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Legado arquitectónico con el sello de Alberto Manrique

Patrimonio de Bogotá sale del olvido con un libro que destaca la obra de este ingeniero.

Boceto del Capitolio Nacional, en el centro histórico de la capital.

Boceto del Capitolio Nacional, en el centro histórico de la capital.

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Portafolio
abril 27 de 2018 - 08:35 p.m.
2018-04-27

La sede de la Policía Nacional, el desaparecido Hotel Granada, el edificio Cubillos –considerado el primer rascacielos de Bogotá con sus ocho pisos–, el Teatro San Jorge o el remate final del Capitolio Nacional, son algunas de las construcciones representativas de la historia de Bogotá.

Lo interesante es que hoy vuelven a cobrar protagonismo, gracias al libro que le rinde homenaje a su creador, el ingeniero Alberto Manrique Martín (1891-1968).

La buena noticia es que este legado, que se fue perdiendo por cuenta del modernismo y la renovación que tuvo Bogotá a partir de 1950, empieza a rescatarse con esta publicación y otras que a futuro recopilarán muchas obras emblemáticas que habían quedado en el olvido.

El coautor Leopoldo Prieto, estudiante del Doctorado en Arte y Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) destaca que “construir tres edificios durante un mismo periodo (1930-1940) sobre la Avenida Jiménez –que para entonces era la vía más importante de la capital y con el metro cuadrado más caro– da cuenta de la relevancia del trabajo de Manrique”.

A pesar de estos hechos tan significativos, durante el periodo siguiente se consideró, de manera equivocada, que este estilo era un paso previo, o de simple transición, a lo que se identificaba como “una buena arquitectura”, lo que dejó de lado a otros profesionales que hoy se conocen, justamente, como “de transición”.

“La presencia de la arquitecta y crítica Silvia Arango en el libro también resulta muy importante, en la medida en que existe una postura autocrítica que implica una revisión, en la que se reconoce que esta arquitectura va más allá”, explica el profesor Luis Carlos Colón, otro de los autores.

De hecho, aunque todavía se discuten los aportes de la obra de Manrique, no cabe duda de que su valor histórico es muy representativo de diversos estilos y periodos, desde el clásico y neoclásico, hasta un tipo de arquitectura moderna y geometrizante que guarda algunas similitudes con el art déco.

Aunque en los años cuarenta Bogotá comenzó a crecer de forma azarosa, haciendo evidentes las dificultades típicas respecto a las desigualdades en el acceso a los servicios y el transporte, Manrique buscó mejorar este principio de caos en su calidad de ingeniero topógrafo, además de socio de algunos urbanizadores.

El profesor Colón también reconoce la importancia que jugó el ingeniero en el embellecimiento del espacio público, a partir de la siembra sistemática de árboles y la disposición de nuevos monumentos.

De autoría de Leopoldo Prieto, Silvia Arango, Jorge Ramírez, Luis Carlos Colón, Lena Imperio, Hugo Delgadillo y Fernando Carrasco, el libro Alberto Manrique Martín –presente en la Feria Internacional del Libro de Bogotá– es producto de una coedición entre el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, el grupo de investigación sobre temas de arte y arquitectura en Latinoamérica de la U.N. (Gistal) y la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA).

Al respecto, el presidente de la SCA, Flavio Romero, considera que “Manrique debe ser recordado por sus buenas ejecutorias, que hoy son ejemplo para las nuevas generaciones”.

INGENIERO CON ‘ADN' DE ARQUITECTO 

En los años treinta los arquitectos estudiaban primero cuatro años de ingeniería civil para luego cursar otros dos, como especialización, de tal manera que podían ser considerados miembros de una élite de intelectuales con poder de decisión.

Aunque Alberto Manrique es más ingeniero que arquitecto, jugó un papel destacado en la creación de la Sociedad Colombiana de Arquitectos. La profesión ya había sido reconocida como tal hacía más de un lustro en otros países de Latinoamérica.

Twitter: @GabrielFlorezG

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