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Tendencias

Las imprudencias de ciclistas que ponen en riesgo a los peatones

Un recorrido por las ciclorrutas de las calles 63 y 60 en Bogotá evidenció las conductas de los deportistas.

Ciclorruta

La Secretaría de Movilidad, el Instituto de Recreación y Deporte (IDRD) y la Policía analizan la situación para definir si se modifica el uso de este espacio, que hoy es solo recreativo.

Archivo portafolio.co

POR:
Portafolio
julio 03 de 2018 - 04:16 p.m.
2018-07-03

A lo lejos se escuchan gritos: “¡permiso! ¡permiso!”, y luego pasan a toda velocidad unos ciclistas aficionados por la ciclorruta que rodea la biblioteca Virgilio Barco.

Una pareja que va con un bebé y un anciano no pueden pasar rápido, y se acerca un grupo de diez ciclistas que, en vez de frenar, aceleran y hacen sonar pitos, paralizando a la familia; por si eso fuera poco, les gritan: “¡Por eso es que los matan! ¡Dejen de estorbar!”.

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El panorama en las horas de la mañana es más peligroso para los peatones. Que lo diga Dubán Rojas, trabajador del área de aseo de la biblioteca que fue atropellado por un grupo de pedalistas cuando entraba por el parqueadero: “Yo venía bien por mi carril, giré para entrar, y un grupo de ciclistas me chocaron. Venían tan rápido que volé dos metros; enseguida, la Policía acordonó el punto donde caí, y empezaron a reclamar que por qué no me quitaban y que estaba interrumpiendo el entrenamiento.

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Mis compañeros de trabajo les dijeron que no podían moverme hasta que llegara la ambulancia; tenía mucha sangre porque me rompieron una ceja, y con el golpe se me hinchó la mitad de la cara y el cuello, ni siquiera podía hablar”, relata Dubán.

Lilia Mosquera, jefa de esta víctima de atropello, cuenta: “El policía intentó conciliar pidiéndoles que tuvieran paciencia, y uno de ellos le pegó; camuflaron al responsable de atropellar a Dubán y se volaron”.

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Los ciclistas deportivos se han apoderado del sector. No obstante los letreros de advertencia que indican que esta ciclorruta es un espacio recreativo y no competitivo y se puede transitar en ambos sentidos, ellos hacen lo contrario: se movilizan en un solo sentido, y ¡ay de quien vaya por el otro lado! Desde insultos hasta golpes se lleva, como se constató en un recorrido.

“Aquí no respetan ni a los niños, el domingo atropellaron a una señora que iba con una pequeñita de 5 años. Venían ciclistas a toda mecha, ella alcanzó a empujar a la niña, cayó afuera de la ciclorruta, pero a la señora sí la vimos arrastrada por una cicla. Llegó la ambulancia, y el paramédico dijo que tenía fractura de clavícula; la pobre niñita lloraba y consentía a su mamá”, denuncia el vigilante de la biblioteca.

Los perjudicados no son solo los peatones ni los biciusuarios prudentes, también los carros que van saliendo de la biblioteca. “A más de uno le han golpeado las puertas”, cuenta Lilia. Prácticamente se tiene prohibido movilizarse por el sector, a menos que se acojan a las reglas que han impuesto los ciclistas recreativos.

Por su parte, algunos vendedores ambulantes defienden las acciones de los pedalistas, porque todos los días pasan por ahí a comprarles jugos o comida. “La gente se atraviesa justo cuando ellos vienen más rápido”, relata uno de ellos.

La ciclorruta tenía reductores de velocidad, pero hoy quedan los huecos porque fueron arrancados. Algunos no quieren bajarle a la velocidad en estos espacios, cuyo límite es 25 kilómetros por hora.

“En una ocasión venía caminando un perrito por la calle, a un grupo de ciclistas no les importó, le pasaron por encima, el pobre chilló hasta que falleció. No pude contener las lágrimas; traté de ayudarlo, pero ya no había nada que hacer, le brotaba sangre de la nariz”, recuerda Ligia Martínez, residente del sector.

“Esto se les salió de las manos a las autoridades. No respetan ni a los policías; ojalá cuando tomen cartas en el asunto no sea porque hubo una víctima fatal, Dios guarde a los niños que frecuentan la biblioteca”, concluye Antonio López, ciudadano de 60 años que ha sido testigo de los accidentes y los insultos que a diario hacen parte del ambiente.

Al intentar entrevistar a los ciclistas señalados, estos se negaron y agredieron (empujón) a la periodista.

RESTRICCIONES EN BICICARRILES

Las ciclorrutas de las calles 63 y 60 fueron construidas por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) en el año 2001 y cuentan con 1,48 kilómetros que rodean la biblioteca Virgilio Barco.

Ante las quejas de los ciudadanos por las frecuentes imprudencias de biciusuarios y ciclistas deportivos-aficionados, la Secretaría de Movilidad, el Instituto de Recreación y Deporte (IDRD), la Policía y otras entidades analizan la situación para definir si se modifica el uso de este espacio, que hoy es solo recreativo.

Lo anterior significa que en estos corredores no se permite el uso deportivo (ciclismo de ruta), y el límite máximo de velocidad es de 25 kilómetros por hora.

Ante la situación, el IDRD recordó que en la zona hay dos escenarios disponibles para los ciclistas deportivos, tanto aficionados como profesionales o de alto rendimiento (ver infografía de estas y otras pistas).

LUISA SÁNCHEZ
Especial para EL TIEMPO

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