1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada

Emprendimiento

Proyecto que ha convertido desempleados en emprendedores y empleadores

Las capacitaciones también incluyen “crecimiento espiritual y autoestima”.

A los jóvenes les ofrecen programas de capacitación en panadería, para prevenir adicciones.

El proyecto del Club Rotario que ha permitido “convertir desempleados en emprendedores y empleadores”.

POR:
Portafolio
agosto 11 de 2019 - 01:08 p.m.
2019-08-11

En Manantiales, una humilde barriada del municipio colombiano de Bello, donde el agua escasea y sus habitantes pintan las carreteras, las clases de cocina y panadería llevaron esperanza a familias que han padecido el olvido y la falta de oportunidades.

Lea: (¿Qué hacer y que no para que funcione un emprendimiento?)

María Seneida Sepúlveda, de 41 años, mira con optimismo el futuro mientras amasa arepas que, con buena técnica, elabora para darle forma a un negocio que pronto ahuyentará la pobreza, según sus cálculos. “Hay que buscar otros horizontes e ir más allá”, expresó a la emprendedora.

Lea: (De los palitos de queso a panzerottis, empanadas chilenas y hojuelas)

Ella, junto a un grupo de vecinas de la vereda Granizal, un asentamiento con al menos 20.000 habitantes, han desarrollado habilidades en la elaboración de alimentos gracias a un proyecto del Club Rotario y la Corporación Interactuar para capacitar a población vulnerable.

Lea: (Los colombianos que impulsan el emprendimiento en América Latina)

Desde 2012, los talleres han estado orientados a temas de emprendimiento en belleza y alimentos, específicamente en panadería, que brindan a los beneficiarios herramientas para iniciar un negocio y generar ingresos.

Un desfile de panes, galletas, tortas y arepas ha empezado en esta barriada tras culminar las clases con componentes social, productivo y financiero, que incorporaron entre los ingredientes “crecimiento espiritual y autoestima”. "Antes no creía en mí, pero me di cuenta que tengo habilidades en la cocina y para liderar", enunció María Seneida, quien dejó su natal Dabeiba con sus padres al ser desplazados por la violencia. Ahí empezaron a derrumbarse sus sueños cuando la pobreza los alcanzó, “los ánimos se fueron y estuve con la cabeza gacha”.

Junto a sus dos hijos y pareja, Rubén Betancur, que como cantante de música popular solventa algunas necesidades, llegaron hace cerca de diez años a la barriada donde se han resistido a 14 desalojos y se sienten “como perdidos, alejados”, pese a estar a pocos minutos de Medellín.

Según un informe la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) de 2013, la vereda Granizal es la zona más grande de población desplazada en el Valle de Aburrá, con viviendas construidas especialmente en madera, cartón y tejas metálicas, en una ladera donde no llega el agua potable.

La sonrisa de María Seneida parece inmune a las dificultades del sector, donde con ventas por catálogo y de morcilla ha sobrevivido entre sueños debilitados. Ahora, habla de gramos, madurez de la masa y temperatura cuando trabaja en su pequeña cocina, el lugar donde practica la técnica que adquirió para realizar arepas, churros y tortas, que le han servido para sumar ingresos.

Para el Día de la Madre, junto a sus compañeras, realizaron ocho tortas con un horno que ellas se ganaron como incentivo, mientras que María Seneida ha puesto a operar los utensilios y materia prima que recibió como estimulo por ser una alumna aplicada y visionaria. “Me di cuenta que yo también soy capaz de tener mi propio negocio”, comentó sobre el proyecto que inició, en el que se puso como pago un salario mínimo y ya piensa en un ayudante.

En ese lejano y olvidado lugar, donde ahora no parece tan difícil que su hijo pueda ingresar a un colegio militar o que su hija inicie estudios de enfermería, espera continuar con clases de pastillaje y decoración, para algún día tener su "propia repostería”.

El programa de formación, que ha tocado la vida de familias en Manantiales, también ha llegado a barrios deprimidos de Medellín, del corregimiento (pueblo) de Santa Elena y del municipio de Copacabana, además de transformar con conocimiento a beneficiarios en las veredas (aldeas) Guayabito y Santa Bárbara en Rionegro.

“Estamos cortando un ciclo de pobreza. Se corta el ciclo de padres-pobres, hijos-pobres, nietos-pobres”, dijo Luciano Vélez, miembro del Club Rotario y responsable del proyecto de fortalecimiento empresarial en alianza con Interactuar.

Del proyecto, que por ocho años ha capacitado a población de bajos recursos con talleres en corte y cepillado, arreglo de uñas, confección, maquillaje, cocina exprés, panadería y barbería, destacó que ha permitido “convertir desempleados en emprendedores y empleadores”.

Vélez detalló que de las 300 personas que han instruido y apoyado con incentivos en especie “casi un 70 % han puesto algún negocio y tiene empleados”, por ello concluye que están “poniendo un granito de arena para resolver los problemas de la sociedad”.

EFE

Compartir