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Tendencias

Un vigilante cuenta qué hay más allá de la portería

Argemiro no duda en afirmar que el radio y la ruana nunca pasarán de moda como los fieles compañeros de la noche de un celador.

Vigilancia privada

La verdad es que nosotros siempre estamos cumpliendo órdenes de nuestros superiores.

Archivo CEET

POR:
Portafolio
mayo 28 de 2018 - 02:50 p.m.
2018-05-28

Desde su ingreso al batallón Juanambú, en Florencia (Caquetá), hace 25 años, como soldado regular, Argemiro* estaba seguro de que pagar servicio militar le tenía que servir para algo más que obtener su libreta. Y aunque en sus planes no figuraba la opción de vivir con un arma a la cintura o al hombro, luego de dos años de haberse retirado del Ejército, encontró el oficio de su vida: vigilante.

Son muchas las experiencias que ha vivido en los 21 años que lleva empleado en esta actividad, de la cual está muy agradecido porque le ha servido para sostener a su familia y darles estudio a sus tres hijos.

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¿El oficio de vigilante es peligroso?

Eso es lo que dicen las aseguradoras. El oficio está catalogado como de alto riesgo, pero la verdad es que mueren más personas de otras actividades que no son consideradas riesgosas. La seguridad depende del sitio donde uno esté ubicado. En Bogotá he rotado por muchos sectores cuidando empresas, urbanizaciones, edificios, o entidades públicas. Estos sitios presentan diferentes niveles de peligrosidad.

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¿Por ejemplo?

Hay sectores de la ciudad más peligrosos que otros, no porque los ciudadanos comunes y corrientes sean peligrosos, sino porque por allí deambulan personas que buscan hacerles daño a los demás. Una vez me tocó hacer vigilancia en una urbanización en Engativá, y había muchos problemas generados por las barras bravas de los equipos de fútbol. Se citaban en un sitio y se agarraban a golpes, garrote, puñaladas, e incluso a bala.

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¿Qué es más fácil, ser vigilante en un conjunto residencial o en una empresa?

Depende del sitio y del tipo de empresa. A mí me tocó hacer vigilancia en un banco, y allí aumenta el peligro, porque la gente entra al lugar a llevar dinero o a retirar. Y eso atrae a los delincuentes. Aunque nunca me pasó nada, sí conozco casos de colegas que trabajan en celaduría, que han vivido situaciones delicadas, incluso, uno de ellos falleció en un atraco a un banco.

¿Cómo es ser vigilante en un conjunto residencial?

También depende del sector de la ciudad. En cada caso se viven momentos buenos y malos. El tema es que nosotros siempre estamos tratando con personas de distinto genio y estilo. Puede que haya un lugar con poco riesgo para la vida de uno, pero siempre hay un residente que se porta muy mal con nosotros.

¿Qué cosas o comportamientos de la gente son los que más ofenden a un vigilante?

A veces recibimos humillaciones, no contestan el saludo, el tono en que nos hablan no es el mejor, o quieren que hagamos cosas que no estamos obligados a hacer. Lo peor es que a uno le toca soportar todo, porque la empresa de vigilancia siempre se pone del lado del usuario.

¿Le ha tocado aplicar el minuto de poder?

Sí. Eso lo hemos hecho casi todos. Si alguien llega con groserías o malos modales a la portería y no cumple con los requisitos básicos de seguridad, estamos autorizados para impedirle el paso. En ese caso uno renuncia a cualquier opción de ser flexible.

¿Cuándo se puede ser flexible?

Cuando la persona, además de ser cordial, expone razones claras sobre algo que no haya podido cumplir y necesita que lo dejemos entrar o salir.

¿Qué es lo más difícil de este oficio?

Lo más difícil es tener que trabajar en las fechas especiales para la familia, como Navidad, año nuevo, Semana Santa, el Día de la Madre y del Padre y en los cumpleaños de uno o de las personas más cercanas.

¿Cuáles son los casos más comunes en los que ustedes tienen que poner cuidado en la portería?

En la mayoría de los sitios se exige que no les permitamos a los usuarios ingresar armas a edificios de oficinas, y por eso toca requisarlos, o pasar sus objetos por un detector, otros tienen prohibidas las mascotas, incluso algunos no dejan ingresar menores de edad para evitar riesgos de accidentalidad. Hay sitios donde las reglas son muy rigurosas y la gente siempre cree que eso es culpa de nosotros los vigilantes. La verdad es que nosotros siempre estamos cumpliendo órdenes de nuestros superiores.

¿Y cuál es el problema más frecuente con los empleados de las empresas donde ustedes desempeñan su oficio?


El problema más común es que los empleados no lleven el carné. Ese es un requisito básico para ingresar al trabajo, incluso, lo deben utilizar para abrir las puertas internas. Hay empresas que no permiten el ingreso de un empleado sin este documento, entonces algunos empleados, especialmente en el sector público, no lo llevaban y se devuelven para la casa. El problema es que siempre nos echan la culpa a nosotros.

Se dice que los vigilantes son los mayores conocedores de las empresas y los residentes de un conjunto. ¿Eso es cierto?

La verdad es que todo el mundo tiene que pasar por la portería y por eso uno conoce muchas cosas de las personas, tales como a qué horas llegan y salen de la casa o del trabajo, y con quién lo hacen. Pero esa es información básica sobre la que estamos obligados a mantener en reserva, excepto en caso de una investigación judicial.

¿También se enteran de los comportamientos personales de la gente?

Sí. En los conjuntos residenciales hay personas que les gusta irse para la portería a hablar con uno y comienza a chismosear del marido, la esposa, de los hijos o los vecinos.

¿Qué cosas curiosas les cuentan?

Hablan de las peleas familiares, rumbas, borracheras romances en el barrio y hasta de problemas económicos.

¿Cuáles son los problemas más comunes entre los vecinos?

El problema más común se presenta con el ruido o las rumbas. Hay casos en los que la gente abusa con la frecuencia de las fiestas, pero también hay personas que no quieren que sus vecinos ni siquiera laven los trastos o prendan la lavadora. También hay problemas con las mascotas, especialmente los perros.

¿Conocen de romances?

Sí. Muchos. Pero los más comunes son entre muchachos del conjunto. Aprovechan que sus padres se van a trabajar y ellos se quedan solo en sus casas.

La verdad es que entre los vecinos no es común que haya romances. Tampoco es cierto el mito del lechero.

¿Tienen identificadas a las chismosas del barrio?

Siempre. Pero a veces no es que sean chismosas, sino que le gusta estar bien informadas.

¿Ha conocido a personas muy misteriosas de las que no se sabe nada?

Claro. Conocí un tipo que vivía solo y usaba su sobrenombre de ‘Yayo’. Nunca hablaba con nadie, ingresaba en su carro, no tenía a nadie que le ayudara con el aseo del apartamento, los vecinos no tenían información de él, y tampoco se sabía dónde trabajaba o qué hacía. Durante más de cinco años, no se le vio entrar con nadie a su residencia.

Estaba al día con la administración y los recibos llegaban a nombre de una mujer. Por eso no supimos su nombre. De día, siempre salía o entraba con gafas oscuras.

¿Ustedes también se enteran de quiénes están atrasados en el pago de la administración?

Sí, pero eso también me pasa a mí, en mi conjunto. Yo también estoy atrasado.

¿Se ha quedado dormido en un turno?

Muchas veces. Afortunadamente, la gente es comprensiva y cuando lo encuentran a uno en esa situación no le dicen nada y tampoco lo denuncian, aunque ha habido casos en que ponen la queja.

¿Es mejor el turno de día o el de la noche?

Cada uno tiene ventajas y desventajas

Si es en una urbanización, la noche es más tranquila porque todos están durmiendo, pero también hay peligro porque los delincuentes actúan precisamente en ese momento.

En el día hay más actividad y a uno no le da la modorra y el sueño que genera la tranquilidad de la noche.

¿Alguna vez ha hecho turno con un compañero para echarse un sueñito?


Claro que sí. Eso se hace pero toca despertarse cada rato para hacer la marcación, es decir, el control que nos impone la empresa. Pero dormir 20 minuticos o media hora reconforta.

¿El radio es su compañero de la noche?

Eso no puede faltar. Ahí escucha uno música y noticias. El radio y la ruana son nuestros fieles compañeros de la noche. Yo supongo que en tierra caliente la ruana es reemplazada por un ventilador.

¿Qué hace si ve unos tipos sospechosos en la calle, frente a la urbanización donde usted trabaja?

Si estoy convencido de que son delincuentes, llamo a la policía. De lo contrario me toca dejarlos que sigan porque no puedo hacer nada más.

¿Qué pasa en una noche en su trabajo?

Generalmente, nada especial. Me doy cuenta quién llega tarde y en qué condiciones. Vemos gente caminar, e incluso habitantes de la calle que buscan comida en la basura, la policía haciendo patrullaje y uno que otro despistado que parece no saber para dónde va.

En sus 21 años como vigilante, ¿alguna vez ha tenido que disparar con su arma de dotación?

No. Solo en los entrenamientos en polígono, pero sí he vivido momentos complejos, como el que le comenté de las barras bravas de los equipos de fútbol. Desenfundar el arma es la última opción.

¿Alguna vez, otro vigilante le ha impedido ingresar a algún lugar?


No ha pasado, porque yo sé cuáles son las reglas. Pero puede ocurrir, si no cumplo con ellas. La culpa no es del vigilante.

¿Cuál es el sitio de trabajo en donde los vigilantes tienen más movimiento?

En los hospitales, las EPS y los bancos. La gente siempre llega a preguntarle a uno por el sitio, la oficina o la ventanilla donde la pueden atender. En esos casos es necesario saber mucho de la empresa porque uno se vuelve como recepcionista. Igual sucede en algunos bancos.

*Su nombre fue cambiado a petición del entrevistado.

Édmer Tovar Martínez
Editor de Portafolio impreso.

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