1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Tomás Uribe

¿Acuerdo de género?

Tomás Uribe
POR:
Tomás Uribe
septiembre 01 de 2011
2011-09-01 12:42 a.m.
http://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7d270b0310.png

 

En Colombia y el mundo, muchas mujeres rechazan el ‘machismo gramatical’ del pasado y rehusan ser cobjiadas por susbstantivos masculinos: chairman (presidente), ‘secretario general’, ‘el hombre’ (en vez del ‘ser humano’), ‘amigos’ (cuando el término incluye hombres y mujeres)...

La manera de superar esta tradición machista depende del entorno etnolingüístico. Allí donde no existen dos formas claramente identificadas con el género (como waiter, mesero, y waitress, mesera), el inglés moderno se orienta hacia el uso de palabras ‘neutras’ o ‘ambigenéricas’ como chair/chairperson y humans (seres humanos), igualmente aplicables a hombres y mujeres.

¿Cuál sería el equivalente castellano? Podemos preferir ‘humanos’ a ‘hombre’ para referirnos a nuestros antepasados.

También hemos dejado de hablar de ‘azafata’ u (ocasionalmente) ‘sobrecargo’ para pensar en ‘tripulantes’ o ‘miembros de la tripulación’. Igual evolución ha tenido el inglés, con el tránsito de steward/stewardess a flight attendant.

En español, sólo las terminaciones ‘o’ y ‘a’ van casi siempre asociadas con hombre y mujer, varón y hembra.

Al pasar de una terminación a otra, se cambia de género: amo y ama, guerrero y guerrera, mendigo y mendiga. Lo propio ocurre con palabras como campeón y campeona, francés y francesa, héroe y heroína.

Las palabras terminadas en ‘e’ pueden ser tanto femininas (especie, parte, serie) como masculinas (cable, despliegue, límite) y esto también se aplica a las que terminan con consonante: cárcel y carriel, lápiz y nariz, sarampión y consunción.

Por ello, no se entiende la necesidad de hablar de ‘jefa’, ‘jueza’ o ‘presidenta’, cuando el uso de la ‘la jefe… juez… presidente’ superaría con igual propiedad (y acaso más economía y elegancia) la tradición machista que reservaba estos términos al género masculino.

La opción alternativa (generalmente limitada a las familias lingüísticas semítica e indoeuropea) consiste en adjuntarle una forma feminina a cada palabra masculina aplicable a seres vivos y que no termine con ‘o’, a la manera del alemán: diener y dienerin (sirviente y sirvienta), sekretär y sekrëtarin" (secretario y secretaria), minister y ministerin (ministro y ministra).

¿Valdrá la pena hacerlo en español? Allí donde tales formas ya existen o son una extensión lógica del uso establecido, santo y bien. Cuando un plural cobija ambos géneros, surte efecto similar el empleo yuxtapuesto del artículo feminino y masculino: ‘las y los amigos’, ‘las y los parientes’.

La corrección política en una lengua puede tomar orientaciones contrapuestas a las de otras. El inglés habría podido substituir chairman por chairwoman cuando de una mujer se trata, así como mantener steward y stewardess en vez de preferirles flight attendant.

Deliberadamente, no lo hizo: se aplica a borrar las diferencias de género cuando no son esenciales para caracterizar al sujeto aludido.

Proceder en otra forma marca una diferenciación que va más allá de la naturaleza del personaje o la función de su oficio y puede inclusive servir para discriminar. ¿No es éste también un criterio esencial en nuestro mundo hispano?

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado