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Este es mi oficio: Profesor universitario

Jaime Rendón le contó a portafolio.co, su vida y las anécdotas acumuladas durante 26 años como educador universitario.

Profesor universitario

Profesor universitario explica qué se siente dictar el ‘coco’ de las materias de economía.

POR:
Portafolio
mayo 07 de 2018 - 02:19 p.m.
2018-05-07

Aunque llegó a este oficio por casualidad, su preparación académica lo llevó a que su vida transcurriera entre estudiantes, clases, tableros, trabajos, investigación y notas. ‘El profe Jaime’, como le dicen sus alumnos, es economista de la Universidad de Antioquia, con maestría en la Universidad Pontificia Bolivariana, y doctor en economía ocupacional y desarrollo de la Universidad Complutense de Madrid.

(Lea: Un camionero cuenta cómo su vehículo es la empresa, el hotel y la herramienta de trabajo). 

¿Cómo empezó su oficio de profesor?

Cuando a mí me faltaba apenas un poco más de un semestre para terminar la carrera de economía, yo trabajaba con un profesor de la Universidad de Antioquia, en Medellín, y me dijo que como él tenía que salir a vacaciones, tenía que reemplazarlo para dictar un curso sobre desarrollo local a estudiantes de nutrición. Eso me lo dijo ocho días antes de iniciar las clases, lo cual me generó toda tipo de sentimientos encontrados, entre felicidad y nerviosismo.

Esa fue mi primera experiencia, hace 26 años (1992), y desde ahí me quedé en el oficio de profesor universitario.

¿Qué cosas curiosas recuerda de ese curso?

Recuerdo que la mayoría de los estudiantes eran mujeres mayores que yo, y la directora de la facultad de nutrición me presentó diciéndoles a los alumnos que la facultad de Economía les había enviado un profesor que todavía tenía el ‘ombligo enconado’. Terminado ese curso empecé a dictar clases más formales.

¿Qué se siente ser profesor?

Es una relación maravillosa, me encanta interactuar con los estudiantes, conocer sus problemas y debatir temas. Como uno ya no está estudiando, ellos se convierten en sus profesores, porque la realidad es que todos los días se aprende mucho de los jóvenes. Este es un oficio en el que se goza y a veces se padece. Nosotros nos dedicamos a hacer país, paz y una mejor sociedad.

(¿Cómo es un día de trabajo de un taxista?)

¿Usted se considera un profesor cuchilla? o ¿cómo cree que lo ven sus estudiantes?

Yo soy de los que creo que la letra con sangre no entra. La docencia es un cuento de educación, afecto y de una relación que se establece para hacer que los estudiantes se enamoren del conocimiento.

¿Qué opina de las notas o calificaciones?

El cuento de la nota es un ejercicio de poder que se aplica porque así lo establecen las reglas, pero yo me preocupo por tener una relación de respeto con los estudiantes que nos permita hacer evaluaciones distintas a las de un examen de memoria. Me gustan más las evaluaciones rápidas. No creo en los exámenes de tres o cuatro horas. Prefiero la evaluación mediante un ejercicio que nos lleve al análisis, la crítica y a una reflexión profunda sobre lo que se lee o se discute en clase.

¿Qué opina de la ‘copialina’?

Ese sí que es un tema duro. Eso se da cuando uno hace un examen en el aula. Los estudiantes caen en la angustia de perder la evaluación y empiezan a copiarse. Obviamente hay que quitarles el examen o llamarles la atención. He visto de todo: jóvenes que se prestan la hoja con las preguntas resueltas, los que miran el puesto del vecino y hasta quienes prácticamente entregan una fotocopia de su compañero. Eso sucede especialmente cuando son los trabajos.

¿Y la ‘copialina’ moderna, la de internet?

Esto es peor de complejo y enredado. La gente baja trabajos completos y se los entrega a uno casi sin cambiarle una sola coma.

(‘Un cliente me tuvo más de una hora en el teléfono’). 

¿Y cómo reacciona usted en esos casos?

Primero hay que hablar con los estudiantes, hacerles caer en cuenta de que se está haciendo trampa él mismo. Además, hay que hablarles del tema ético y de la responsabilidad en el aprendizaje. De todas maneras, cuando esto sucede, el caso se traslada a la investigación disciplinaria, para que se apliquen las normas señaladas en el reglamento de la Universidad.

Hoy en día, ¿los padres de los estudiantes universitarios les hacen seguimiento a sus hijos?

Hay de todo. Pero es común que los padres mantengan contacto permanente con uno como profesor. Pero ahora existe la protección de datos personales, entonces ya no se les puede dar las notas a los padres porque sus hijos ya son mayores de edad. Eso se ha vuelto un problema.

Han sucedido casos en los que un estudiante no va a la universidad, pero sale todos los días de la casa, y se dedica a actividades por fuera del establecimiento educativo. Sin embargo, no se les puede decir nada a los padres porque la reserva de la información protege a los jóvenes.

Me tocó un caso en el que un estudiante había sido expulsado de la universidad dos años atrás, y el papá seguía dándole para la matrícula cada semestre. Llegó a preguntarme y yo no le podía decir nada, pero se enteró por otras fuentes. Terminamos llorando juntos por esta situación.

¿Le han tocado casos en los que un estudiante le diga que se retira porque no tiene con qué pagar el semestre?

Sí, eso es más normal y frecuente de lo que uno se imagina. Pero la universidad de La Salle, en Bogotá, donde ahora dicto clases, tiene una vicerrectoría de promoción y desarrollo humano que se encarga de atender este tipo de casos, generando ayudas para que puedan mantenerse en la Universidad.

¿Cuántas materias ha dictado?

Muchas, más de 10 materias y diferentes temas especializados, en pregrado, posgrado, maestría y doctorado. Me he dedicado a clases sobre desarrollo y macroeconomía. Como cursé un doctorado, ahora enseño asuntos que tienen que ver con política económica nacional y la economía mundial. También dirijo investigaciones.

¿Cuál es la materia más difícil para sus estudiantes?

El ‘coco’ es la microeconomía y todo lo que tenga que ver con matemáticas, econometría y estadística. No obstante, hay teoría económica difícil, porque los estudiantes vienen mal preparados desde el bachillerato en análisis y comprensión de lectura.

(Alejandro González, un piloto que pide la ventana).

¿Empezó con tiza y ya está en la era del tablero electrónico?

Ese cuento de la tiza era la cosa más aterradora del mundo. Llegaba uno a la casa con la cabeza blanca a pesar de tener apenas 25 años. Ahora la tengo blanca pero es de canas. Hoy contamos con una cantidad de dispositivos electrónicos, que empiezan por el computador para proyectar trabajos. Los estudiantes llevan computador, tablet y celular.

¿Cómo asumió ese cambio tecnológico?

Yo lo asumí muy bien, porque tengo dos hijos de la era del chip y yo lo he entendido muy fácil. Yo sí creo que las herramientas tecnológicas son muy importantes, siempre y cuando sean utilizadas para lo que es, y en el momento en que es, y no para distraerse chateando con la novia o el novio.

Es un acuerdo al que se llega con los estudiantes y mi experiencia ha sido positiva. Es más, yo les pregunto para que consulten en el celular en clase.

¿Lo ha sorprendido un estudiante por sus elevados conocimientos?

Claro que sí. Muchas veces. En el área de economía hay estudiantes que no solamente saben de matemáticas y número sino que viven muy bien informados sobre lo que pasa en el país y en el mundo, porque leen la información económica de los periódicos, y eso les facilita el análisis de los distintos fenómenos. Asumen la carrera en serio.

¿Qué puede decir de la evolución de los estudiantes entre el primer semestre y el último, en su comportamiento?

Eso es un proceso. Llegan a la universidad a una edad en la que aún no les ha pasado la rebeldía de la adolescencia. Las universidades no tienen un gran lío con eso. Ellos mismos se van transformando en la medida en que van madurando. Cuando ya están a punto de graduarse cambian su vestimenta y su forma de ser porque empiezan a tocar puertas para conseguir empleo.

¿Conoce personas que lleven muchos años estudiando y no quieran enfrentarse al mundo laboral?

Sí. Hay personas que cursan 15 o 20 semestres, incluso de una misma carrera. La repiten una o dos veces. En esos casos hay que investigar qué los hacer permanecer en la universidad. Pero eso se da más en las instituciones públicas y no en las privadas, donde el semestre es más costoso. Además, ya no es tan frecuente.

¿Le ha dolido 'rajar' a un estudiante?

Sí. Hace poco tuve la experiencia de un joven que, además, era de otra ciudad. No rindió, estaba más metido en la rumba y otro tipo de actividades y se quedó en la materia. Sin embargo, dos o tres semestres más adelante retomó la carrera y se graduó.

¿Cuál es la mayor satisfacción del oficio de ser maestro?

Indudablemente, el éxito de los estudiantes. Cuando son reconocidos por su desempeño laboral, su ética y entrega al trabajo. Es que ellos son como hijos para uno.

¿Usted que le cambiaría a la educación en Colombia?

Mejorar las condiciones estructurales tanto en lo urbano como en lo rural. En la educación superior debemos trabajar más en investigación asignando más recursos desde el Estado y el sector privado.

Édmer Tovar Martínez
Editor de Portafolio impreso

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