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Finanzas

Andrea Orcel: ‘No soy una persona que cede fácilmente’

El banquero estrella habla sobre los salarios de los ejecutivos y su controvertida reputación.

Andrea Orcel era el jefe de la banca de inversiones de UBS.

Andrea Orcel era el jefe de la banca de inversiones de UBS.

AFP/Justin Tallis

POR:
Portafolio
mayo 10 de 2019 - 08:45 p.m.
2019-05-10

Si la historia de la vida de Andrea Orcel hubiera seguido el guión, no estaría aquí almorzando con el Financial Times (FT). Al menos no hoy. Estaría paseándose por el escenario durante la presentación de los planes estratégicos de Santander - lo cual se está llevando a cabo a pocos kilómetros de distancia - tras haberse embarcado en una oportunidad “única” como director ejecutivo de uno de los bancos más grandes de Europa.

En cambio, el ejecutivo de 55 años de edad fue rechazado por Santander y se encuentra desempleado por primera vez en más de tres décadas. El banco español rescindió su oferta de trabajo en enero, después de que aparentemente concluyó que no podía justificar el pago de un paquete de contratación que, según se dice, era de 50 millones de euros en un momento de renovada ira por los salarios en el sector bancario. Ahora, Orcel se prepara para una batalla legal contra esa entidad.

Nos reunimos en Lurra, un restaurante vasco en Londres. Dada la larga lucha de esa región por la independencia de España, me pregunto si su elección tiene algún significado. Orcel llega 15 minutos más tarde, acompañado por un cachorro husky de 18 meses llamado Flash.

“Lo siento”, dice con una amplia sonrisa de disculpa. “El paseador de perros me falló”. Entabla una conversación en español fluido con el camarero y pronto llegan un recipiente con agua y un hueso para Flash, que se acuesta a nuestros pies.

(Lea: Banco Santander se capitaliza para impulsar el crecimiento

Orcel está sonriente y relajado, totalmente diferente al hombre que conocí en febrero. En ese momento, tenía dificultades para aceptar su fracaso. Pero cuando le pido que cuente los días posteriores al drástico cambio de decisión de Santander, vuelve a su rostro un elemento de asombrada incredulidad.

“La primera reacción fue sorpresa, tristeza, una enorme desilusión; no sé si la palabra desilusión es realmente suficiente para describir la situación”, señala con acento italiano pese a vivir en Londres desde 1988.

Cuando Santander le dio la noticia a Orcel, él había renunciado como jefe de la banca de inversiones de UBS. Su hija de ocho años había pasado el examen de ingreso a su nueva escuela en Madrid; él y su esposa estaban a pocos días de hacer un gran pago inicial para una casa en España. Mentalmente, ya había comenzado el nuevo trabajo. “¿Qué cosas debo hacer? ¿Qué errores no debo cometer? ¿Con quién debo hablar?”

La fascinación del público con su rechazo tiene matices telenovelescos, principalmente porque Santander ha sido controlado por la misma familia durante más de 100 años. Ana Botín, la actual presidenta ejecutiva, tomó el mando cuando su padre, Emilio, murió en 2014, continuando una dinastía que comenzó cuando su bisabuelo se convirtió en presidente en 1909.

(Lea: Los hombres de los US$10 millones de Merrill Lynch

Si el nombramiento de Orcel representaba un alejamiento de la tradición, era sólo parcial. Aunque técnicamente era una persona ajena, había sido el principal asesor de Emilio Botín por dos décadas de mega acuerdos que transformaron al banco de una entidad crediticia española en una fuerza financiera global.

“Tuve una relación especial con Emilio. Me enseñó muchas cosas. Comprendió que, al confiar en mí, el nivel de presión que yo sentía para no decepcionarlo era enorme. Tuve suerte de no decepcionarlo nunca”.

Le pregunto qué pensaría Emilio de todo esto si todavía estuviera aquí hoy. “No me gusta especular”, dice. Nos traen nuestra comida. Mientras Orcel prueba un trozo de carne y comienza a masticar, dirige la conversación hacia los beneficios del descanso obligado en su carrera. Ha encontrado más tiempo para leer y pasa más tiempo con su hija, que nació alrededor de un año antes de asumir el extenuante trabajo de dirigir la banca de inversiones de UBS.

“La desventaja de estar tan motivado es que tomas algunas decisiones brutales de las que no eres consciente, con respecto a tu familia, tus amigos y otras partes de tu vida que olvidas priorizar”, señala. “Siempre pensé que era un buen padre porque todos los viernes la llevaba a la escuela y asistía a sus obras. Pero luego te das cuenta de que sí, estás ahí, pero tu cerebro está pensando en el trabajo. Y los niños sienten eso”.

Desde que dejó de ir al trabajo en UBS hace seis meses, ya le ha enseñado a su hija a montar bicicleta; era algo “pendiente”. Sugiero que su presencia en casa podría haber presionado su matrimonio después de tantos años de largas horas en la oficina. Escoge sus palabras cuidadosamente. “De cierta manera, pasamos de estar juntos sólo los fines de semana, a estar juntos la mayor parte del tiempo. En un momento difícil. Con muchas dudas. Pero creo que, si es posible, nuestra relación se ha fortalecido porque estamos enfrentando esta situación juntos”.

Orcel es el encanto personificado. Mantiene el contacto visual y, después de un poco de nerviosismo inicial, responde a mis preguntas con facilidad. Pero a mitad del almuerzo, confieso que algo me está molestando. Me sorprende la cantidad de personas en la industria que me han dicho, a menudo, cuán mal les cae Orcel. ¿Acaso hay otra faceta de su personalidad que sea exigente y difícil?

“No generalizaría lo que algunas personas con ciertos intereses dicen sobre mí; no digo más”, y cierta irritación reemplaza fugazmente su sonrisa. Pero yo no permito que diga sólo eso. ¿Seguramente debe haber una razón para los malos sentimientos tan fuertes entre sus antiguos colegas? “¿Soy perfecto? No, no soy perfecto”. Enumera una serie de supuestos defectos de personalidad que parecen rasgos positivos. “Soy intenso, amo mi trabajo, lo doy todo, soy apasionado”.

Una teoría es que exige la misma dedicación de personas que quizás no poseen su resistencia. “La vida se compone de decisiones, algunas personas le dedican 15 horas al día y otras le dedican ocho o nueve. Pero no creo que puedas tener personas que le dediquen tres horas, no en esta industria. Para mí, tomarse el trabajo a la ligera es aprovecharse de las otras personas que se esfuerzan. Ese tipo de comportamiento en un deporte de equipo es inaceptable”.

Orcel insiste en que no necesita hacer una introspección o cambiar su actitud. “Mi padre me dijo: ‘Cada mañana, cuando ves tu cara en el espejo mientras te estás afeitando, no te puedes esconder. ¿Puedes vivir con lo que ves? Eres tu mejor juez’. He hecho todo con eso en mente”.

La razón oficial para el rechazo de Orcel por parte de Santander fue que el banco no podía arriesgarse al oprobio que pudiera haber resultado de otorgarle un paquete de contratación tan grande. Se suponía que el pago reemplazaría la compensación diferida de UBS, la cual habría perdido al trabajar para un rival. Y era, según cualquier estándar, una enorme suma, señalo, antes de hacer una pregunta directa: ¿se les paga demasiado a los banqueros?

Me dice que se lo preguntan todo el tiempo. Por eso me sorprende que le cueste tanto trabajo encontrar una respuesta. Primero, sugiere que a los banqueros no se les paga tanto en comparación con las remuneraciones en Silicon Valley. Luego señala que trabajan “horas increíbles”. Finalmente, se decide por una explicación: “Supongo que hay un mercado que funciona bien y que el mercado compensa de esta forma”.

Orcel dice que ha trabajado muy duro para llegar a donde está. “Subí todos los escalones”. Orcel nació en Roma en 1963, hijo de un padre que dirigía una compañía financiera de arrendamiento y una madre que trabajaba para la ONU, y se educó en el Lycée français Chateaubriand y en la Universidad de Roma.

Su inusual escolarización -pasó del sistema francés altamente estructurado a una universidad italiana más relajada- fue el producto de un acuerdo alcanzado entre sus padres, quienes querían equilibrar la fe que tenían en la educación gálica con la insistencia de su padre en que debería tener una fuerte conexión con Italia. Al ingresar a la universidad para estudiar economía y comercio, descubrió que se le prestaba poca atención a la asistencia a las clases. Así que se fue de Roma y pasó nueve meses viajando de excursión por América del Sur, y regresó al campus poco antes de sus exámenes de primer año.

A diferencia de la mayoría de las personas en su profesión, él quiso ser banquero desde una edad temprana: su tesis universitaria fue sobre adquisiciones hostiles. Pero pasarían varios años después de la graduación antes de convertirse en asesor en Merrill Lynch, donde se estableció como una estrella.

Su carrera no ha sido intachable. Fue asesor en el desastroso acuerdo de 72.000 millones de euros en 2007 mediante el cual el banco holandés ABN Amro se dividió en tres y se le vendió al Banco Real de Escocia, a Fortis y a Santander. El desmoronamiento del acuerdo terminó alimentando la crisis financiera. Orcel ofrece una mea culpa.

El camarero retira nuestros platos. Pedimos expresos y hablamos sobre lo que Orcel podría hacer después. Enfrenta una decisión con la que muchos de nosotros sólo podemos soñar: puede retirarse y cobrar decenas de millones de euros de acciones de UBS en los próximos años o puede trabajar para un rival y dejar atrás el dinero. Insiste en que no permitirá que el pago diferido de UBS le impida aceptar un trabajo en servicios financieros si aparece el correcto.

Nos traen dos copas de un licor dulce español llamado Pacharán. Animado por el alcohol, menciono Santander una última vez. Pocos en el sector creen la explicación oficial de que el cambio de opinión de Botín fue por el dinero. Otras personas familiares con el proceso han sugerido que Botín, una cliente de Orcel, descubrió un lado diferente durante las negociaciones y se dio cuenta de que su personalidad energética no encajaría en la estructura consensual del banco. A Orcel tampoco le satisface ninguna de las explicaciones.

“Todos los términos, económicos y no económicos, eran muy conocidos. Y debido a la cercanía que tengo con esa organización, yo era una entidad muy conocida para todos. No es una situación en la que estás contratando a una persona y luego te das cuenta de que es diferente de lo que pensabas”.

Se muestra reacio a hablar sobre su batalla legal contra Santander, aunque me han dicho que se está preparando para llevarlo a juicio. Es una persona muy obsesiva. Sugiero que la batalla podría consumir su vida. Y eso es algo en lo que ha estado pensando. “No quiero ser rehén de esta terrible situación. Así que he puesto el asunto en manos de profesionales jurídicos”.

Insiste en que ha llegado a aceptar la situación, y varias veces usa la palabra árabe ‘maktub’, que se traduce aproximadamente como “algo destinado a suceder”. Pero sería erróneo interpretar la aparente aceptación de su destino como una señal de que abandonará su batalla contra Santander. “No se me conoce como alguien que ceda fácilmente, especialmente cuando creo que ceder no es lo correcto. No lo hago sólo para mí. Sólo imagina que esto le sucediera a alguien menos visible. No es justo”.

David Crow

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