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Tomás Uribe

Ruego a los economistas

Tomás Uribe
POR:
Tomás Uribe
octubre 28 de 2011
2011-10-28 04:17 a.m.
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Es mucho lo que pueden hacer los economistas para mejorar el castellano y, en primer lugar, no estropearlo. Hablar de consumo ‘duradero’ en vez de ‘durable’ y de ‘coherencia’ (y no ‘consistencia’, cuya acepción castiza es ‘solidez’) con las reglas y los principios de la OMC es un buen inicio. También: aludir a la toma de ‘represalias’ comerciales y no de ‘retaliación’, palabra tan inexistente en español como ‘retaliar’.

Explicar que una salvaguardia no ‘aplica para’ un fuerte y repentino auge en el volumen importado, sino que ‘se aplica a’ dicho escenario. Precisar que la solución de controversias permite dirimir asuntos ‘controvertidos’ y no ‘controversiales’ (otro gran ausente del D.A.R.E.). Dejar constar que las partes llegarán a un acuerdo ‘tarde o temprano’ y no ‘eventualmente’ –lo cual puede significar lo contrario– y esperar que el acuerdo sea ‘incluyente’ y no ‘comprensivo’ (benévolo). Juzgar un resultado ‘robusto’ porque no depende de la forma de medición utilizada, pero no ‘robusto a’ (o ‘robusto para’) dicha medición. ‘Revertir’ una tendencia y no ‘reversarla’.

Cuando el economista se unta de política social o ambiental, tiende a hablar de ‘malnutrición’ y ‘malnutridos’ antes que de ‘desnutrición’ y ‘desnutridos’, como precisa, o de ‘sustentable’ en lugar de ‘sostenible’. Más aún, para justificar su desliz, postula una diferencia de sentido imaginaria entre la forma castiza (desnutrición, etc.) y el barbarismo conexo.

El economista no está solo: otros grupos acolitan el abaratamiento de la lengua. La mayoría de los comités ya no se rigen por ‘órdenes del día’, como antes, sino por ‘agendas’ y, cuando de una colectividad se trata, estas son elevadas a planes de acción, como la agenda interna del TLC que el Gobierno Nacional busca resucitar tras años de atonía. Cualquier comentarista deportivo preferirá el ‘triunfo’ a la ‘victoria’, pese a las importantes diferencias cualitativas y cuantitativas entre esta y aquel. Muchos cambistas usan indiferentemente ‘rata’ y ‘tasa’ de cambio, siendo correcta la segunda y un anglicismo burdo la primera. El uso corriente de ‘panel’ desborda ampliamente el de ‘hoja mural’ o ‘tablero’, hasta el punto de resultar insubstituible en muchas acepciones.

Entre los economistas más castizos están los de izquierda. Puede no haberle ido bien a Aurelio Suárez en su campaña por la Alcaldía, pero casi siempre ha sido impecable su uso de la lengua en cualquier contexto: técnico, político, filosófico o de tertulia. Lo propio se aplica a su contrincante Gustavo Petro y a Clara Eugenia López, Jorge Robledo y otros más, o sea que más pueden sus afinidades culturales que las diferencias eventuales en sus tomas de posición políticas. Este no es, sin embargo, un planteamiento político: tan solo hacen falta cierta dosis de humanismo, alguna estructura educativa y un mínimo de fe en nuestra identidad lingüística. O sea que la esperanza es para todos, incluidos nuestros economistas del ‘centro político’ o ‘mainstream’.

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