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Carlos Gustavo Álvarez
columnista

¿Educar para qué?

Colombia, y el ministerio al que le compete la educación, viven ocupados en resolver coyunturas.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
enero 26 de 2018
2018-01-26 04:38 p.m.
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En esta época de padres desgañitados buscando los innumerables objetos de las listas escolares, es posible que alguien se pregunte si estamos educando para el pasado o para el presente, pero no para el futuro.

La pregunta, que no es ganas de poner pereque, tiene sentido por una simple lógica: que los alumnos viven realidades muy diferentes al mundo de sus conocimientos en el aula, a la forma en que se los enseñan y a las necesidades de un quehacer futuro, que es su mundo, y que no es definitivamente este.

Pero tenemos indicios. Pistas radicadas en la tecnología, en la manera cómo esta ha modificado la forma de relacionarse, en lo que se necesitará para sobrevivir en sociedades donde las nociones de trabajo y empleo cambiarán hasta hacerse irreconocibles… En fin, mundos y situaciones en las que, incluso, será completamente innecesario acudir todos los días a un colegio o una universidad.

¿Es necesario seguir educando como una forma de capturar y almacenar conocimiento, la mayor parte del cual resultará completamente inoficioso al cabo de pocos años? ¿Se requiere semejante derroche cuando una buena parte de la muchachada está asimilando datos por vías digitales, aclarando que no es necesariamente la educación lo que más les interesa?

Colombia, y el ministerio al que le compete la educación, viven ocupados en resolver coyunturas. Y estas se hallan casi siempre relacionadas con los recursos, su ubicación territorial, su manejo. Los grandes problemas no radican, por ejemplo, en el establecimiento de un modelo viable de educación para el futuro que garantice aprovechamiento social de talentos particulares, y que permita entender que toneladas de conocimientos relativos no te salvan de la más absoluta infelicidad.

Grandes esfuerzos, ingentes recursos y tiempo mucho tiempo se invierten en atender las peticiones de Fecode, manipular la pelota caliente del PAE y bascular otros asuntos administrativos, como el establecimiento de tarifas y el pesado fardo de la infraestructura escolar.

¿Educar para qué? ¿Educar en qué? ¿Tiene Colombia un modelo educativo para el futuro? ¿Vamos a seguir produciendo legiones de frustrados, ahora que ya y definitivamente, la educación dejó de ser un mecanismo de movilidad social?

Ese debate tiene que darse. Pero no de aquí a la eternidad. Al infinito y más allá. No será en este gobierno de agonía. Como las grandes reformas –laboral, pensional, de salud--, la educativa le quedará al próximo inquilino de la Casa de Nariño.

En todo caso, cuando eso se produzca, se sugiere considerar algunos asuntos. Otro tipo de educación, la referida a competencias emocionales y de control mental, por ejemplo:

La educación de la voluntad. El adiestramiento de la atención y de la concentración. El manejo de la inteligencia emocional. El aprendizaje de la resiliencia, pues obstáculos y errores, los fracasos que llaman, tienen que verse de otra forma diferente al tango. El desarrollo de competencias como el liderazgo, el trabajo en equipo (pregunten en las escuelas de fútbol lo difícil que resulta a los embriones de crack comprender el juego de conjunto), la comunicación, la empatía, el pensamiento crítico.

Algún día se abordará el tema cómo debe ser. Y así será el @país.

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