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El hombre que lleva 35 años lavando carros mientras le sale algo mejor

La hoja de vida de Luis Hernán Triana es corta: nació hace 60 años en la Palma, estudió hasta quinto de primaria y llegó a Bogotá hace 42 años.

Luis Hernán Triana nació hace 60 años en la Palma (Cundinamarca)

Tendencias Por: Portafolio

El promedio histórico de vehículos diarios lavados por Triana indica que por sus manos han pasado un poco más de 70.000 carros particulares, cifra similar al total de las ventas de autos nuevos en el país, durante tres meses y medio.

Cuando tenía 18 años, este joven palmeño fue traído a la capital por un tío que luego se pensionó lavando carros en la ciudad. Y aunque ingresó al oficio por influencia familiar y mientras encontraba algo mejor, hoy sigue en el mismo trabajo y está a dos años de obtener su jubilación, gracias a que nunca ha dejado de cotizar.

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¿Cuánto hace que lavó el primer carro?

Hace 35 años. El tío que me trajo a Bogotá estaba trabajando en esto y me quedé con él.

¿Recuerda cuál fue el primer carro que lavó?

Ni idea, porque yo inicié como ayudante de mi tío cuando apenas tenía 18 años. Hoy tengo 60 años y no he parado de lavar carros.

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¿Cuántos carros lava al día?

Eso es muy variable. Depende del estado del tiempo. Más o menos lavo entre 5 y 10 carros. A veces logro llegar a los 12 y 15 carros.

¿Hay días que pasan en blanco?

Sí señor, hay jornadas en las que ni siquiera bajamos bandera. Uno viene a trabajar y lo que hace es gastar plata en transporte y almuerzo.

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¿Qué días sucede eso?

Cuando hay día sin carro, manifestaciones o cosas que afecten el libre tránsito de los vehículos.

También puede suceder cuando llueve todo el día, porque nadie hace lavar el carro.

¿Cuánto gana usted por cada vehículo lavado?


Nosotros ganamos el 40% del valor total del servicio. Eso significa que por un automóvil común y corriente, cuyo lavado vale 12.000 pesos, nosotros recibimos 4.800 pesos. Cuando es una camioneta, el servicio cuesta 16.000 pesos, nuestro ingreso es de 6.400 pesos. Si uno logra que un cliente ordene todos los servicios, logramos hacer moñona.

¿Cuánto recibe por una moñona?


Una moñona le representa al lavador un pago de 16.000 pesos, es decir el equivalente a casi cuatro lavados generales.

¿El pago del 40% incluye la seguridad social?

No señor. A nosotros nos toca pagar aparte la seguridad social, es decir, salud y el aporte para la pensión.

¿Usted está cotizando para la pensión?

Sí. Afortunadamente he sido muy juicioso en eso. En dos años cumpliré la edad y las semanas cotizadas. De esa manera, Colpensiones me reconocerá la jubilación, así sea de un salario mínimo.

¿El pago lo recibe a diario?

Sí señor, a diario y en efectivo. La verdad es que esto de lavar carros es un desvare.

¿Pero lleva 35 años en desvare?

Así es, ese es el resultado de no haber tenido la oportunidad de estudiar.

¿Ha intentado trabajar en otra cosa?


Sí. En construcción y en otro tipo de rebusques, pero el trabajo no es constante. Solo lo contratan a uno por el tiempo que dure la obra. Además ese es un oficio físico muy duro.

¿Qué es lo que menos le gusta del oficio de lavar carros?

Lo más difícil es lavar un carro por debajo.

¿Por qué?

Porque a uno le cae todo el barro y la grasa en la cabeza y el cuerpo.

¿De qué es lo que más se enferma un lavador de carros?


Nosotros vivimos todo el tiempo con gripa, porque siempre estamos mojados de la cabeza a los pies. Además, respiramos el polvo que se levanta con la aspiradora. También sufrimos de cortadas en las manos y en los dedos, debido a que siempre están mojadas y cualquier rose nos produce heridas.

¿Los clientes les dan propina?


No todos, pero sí hay unos que lo hacen. La mayor propina son 5.000 pesos, es decir, lo mismo que ganamos por lavar un carro. Esa es una propina buena. Pero la mayoría nos da el 10%, es decir, 1.000 o 2.000 pesos. Pero también hay personas que nos dan nada.

¿Cuál es el tiempo que más les favorece a ustedes?

Cuando hay una mezcla entre invierno y verano. Es decir, que llueve y hace sol. A los dueños se les enmugra el carro con los aguaceros, y cuando sale el sol lo hacen lavar.

Y ¿cuáles son los días más malos para ustedes?

Es malo en verano, es decir, cuando no llueve durante varios días o semanas seguidas porque el vehículo sigue limpio, o en invierno, porque llueve todo el tiempo y las personas prefieren no hacerlo lavaro.

Por lo general, ¿cada cuánto una persona hace lavar su vehículo?

Más o menos cada semana, aunque hay quienes lo traen cada dos o tres días, mientras que algunos solamente cada uno o dos meses.

¿Qué días de la semana son los mejores para los lavadores de carros?


En realidad, en este oficio uno no sabe qué día es bueno ni qué día es malo. Eso depende del estado del tiempo, pero la verdad es que los sábados y los domingos son los días que la gente más saca tiempo para hacer lavar el carro.

¿Qué autos son los más difíciles de lavar?

Las camionetas tienen más trabajo pero el pago es mucho mejor. Y si el cliente pide que hagamos lavado de motor, general y polichado, hacemos moñona.

¿Para ustedes qué es un cliente bueno?

El que trae el carro de manera frecuente, da propina y no está encina de uno vigilando.

¿Qué es un cliente complicado?

El que se hace detrás de uno a vigilar el trabajo. A veces ni espera que uno haga el oficio y ya está diciendo que hay que secar un vidrio, el espejo o hacer esto o aquello. Hay momentos en que toca ‘bañarse’ de paciencia a la hora de atender a un cliente cansón. Y lo peor es que al final de todo ni da propina.

También hay algunos que quieren que uno les ‘poliche´ el carro gratis.

¿Cuáles son las quejas más comunes de los clientes?

Algunos dicen que se les perdió algo de valor que tenían en el vehículo, o incluso monedas o billetes. Antes nos acusaban de quedarnos con los CDs de música. La verdad es que uno de los requisitos para trabajar en este oficio es la honradez.

¿Cambiaría de oficio?

Ya no contemplo esa opción. Me toca aguantarme dos años más, me pensionaré y regresaré a mi tierra, a vivir mi jubilación en el campo. Me dedicaré a sembrar caña panelera en un pedacito de tierra que me dejó mi madre.

Édmer Tovar Martínez
Editor de Portafolio impreso