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'Ser tendero es como tener un negocio por cárcel'

A Pedro Antonio Cubillos parece que el destino lo tenía matriculado para ejercer uno de los oficios más antiguos y amigables del país: tendero.

Pedro Antonio Cubillos, tendero.

Tendencias Por: Portafolio

El futuro le llegó desde su nacimiento. Su padre era tendero y comercializador de carne en Vergara (Cundinamarca) y así sostuvo a sus hijos quienes siguieron sus pasos en la actividad comercial.

Llegó a Bogotá hace 30 años sin dudar un momento en que su oficio era el mismo que lo vio nacer: comerciante. Montó una pequeña cigarrería en el centro de la ciudad, luego se trasladó para Quinta Paredes y hace 20 años inició con la tienda ‘La Caseta’, en el barrio Samper Mendoza de Bogotá.

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¿Qué es ser tendero?

Este es un oficio muy duro. Si uno quiere tener un buen negocio, el 80% de su vida debe pasarla en el local. Es como estar preso. El dicho de que el que tenga tienda que la atienda, es una realidad.

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¿Cuántas horas al día permanece en la tienda?

Abrimos a las 7:00 de la mañana y cerramos a las 10:00 de la noche, es decir 15 horas diarias, durante 363 días del año, pues los únicos días que no atendemos es el primero de enero y el viernes santo.

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¿Preso con la familia?

Exacto. Aquí nos la pasamos mi esposa y yo todo el tiempo. Además, tenemos dos personas externas que nos ayudan.

¿Toman algún periodo de vacaciones?

Sí, unas dos semanas al año nos vamos de paseo a cualquier parte del país.

¿Cómo es la relación con los clientes?

La relación va más allá de la de un comprador y un vendedor. Es más, esta es una tienda diferente. El 90% de las ventas son a domicilio. Entonces hay muchos clientes que yo no conozco. Por eso tengo cuatro muchachos que hacen domicilios, en dos turnos. Aquí genero cinco puestos de trabajo permanentes.

¿La competencia es muy dura?

Sí. Hay otras tiendas, pero el domicilio es mi fuerte. El problema no es la competencia normal, sino la que hacen las cadenas de bajo costo. Todos sabemos que algunos de sus productos no son de la mejor calidad, pero las autoridades no hacen nada para evitarlo. Si los tenderos somos el gran dinamizador del comercio, ¿por qué no nos protegen contra estos casos? El 60% de las ventas de este tipo las hacemos nosotros.

¿Cuántos productos tiene en esta tienda?

Yo creo que tengo unos 1.000 productos.

¿Y las cuentas las lleva a mano?

Sí señor. Este es un oficio en el que se requiere memoria y experiencia. Hay que saberse los precios desde una aguja hasta una libra de carne.

¿Cuáles son los productos que más vende?


Lo que más se vende es lo básico en las necesidades de un hogar: leche, arroz, aceite, gaseosa, azúcar, sal, pasta, arepas, verduras, carne y pollo, entre otros.

¿Tiene cuaderno con lista de personas a las que les fía?

Sí, pero ya la tengo muy depurada. La experiencia me ha enseñado a identificar a quienes son realmente clientes buena paga. Mi lista de clientes a quienes les fío no pasa de 10 personas. Es que los que primero llegan a una tienda a pedir fiado, son los tramposos.

¿Cómo es la relación con los proveedores?

Ellos cumplen con su oficio. Les corresponde vender sus productos y a nosotros también. Si un proveedor no me sirve busco otro. Nosotros nos abastecemos de muchos sitios. Uno siempre encuentra sitios para comprar más barato y de calidad. Aunque a nosotros los tenderos nos dan crédito yo nunca uso eso. Yo pago de contado.

¿Cómo maneja el tema de las devoluciones de productos dañados o averiados?

Eso se hace por fecha de vencimiento. Uno está pendiente de comprar solo lo que no esté a punto de vencerse. En algunos productos la rotación tiene que ser casi diaria. Los productos defectuosos también los devolvemos. Este es un negocio que hay que abastecerlo a diario.

¿Todos los productos se los traen los proveedores?

No todos. Por ejemplo, las verduras y la carne hay que ir a traerlas, mientras que el resto de productos nos los llevan al negocio.

¿Cómo trabajan con los productos nuevos que la gente no conoce?

Posicionar un producto, a menos de que tenga publicidad en televisión, es muy difícil. Porque la gente es muy ‘marquera’. Ellos piden a domicilio una bolsa de leche de una determinada marca, y no se les puede llevar de otra porque la devuelven.

¿Hay algún producto que a usted le gustaría vender y que no tiene actualmente?

Sí. He querido ampliar la línea ‘light’ o ‘fitness’. Pero son productos muy restringidos.

¿Los proveedores no les ofrecen ese tipo de productos?

Es que muchas marcas tienen artículos destinados a ofrecer en el canal tienda a tienda y otros que son exclusivos para las grandes superficies. A nosotros no nos despachan productos de la línea light, entonces no podemos competir en este renglón.

¿En general, cuál es el margen de utilidad de este negocio?


Eso oscila entre el 5% y el 10%. Unos productos más y otros menos.

¿Recuerda algún día en el que haya tenido ventas excepcionalmente altas?

Claro. En el Mundial de Fútbol del 2014, cuando se jugaban los partidos de Colombia la venta se triplicaba. Como los juegos se realizaban a medio día o en la tarde, la gente se preparaba para verlos en su casa con la familia o los amigos. En estos casos se vende de todo, desde cerveza hasta comida y muchas cosas más. En un solo día se vendían hasta cinco millones de pesos, cuando el promedio en época normal es uno o dos millones.

¿Cuál es el mejor día de la semana para las ventas?

Los sábados son los mejores días porque la gente está en la casa y demanda productos.

¿Hay gente que viene a hacer mercado a su tienda?

Sí señor. Como estamos cerca, prefieren no gastar tiempo yendo al supermercado o a las plazas. Es más, ni siquiera necesita venir, nos puede pedir un domicilio y le llevamos todos los productos que pida, al pie de la letra.

¿Cuál es el producto más barato que tiene en su negocio?

A mí siempre me ha llamado la atención un producto que vale $100, y que toda la vida lo he vendido al mismo precio: una curita. Y una caja de fósforos lleva muchos años a $200.

¿El negocio se afecta en época de invierno?

No. Al contrario, nos beneficia, porque la gente no sale a la calle y prefiere pedir domicilio.

¿Cómo les va a los muchachos que hacen domicilios?

Bien. Yo les pago un básico y ellos se cuadran con las propinas. Pero claro que hay gente que no les da ni una moneda de $200. Yo no entiendo cómo una persona es capaz de negarle una monedita a una persona que le lleva sus cosas a la puerta de la casa. El 60% de la gente no les da a los muchachos ese incentivo.

Los tenderos se quejan de la inseguridad en el negocio ¿Cómo le va a usted en este tema?

Aquí no he tenido problemas. Lo único que me roban son las bicicletas de los domicilios porque las parqueamos en el andén. Fácilmente me han robado unas 300 bicicletas.

Édmer Tovar Martínez
Editor de Portafolio impreso.