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Este es mi oficio/ Vendedor de dulces: 45 años 'guerreando' en la calle

Gratiniano Ramírez nació hace 63 años en el municipio de Pacho (Cundinamarca). Cuando tenía 14 años sus padres se mudaron a El Castillo (Meta) y unos años después, a Bogotá.

Gratiniano Ramírez, vendedor de dulces.

Tendencias Por: Javier Acosta

Al oficio de vendedor ambulante llegó por casualidad. Siendo adolescente empezó a vender helados, y hoy tiene un puesto móvil de dulces y cigarrillos debajo del puente de la calle 26 con carrera 68 A, a donde llega todos los días a las 5:00 de la mañana.

(Lea: ‘Un cliente me tuvo más de una hora en el teléfono’). 

¿Cómo entró al negocio de vender dulces en la calle?

A esto llegué porque yo trabajaba en un edificio del centro de Bogotá haciendo mandados, de ayudante de construcción y haciendo oficios varios. Un día llegó un amigo y me dijo que me fuera a vender helados a Monserrate.

¿Helados en Monserrate?

Sí. Así lo dude. A las 2:00 de la mañana.

¿Me imagino que hasta los helados se quejaban del frío?

Sí señor. Muchos no lo creen pero este es un oficio muy rentable. En la temporada de Semana Santa nos iba muy bien. A eso me dediqué durante más de 20 años. Llegábamos a las 2:00 de la mañana y a las 5:00 ya habíamos vendido 200 o 300 helados, porque la gente llegaba caminando y con sed.

¿Y por qué dejó de vender helados en Monserrate?

Porque nos expulsaron del lugar. Además, ya me estaba enfermando de la columna por el peso de la nevera.

¿Y cómo se pasó a la venta de dulces y cigarrillos?

Un día estaban vendiendo un puesto en el centro y yo lo compré. Vendía chance, minutos de celular, dulces, cigarrillos y muchas cosas. Ahí duré otros 20 años.

Pero muchas veces la Policía hacía batidas, me quitaban la mercancía y me tocaba volver a empezar. Muchas veces me dejaron sin con qué comer. Ya llevo 45 años 'guerreando' en la calle, y me estoy volviendo viejo.

¿Cómo llegó a este sitio de Bogotá?

Como yo venía a Caprecom a que me atendieran por el Sisbén, me di cuenta de que este podía ser un buen punto para vender dulces y me ubiqué acá. Y me ha ido bien.

¿La policía no le dice nada?

No, afortunadamente. El Club de la Policía está aquí a una cuadra, y son mis mejores clientes. Inicié con una cajita de dulces y ya llevó casi diez años en este lugar.

¿Quiénes son sus clientes?

La gente que transita por la calle, pero los más importantes son los que trabajan por acá cerca. Aquí vienen personas de todos los niveles. Doctores, ejecutivos, mensajeros, secretarias, operarios, vigilantes, policías y personas comunes y corrientes.

(Un camionero cuenta cómo su vehículo es la empresa, el hotel y la herramienta de trabajo). 

¿Cuánto tiene invertido en su negocio?

En surtido tengo invertido más o menos $1’500.000, pero el carrito con el parasol vale unos $400.000.

¿Cuánto vende en un día?

En días buenos vendo $200.000 y cuando está malo unos $150.000. Hay cosas que le dejan a uno el 10%, el 20% y hasta el 30%.

¿Cuáles son los días malos?

Cuando llueve, porque la gente no sale a la calle.

¿Qué productos son los que más vende?

Lo que más vendo son mentas, Coffee Delight y cigarrillos al detal.

¿Cuántas cajetillas vende al día?

Al detal, unas diez cajetillas de diferentes marcas, pero principalmente Mustang y Marlboro.

¿Qué productos de los que usted no tiene son los que más le piden?

Muchos, pero lo que la gente más me pregunta es por direcciones.

¿Cómo así?

Sí. Es que la gente llega aquí a preguntar por direcciones de la zona. A mí me iría mejor vendiendo direcciones. Yo les informo y algunos compran aunque sea un dulce. Pero uno se siente bien ayudándole a la gente.

¿Usted cuándo descansa?

Cuando quiera. A veces me tomo un día y hasta una semana, en temporadas malas como en Semana Santa, finales de diciembre y en enero.

¿Sale a vender los fines de semana?

No señor, yo solo trabajo lunes, martes y miércoles. No vengo jueves, viernes, sábado ni domingo porque las ventas no son buenas. Los sábados voy a la entrada del Club de la Policía con mis dulces a venderles a los que vienen a rumbear o a celebraciones. Ahí estoy cuatro horas, de 6:00 de la tarde a 10:00 de la noche.

¿Y qué hace cuando no sale a trabajar?

Me voy para donde mi hermano o mis sobrinos. Nos vamos a recorrer centros comerciales y parques. Me gusta mucho jugar bingo, entonces me voy para unos sitios que hay en Kennedy y en Soacha.

Usted vende minutos ¿le han robado los celulares?

Claro que sí. Eso es lo que más roban acá. Por eso le toca a uno estar muy atento porque piden el celular para hacer una llamada y se van con el aparato y todo. Uno no lo puede amarrar con una cadena porque a la gente no le gusta que uno escuche lo que hablan, pero a veces se hacen los bobos y lo roban a uno.

¿Se va a pensionar vendiendo dulces?

No. Yo nunca aporté para eso. Hoy tengo 63 años y debo seguir en este oficio porque no tengo nada más que hacer. Afortunadamente logré inscribirme al Sisbén. Hace un año estuve hospitalizado porque me dio una trombosis. Duré más de un mes sin venir a trabajar. Eso me dio duro.

¿Y su familia?

Solo tengo un hermano que es celador. Mis papás murieron hace muchos años. Pero yo vivo solo.

Édmer Tovar Martínez
Editor de Portafolio impreso