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Cecilia López Montaño
análisis

La gente buena, ¿y la otra?

No son suficientes las expresiones de apoyo al Presidente. Lo que él y todo el país necesita es sembrar las bases para un diálogo de reconciliación.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
junio 13 de 2019
2019-06-13 09:15 p.m.
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Hace unas semanas, 500 empresarios colombianos se reunieron en Bogotá para brindarle apoyo al presidente Duque. No es la primera vez que esto sucede, y cuando se da es precisamente porque el primer mandatario enfrenta dificultades en su tarea de dirigir los asuntos gubernamentales de este país. Es casi obvio que quienes manejan el sector privado, antes, ahora y siempre, tan dependientes de decisiones del Estado, acudan a respaldar al presidente debido a que los costos de una mala gobernabilidad inciden negativamente en sus negocios actuales y futuros. Hasta este punto nada raro.

Lo que sí llamó la atención fue, en particular, una expresión de uno de los empresarios que tuvieron el liderazgo en este evento. En sus palabras, recogidas en Blu Radio, el mencionado empresario, llamado Osvald Loevy, al dirigirse al presidente Duque le dijo: “Señor presidente, la gente buena de este país lo apoya”. Quienes escuchamos la entrevista con Néstor Morales, quedamos perplejos. Inmediatamente, llegamos a la conclusión obvia: así no lo dijera, las palabras del empresario significaban que el resto del país que no apoyaba al presidente –y que no estaba allí– era la gente mala.

Muy desafortunada esta expresión, pero lo verdaderamente grave es que demuestra la profunda división, por no llamarla polarización, de esta sociedad colombiana. Lo más curioso de este caso particular es que viene de sectores que niegan esta división tan dolorosa para Colombia y que está llegando a límites inadmisibles. Sobra decirlo, pero nadie tiene la autoridad ni el derecho a clasificar a quienes no comulgan con una posición a señalar al resto con semejante calificativo, aunque no fuera explícito. “Me tomaron fuera de contexto” es la excusa de siempre, pero aquí no había contexto que permitiera darle otro sentido a sus palabras.

Evidentemente, lejos de apoyar al presidente Duque para avanzar en esos consensos que no ha logrado sacar adelante, pero que sí son fundamentales para salir de este estancamiento en el debate actual del país, quienes le expresan de esta manera su apoyo están ahondando mucho más la división en la sociedad colombiana. Precisamente, por pertenecer a los sectores que en esta sociedad tan desigual tienen acceso al poder económico, político y social, son los llamados a incentivar los consensos, a ayudar a construir ese clima de concordia que no existe actualmente en Colombia. Pero si en vez de realizar esa tarea se ubican por encima del resto de la sociedad y descalifican al resto, lo que generan es un efecto búmeran que probablemente no han medido. Más desacuerdos, más molestias y más divisiones incrementan el alto nivel de inconformidad que se respira y que en última instancia afecta sus negocios. Los empresarios, mejor que nadie, saben perfectamente que las expectativas son la variable crítica para incentivar la inversión y para motivar la demanda interna que tanto contribuyen al crecimiento de la economía.

Es posible que en un momento de euforia no se hayan medido las consecuencias de esas desafortunadas palabras, pero la verdad demuestra nuevamente que en el subconsciente de importantes e influyentes sectores del país sí existe esa odiosa división entre buenos y malos. Lo más grave es que mientras estos sentimientos dominan las esferas que manejan el país, es imposible la reconciliación y el inicio del posconflicto. La guerra sigue en el alma de muchos y lo peor es que esas diferencias tan profundas solo generan más conflictos. Cuando se cree en una sola verdad, el diálogo es imposible, y Colombia, como ningún otro país, conoce quién paga finalmente los costos de estas posturas irreconciliables.

Más que quedarse en la crítica, lo necesario es demostrar cómo en la consciencia de muchos dirigentes sigue prevaleciendo la confrontación, la incapacidad de ver las virtudes de quienes no están en su misma orilla, la semilla de una guerra interminable que le hará daño a todos. No son suficientes las expresiones de apoyo al presidente; lo que él, su partido y todo el país necesita es sembrar las bases para un diálogo de reconciliación. Espacios para que se respeten las diferencias, para que se defiendan las instituciones, para que se acepte que en una democracia caben todos.

Mientras sectores del país se sientan dueños de la verdad, Colombia no tendrá futuro, ni un camino claro para que después del conflicto armado se construya ese país donde todos tengamos un espacio y donde se viva por fin en paz.

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