, sino de 0,3 por ciento. ¡Ojo al campo!

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado