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La humorista Alexandra Montoya cuenta qué le saca la ‘chispa’

Vivir del chiste es un trabajo serio. De hecho, los humoristas consideran que la capacidad de hacer reír a los demás es un don que les da la vida, pero que hay que cultivar, desarrollar y perfeccionar.

Alexandra Montoya

La humorista Alexandra Montoya habló de su oficio con Portafolio.co

Archivo particular

POR:
Portafolio
marzo 05 de 2018 - 03:53 p.m.
2018-03-05

La humorista Alexandra Montoya no duda en señalar que lo que a ella la hace feliz es ver reír a los demás. De hecho, vive de eso.

(Lea: Anécdotas y curiosidades de un rector de universidad)

Es comunicadora social, periodista y abogada, profesiones que le han servido para consolidar su formación como humorista.

(Lea: Diálogo con una azafata: un vuelo cargado de anécdotas)

Muchas cosas le sacan las dos ‘chispas’: la del humor y la del mal humor.

¿Cuál es su ‘show’?

Hacer reír a los demás. A mí me contratan para que haga ‘shows’ de imitaciones de voces en las empresas para celebraciones y ocasiones especiales como aniversarios, el día de la mujer, de la madre, del padre, las despedidas de año, etc. Dependiendo del auditorio, yo preparo los temas y los apuntes.

¿Es posible vivir del humor?

Claro que sí. Así suene chistoso, pero esto es en serio.

¿Qué le saca la otra ‘chispa’, la del mal humor?

La inequidad y la injusticia social. Pagar impuestos y saber que la ciudad sigue igual. Me afecta todo aquello que sea injusto y sin explicación. También me molesta mucho la cultura del avispado.

¿Su vida ha sido un chiste?

Mi vida ha sido una bendición y un privilegio. Poder trabajar en lo que a uno le gusta no es común en Colombia. Hay mucha gente que trabaja en lo que le toca y no en lo que quiere.

¿Cómo percibe si el auditorio está disfrutando de su presentación?

Para nosotros, la risa es el mejor aplauso. Lo primero que hay que tener en cuenta es que este es un oficio serio. Es indispensable saber a qué público nos vamos a dirigir. No es lo mismo hacer un ‘show’ para un grupo de médicos que para ‘millennials’. A los jóvenes yo no les puedo salir con la voz de Nohemí Sanín porque ellos seguramente no tienen ni idea quién es ella. Entonces tengo que buscar voces de los personajes de hoy, especialmente los que se relacionan con su rutina, como artistas y deportistas, etc.

¿Se le olvidan los chistes mientras los está contando?

Claro que sí, o me los tiro. Pero la clave está en la agilidad para hacer el remiendo sin que la gente lo vea como una falla. Para eso, la cancha y la imaginación son indispensables.

¿Aún le dan nervios al salir al escenario?

Siempre. Antes de estar al aire o en un escenario siento maripositas en el estómago. Pero esa es una manera de expresar respeto por la gente, esa es una advertencia de que hay que hacerlo bien por el público que está esperando cosas nuevas y graciosas.

¿Algunos personajes le han protestado porque los imita?

Al principio sí. Ahora son más diplomáticos o han entendido que es bueno burlarse de sí mismo.

¿Le gusta burlarse de usted misma?

Claro. Lo hago todos los días. Ese es uno de los grandes secretos de este oficio. El truco está en aprender a burlarse de uno mismo. Es una de las virtudes de los humoristas. Eso se hace principalmente en los ‘stand up comedy’.

¿Cómo identificar la línea entre lo chistoso y lo ofensivo a la hora de referirse a alguien o una comunidad en particular?

Es muy difícil. Hoy no se puede hablar de diferentes comunidades o grupos sociales porque lo toman como una burla o una estigmatización. A nosotros nos toca caminar muy finito en este tema.

¿Esas susceptibilidades han venido creciendo?

Los grupos minoritarios están sensibles a los estereotipos y a la estigmatización. Uno debe tener cuidado, pero tampoco caer en que no se puede decir nada. Creo que debemos mirarnos el ombligo y reconocer que hay falencias pendientes de corregir.

¿En un ‘show’ ha podido detectar en el público a alguien que ni siquiera se sonríe con sus apuntes?

Sí. Uno hace un escaneo visual en el auditorio, y efectivamente detecta al que no se ríe. Me pasó una vez que al final de un ‘show’, un señor que no se rió se me acercó y me felicitó. Yo le dije, pero si usted estuvo muy serio, ¿es que usted se ríe para adentro? Me dijo, sí señora, yo no expreso mi nivel de diversión, pero siento una gran satisfacción interior. Hay personas que procesan las cosas de manera diferente.

¿La gente le envía chistes?

Sí. Con mucha frecuencia. Pero con las redes sociales la gente ya prefiere publicar sus chistes ahí.

¿Cómo han impactado su oficio las redes sociales?

Positivamente. Son un complemento muy importante. Nosotros nos reímos de los chistes que vemos en las redes, y nos da pie para complementarlos y actualizar nuestro repertorio. Yo no tengo ningún reparo en decir que un chiste lo leí en Twitter o en Facebook.

¿Qué humorista la hace reír?

Yo me divierto mucho con personajes como Guillermo Díaz Salamanca, Jaime Garzón tenía un talento impresionante. Además, los Hermanos Marx eran muy agudos y sarcásticos. A ellos y a muchos más les tengo gran admiración.

¿Usted va a ‘shows’ de humor pagando la boleta?

La mayoría de veces nos invitan nuestros colegas. Pero voy ocasionalmente, y me divierto mucho.

¿Hacia dónde va el humor?

Yo creo que hay para todos los gustos y cada vez es más variado. Yo destaco mucho el aumento de la presencia de la mujer en el humor.

Alexandra Montoya

'Desde pequeña empecé a mostrar condiciones y capacidad para hacer reír a los demás. Yo creo que esto es un don y un talento que Dios me dio".

Tomada de Twitter: @alexandramonto

Hay un ‘boom’ de ‘stand up comedy’, y eso es positivo. Siempre hay personas buscando espacios donde se puedan reír un poco para contrarrestar el impacto de jornadas llenas de hechos violentos o trágicos.

¿Qué dice su hijo acerca de su oficio?

Él heredó todo mi sentido de humor. Es un payasito de seis años. Tiene el talento y la chispita del humor.

¿Cómo llegó al oficio de humorista?

Desde pequeña empecé a mostrar condiciones y capacidad para hacer reír a los demás. Yo creo que esto es un don y un talento que Dios me dio. Desde pequeña me doy cuenta de que puedo imitar acentos.

Yo creo que también tuvo mucho que ver una carencia personal o familiar. En mi casa tuvimos grandes dificultades económicas, mis papás se separaron y yo empiezo a descubrir el humor con la ausencia de mi papá. Eso me llevó a aprovechar mi virtud de hacer reír a los demás, para compensar la falta de él. Empecé a darme cuenta de que la gente se reía de verdad, y no por decencia.

¿A partir de cuándo esa capacidad de hacer reír a los demás se le convirtió en un oficio?

No lo sé exactamente, pero yo creo que ese don o talento se convierte en oficio desde el momento en que a uno le pagan por ello. Inicialmente lo tomé como un hobby. Empecé a ver que la gente se divertía, entonces comencé a prepararme, a actualizarme en noticias, personajes, y en imitar diversos acentos de personajes nacionales y extranjeros. Entre más acentos tuviera más divertido podría ser. Hoy puedo decir que he imitado unas 50 voces.

¿Y qué hizo para que empezaran a pagarle por hacer reír?

En la emisora de William Vinasco estaban necesitando una mujer locutora. Aunque yo no sabía de locución, pero sí era comunicadora social periodista, me presenté y ellos empezaron a ver mi capacidad para imitar voces. Les pareció divertido y me contrataron. Después vino el contacto con Guillermo Díaz Salamanca y Hernán Peláez e ingresé a la Luciérnaga.

¿La idea es seguir viviendo del humor o de sus carreras de comunicadora social y abogada?

Yo seguiré viviendo del humor. Amo mi carrera de comunicadora social periodista, no me arrepiento de ella porque eso fue lo que me llevó a la radio y a lo que soy. Además, combinado con la carrera de derecho se forma un dúo maravilloso con el periodismo, justo para el programa de la Luciérnaga.

¿Qué diferencia hay entre el humorista que imita voces y el que se dedica a contar chistes?

El que cuenta chistes debe tener una memoria y capacidad de retentiva muy importante para que no se le olviden.

Yo inicialmente contaba chistes, pero la imitación me fue llevando a este tipo de humor que demanda una gran preparación en materia de actualidad e información sobre la vida nacional. En este caso, la clave está en la chispa y el repentismo. Esto no se prepara sino que está en la capacidad de la persona para relacionar cosas y hechos de manera divertida. El humor es una actividad pedagógica.

¿Hay días que amanece con más chispa que otros?

Claro que sí. Hay días que uno está ‘chispudo’ y otros no. Es igual que el payaso que le toca pintarse la cara y divertir a la gente sin exteriorizar sus problemas personales.

¿Le ha pasado eso?

Sí. Muchas veces me ha tocado ir a un ‘show’ en medio de situaciones personales difíciles. Por ejemplo, cuando falleció mi mamá. Antes de eso ella estaba muy enferma y yo tenía que hacer un programa de humor en Citytv y también asistía todos los días a la Luciérnaga. Yo trataba de que la gente no percibiera mi situación personal. Para mí también era un bálsamo ante el momento. Pero cuando salía de esos programas me iba llorando para la clínica a estar pendiente de ella.


Édmer Tovar Martínez
Editor Portafolio

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