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Carlos Gustavo Álvarez
columnista

La muerte antes de morir

Somos más sanos que la población de todos los siglos precedentes.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
junio 27 de 2019
2019-06-27 10:08 p.m.
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Los privilegiados habitantes del siglo XXI hemos sido obsequiados con dos prebendas esquivas en la historia de la humanidad: larga vida y salud. La primera está referida a la disminución de la tasa de natalidad y al aumento en las expectativas de vida. Hay más posibilidades de ser fichados en las selecciones mundiales de octogenarios y nonagenarios. Simplemente porque desde el 2000 y hasta el 2050, la proporción de los habitantes del planeta mayores de 60 años se está duplicando. Dos mil millones en el transcurso de medio siglo.

Y está la presea de la salud. La cual hay que saber entender. Somos más sanos que la población de todos los siglos precedentes. Entre otras razones, porque ya no existen siquiera enfermedades que diezmaban a los pueblos como una guadaña todopoderosa. Pero como de eso tan bueno no dan tanto, la recurrencia a las acciones de curación y las atenciones médicas están disparadas, muchas de ellas a costos exorbitantes, que tienen en jaque a diferentes sistemas de salud, como el solidario de nuestro país.

Ahora bien, con más vida y, digamos, más opciones de salud o por lo menos de cuidado médico, ¿qué piensa mucha gente? Se lo repiten a uno todos los días. Que no quieren vivir mucho tiempo. Que no les interesa el techo de los 80 o 90 años. Que alguien, no se sabe quién, se puede quedar con esas primaveras añadidas, muchas gracias. Con una salvedad: si aparecen la enfermedad grave o el dolor lacerante, lo mejor sería la muerte. Inmediata. Instantánea.

Cuando aparece la muerte, el asunto se complica muchísimo. Quiero decir, la muerte como una decisión vital, personal, autónoma. Hay que escoger. Hasta aquí me trajo el río. Y es ahí cuando las personas que no quieren vivir mucho tiempo, y mucho menos vivir heridos por una enfermedad o un dolor inenarrable, entran en una bocatoma de la vida.

Una suerte de shock del futuro, pero del negro futuro –aquel que predice las guerras del agua, la extinción de las especies–, determina también el aumento de los suicidios. También entre aquellas personas que pueden llegar a su etapa de envejecimiento sin recursos, solitarios, sin seguridades sociales. Sin hablar de la enfermedad… Allí caben, además, quienes puedan perder las ganas de vivir. Que también pasa. Graves problemas de los ‘perennials’ se van a dar en países pobres.

Si todo está cambiando como está cambiando, y a la velocidad que está cambiando, es necesario repensar la noción la vida en el envejecimiento y de la muerte. Y hacerlo a partir de prácticas que cada día adquieren más fuerza, como el derecho a morir dignamente, la eutanasia –que es legal en Colombia y solo cinco lugares más del mundo (Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y el Estado de Victoria, en Australia)–, y el suicidio asistido, lícito en Suiza y permitido o no penalizado en Alemania, Albania y siete estados de los Estados Unidos.

Eso demandará que trajinemos la noción de la muerte con otra mirada. Incluso desde la misma niñez. Y que los sistemas de salud se preparen también para abocar, social y médicamente, la decisión de la muerte antes de morir.

Carlos Gustavo Álvarez G.
cgalvarezg@gmail.com

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