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Conductor de TransMilenio cuenta cómo es un día por calles de Bogotá

Mario Cañón, un bogotano de 56 años, tiene silla asegurada cada vez que se sube a un bus de TransMilenio, pero su puesto pocos lo desean.

Mario Cañón, Conductor de TransMilenio.

Tendencias Por: Portafolio

El 20% de su vida lo ha dedicado a uno de los oficios más complejos de la capital del país: conductor de un bus articulado de la empresa Conexión Móvil, que le presta este servicio a TransMilenio, en Bogotá. En cada viaje moviliza más pasajeros que un piloto de avión.

A ese cargo no llegó por casualidad. Un vecino lo recomendó porque conocía sus habilidades para conducir, ya que desde pequeño se involucró en la conducción de vehículos de carga impulsado por su padre, de quien heredó su afición por este oficio.

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Cañón, uno de los 380 conductores de los 2.006 buses rojos que tiene el sistema TransMilenio, en Bogotá, le contó a Portafolio.co cómo es una jornada de trabajo recorriendo las calles de la ciudad.

¿Cómo es un día suyo manejando un bus de TranMilenio?

Lo primero que le puedo decir es que tenemos horarios rotados, es decir que no siempre laboramos a las mismas horas. Eso es muy bueno para evitar la rutina. A veces tenemos rutas por la mañana y en ocasiones por la tarde. A mí me gusta mi trabajo, y lo hago con pasión.

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¿Cuántas horas conduce al día?

Hacemos jornadas que van entre cuatro y siete horas. Excepcionalmente ocho horas al día.

¿A qué restricciones están sometidos en su vida personal?

Nos recomiendan dormir mínimo 6 o 7 horas diarias, no consumir licor, comer bien, tener una vida tranquila y estar siempre de buen humor.

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¿Cuántos conductores hay por bus?

En cada turno va uno solo, pero en la empresa para la que yo trabajo, Conexión Móvil, hay un promedio de cuatro conductores por vehículos, es decir, de a dos por turno.

¿Qué siente cuando va a empezar su jornada, se sienta en su silla y sabe que va a movilizar cientos de personas durante un recorrido?

Le pido a Dios que me ayude a concentrarme en lo que estoy haciendo para que nos proteja a todos. Y me dedico a hacer lo que sé hacer, que es conducir.

¿Qué le dicen los pasajeros?

Muchas cosas buenas y malas. Pero esa vida se la da uno mismo, y para eso nos preparan en la empresa. Si uno hace las cosas bien no va a tener inconvenientes con nadie. Hay muchas personas que le dan las gracias a uno por haberlo transportado.

¿Qué hace cuando se da cuenta que entre los pasajeros está sucediendo algo anormal, como un robo o una agresión?

Eso sucede todos los días, pero uno no puede hacer nada. Si hay policía les informamos para que ellos actúen. Si pasa algo con la integridad de nosotros o del bus informamos inmediatamente a la empresa. Nosotros tenemos que reportar todo lo que suceda en el recorrido.
¿Disponen de botones de alerta?

Sí señor. Contamos con dos botones, uno sencillo que sirve incluso para pedir permiso para ir al baño, y otro para llamar a la empresa.

¿Qué hace usted cuando hay bloqueo de vías por parte de grupos de personas?

Tenemos que informar y esperar que ellos nos den instrucciones sobre qué hacer. Nosotros no podemos hacer nada distinto a parar y esperar que nos digan cómo proceder. Eso sucede incluso en caso de que haya un bus varado.

¿Le ha tocado vivir una situación en la que los manifestantes atacan el bus?

Afortunadamente no. Nos han roto vidrios, pero no exactamente en manifestaciones sino en la calle. Pero sí tuve una situación de emergencia una vez, por fuera del servicio. Iba llegando a la casa de mis padres al barrio El Rubí, en el sur de Bogotá, y una bala perdida se me incrustó en la cabeza. Duré seis meses incapacitado.

¿En sus 11 años como conductor de TransMilenio le han tirado piedra a su bus?

No, afortunadamente. Solo una vez, un habitante de calle rompió un vidrio con un palo, sin mediar palabra.

Mario Cañón, Conductor de TransMilenio.

Cortesía Conexión Móvil


¿Usted monta en TransMilenio?

Sí claro. Cuando no estoy trabajando ese es mi medio de transporte.

¿Y cuál es su opinión?

El servicio es muy bueno, aunque los buses van muy llenos. Sin embargo, hace falta cultura ciudadana. Uno debe buscar un espacio donde pueda ir un poco más cómodo. No es posible pararse en la puerta porque obstruye la entrada y la salida.

¿Cree que los pasajeros tienen responsabilidad en algunos de los problemas de TransMilenio?

Sí. El mal comportamiento de la gente es un problema. Muchos se aglomeran en las puertas, las despresurizan y eso impide que estas se puedan cerrar o abrir y, por tanto, causan demoras que afectan a los demás. Eso hace ver mal el sistema.

¿Como conductor, usted cree que hay alguna solución frente al hacinamiento que se registra en los buses y algunas estaciones?

Siempre se ha dicho eso. Pero se requiere de un mejor comportamiento de los pasajeros. La cultura ciudadana es clave. No es posible poner más carros porque se congestiona la vía destinada para el sistema.

¿Los pasajeros respetan los puestos azules asignados para personas en condiciones especiales?

No, eso no se cumple. Ese es uno de los problemas de la falta de cultura ciudadana. Pareciera que los bogotanos sufrieran de sueño. Cuando la gente les dice que cedan el puesto dicen que ellos también están enfermos y que no pueden ir de pie. Nunca ceden un asiento.

¿Cuál cree que es el principal problema del sistema en este momento?

Los colados. Ahí hay gente de toda calaña. Muchos de ellos son los que forman problema adentro.

¿Usted como conductor no puede hacer nada con los colados?

Uno los ve por el espejo, pero no se puede hacer nada. A veces se le dice a la policía, pero nada más. Lo único que sí me ha tocado hacer es parar y pedirle a la policía que bajen a un habitante de calle que se coló. Toca hacerlo porque esas personas, desafortunadamente, además de colados, incomodan a los demás pasajeros.

¿Ha aumentado la presencia de vendedores ambulantes en los buses?

Sí. Y lo peor es que no se puede hacer nada. Ellos se suben, generalmente colados, se hacen adelante, empiezan a gritar y ni siquiera dejan escuchar el radio. Ahí hay cantantes vendedores, mimos, gente que pide plata, y ahora se está llenando de venezolanos que piden ayuda.

¿Quiénes montan en TransMilenio?

Personas de todas las clases. Ahí se mezclan desde ejecutivos, empleados de oficinas, operarios, turistas, mensajeros, obreros, amas de casa, jóvenes, niños, adultos y personas de edad avanzada. Pero dependiendo el lugar, uno nota la diferencia en el nivel de los pasajeros. Hay zonas de Bogotá que son pesadas y hay mayor riesgo.

¿Cuál es la ruta más larga?

Yo pienso que es la que va entre el norte de Bogotá y Usme. (TransMilenio afirma que la ruta más larga es Suba-Américas).

¿Cuál es la ruta más complicada?

La de Américas. El ambiente es muy pesado. La gente es maleducada, no respetan, protestan permanentemente y hay demasiados colados.

¿Cuál es la estación que más se congestiona?

Las de la Avenida Jiménez y Ricaurte.

¿Qué tal es cubrir las últimas rutas de la noche, es decir, las que cierran la jornada?

Complicadas, tremendas. A esa hora hay mucho amigo de lo ajeno y en muchas estaciones ya ni siquiera hay policías.

¿La gente les pide a ustedes los conductores información u orientación?

Sí lo hacen, pero no les podemos ayudar porque debemos mantener concentrados en nuestro oficio. El bus tiene letreros que dice “favor no hablar con el conductor”.

Edmer Tovar Martínez
Editor Portafolio