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Carlos Gustavo Álvarez
Columnista

La caída de Aída

Volvió a su apartamento, cabizbaja y le escuché decir “Aída Parker”.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
octubre 03 de 2019
2019-10-03 09:40 p.m.
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Abrí la puerta del apartamento y encontré a Patty Lu’, la cuasi preadolescente hija de mis vecinos.

–Señor Álvarez –dijo–. Como usted es periodista y los periodistas todo lo saben y se las saben todas, ¿me podría decir una cosa?

Hay momentos en que los perennials debemos ayudar a los millennials, de vez en cuando a los centennials y, en este caso, a una precoz decennial.

–Por supuesto, Patty Lu’. Lo que quieras.

–Señor Álvarez –me dijo, muy seria–: por favor responda, de la manera más breve y clara posible, ¿qué hacía ayer “El hombre araña” en Bogotá?

¿Y yo qué iba a saber qué hacia ayer “El hombre araña” en Bogotá?

–¿Lo viste, Patty Lu’?

–Pues, casi… –respondió la niña–. Estábamos con mi mamá en la puerta de un parqueadero en Usaquén. “¿Y?”, le pregunté.

–De las alturas cayó uno de sus hilos telarañosos… de color rojo…

–¿Y apareció “El hombre araña”?

–No, exactamente –respondió Patty Lu’–. Por el delgado hilo telarañoso rojo descendió una figura… un poco más gruesa que “El hombre araña…” Parecía una mujer… de blanco… y cayó al piso…

–Entonces no era “El hombre araña”, Patty Lu’. Primero, porque “El hombre araña” no se cae. Y segundo, porque “El hombre araña” no es una mujer…

–Por eso me gusta hablar con ustedes los periodistas, señor Álvarez. Porque son tan inteligentes…

Yo miraba a la niña.

–Se fue en moto –me dijo pasito–.

–¿Cómo?

–Sí, una moto de Rappi –dijo Patty Lu’.

–¿Adónde hemos llegado, Patty Lu’? ¿Te imaginas? “El hombre araña” es un superhéroe. ¿Por qué tiene que irse en una moto de Rappi?

–En el noticiero dijeron que algo así le había pasado a una señora. Creo que se llama Aída.

Hay momentos en que uno debe explicarles a los niños la asombrosa vida nacional.

–Verás, Patty Lu’. Se trata de una congresista que estaba presa.

–¿Ella sola? –Patty Lu’ estaba visiblemente afectada–. Habiendo tantos compañeros que podrían acompañarla… Pobrecita. Y en una cárcel. Terrible…

–Tienes razón. Nuestras prisiones son una infamia. En el Pabellón 8, por ejemplo, algunas mujeres presas tienen una celda con ventanal, una cama ancha con colchón, cocina, baño y les traen la comida del exterior. Y en el caso de Aída, podía salir a que le diseñaran la sonrisa…

–Pobrecita –dijo Patty Lu’–. ¿Hasta dónde hemos llegado, señor Álvarez?

–Estuvo tres horas en el diseño de sonrisa…

–Ay –dijo Patty Lu’–. Qué bonito. Le debió quedar como para reírse el resto de su vida. Lástima que esté en la cárcel…

–Se fugó. Fue la persona que viste caer de la cuerda roja.

Volvió a su apartamento, cabizbaja y le escuché decir “Aída Parker”.

Carlos Gustavo Álvarez G.
cgalvarezg@gmail.com

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